NO DESAPAREZCAS

4134 Words
Advertencia: Este capítulo contiene, contenido violento, lenguaje inapropiado, y agresión s****l, podría perturbar a algunos lectores, por favor preste atención. Mis padres siempre dijeron que fui un error, un desperdicio de comida y de su tiempo. Al cumplir los cuatro años, ellos me vendieron por dos monedas de cobre, es lo que valía para ellos. No era extraño para la sociedad de ese entonces ver a padres vender a sus hijos por algunas monedas o comida, la utilidad que teníamos los niños en ese entonces era ser instrumentos de entretenimiento para los adultos que pudieran pagar por las peleas, ser su bolsa de boxeo, o un juguete s****l para pedófilos. Cuando llegábamos a los dieciséis años, nos usaban para robar, éramos más agiles y rápidos podíamos engañar a los demás, pero no debíamos fallar si no queríamos volver a ser herramientas de entretenimiento para otros, apenas teníamos para comer, pero una vez que llegamos a los 20 años nos echaron a la calle, ya no servimos ni para ser herramientas ni para robar, éramos débiles sin comida y la mayoría moría por enfermedades. Al poco tiempo conocí un grupo de asesinos y ladrones en ese lugar, aprendí a matar por primera vez al menos tenía una plato de comida al día y me volvía más fuerte pero un error y nos costaría la vida, tenía un pequeño grupo éramos tres quienes nos apoyamos mutuamente para sobrevivir, los trate como si fueran mis hermanos, los cuidaba y ellos a mi o eso creí, había desaparecido dos monedas de cobre y las cabezas comenzaron a rodar a quienes considere mi familia alguna vez, me sacrifican como si no valiera nada, me culparon antes de que me diera cuenta, me apuñalaron y me dejaron pudriéndime en una fosa junto a otros cadáveres y enfermos, solo unas horas fueron suficiente para que mi cuerpo se enfriara y ya no sintiera nada, ni siquiera las lágrimas que derramaba, la crueldad de la que es capaz la humanidad no tiene límites ¨que ironía¨ me mataron por lo mismo que me vendieron, tenía 26 años cuando morí. Cerré los ojos esperando descansar, pero cuando los abrí me encontré en un lugar, con una enorme oscuridad tragándome con otras personas, gritando, llorando, confundidos y enormes seres deformes con cuernos y partes de animales los arrastraba a una enorme puerta a la que nadie más tenía acceso, así que solo nos quedaba esperar. La salida esta vez no existía. Antes de darme cuenta uno de ellos tomó mis brazos y me arrastró a esas puertas, mi respiración estaba agitada y mi cuerpo temblaba. -Paimon tienes una larga lista de pecados, uno peor que otro- dijo Balban Esos seres me arrojaron al suelo y escuché una fuerte voz hablándome, levanté la cabeza y vi dos enormes seres de pie ante mi. -No entiendo- dijo Paimon confundido -Te estamos enjuiciando por tus pecados Paimon, a juzgar por esta lista tu único destino es el infierno- dijo Uriel. -¿El infierno? yo solo quería sobrevivir- dijo Paimon arrodillado -Todos dicen lo mismo- dijo Balban sin mirar a Paimon, solo leía los enormes papeles -Sobrevivir no es excusa para pecar, matar, robar, engañar, prostitución, nada es excusa- dijo Uriel mientras leía otros papeles. -¡Tenia que sobrevivir, más de la mitad de esas cosas me obligaron a hacerlas, moría de hambre, mi familia me vendió, me usaron como si no fuera un ser humano!, ¿y simplemente lo llaman excusa? estaba solo, no tenía a nadie ¡y ni siquiera son capaces de mirarme! - Paimon lloraba de rabia -No importa lo que digas, fuiste condenado el día en que naciste- dijo Uriel mientras extendió su mano y una puerta se abrió donde un demonio salió caminando hacia Paimon y lo tomó dejándolo inmóvil. -Paimon eres culpable de cada uno de los pecados y tu castigo es ser un esclavo, no tendrás derechos, ni libertad, serás torturado por tus pecados y ante cualquiera solo eres basura que no vale nada, cada día que pases en el infierno pelearas por sobrevivir- dijo Balban - ¡No pueden hacerme esto, no merezco esto, peleé toda mi vida por sobrevivir! - Paimon no era escuchado y solo gritó lo más fuerte que puedo, Pero nadie lo escuchaba -Que pase el siguiente condenado- dijo Uriel, esas fueron las últimas palabras que escuchó Paimon y la última vez que los vio, cuando las puertas se cerraron. No podía respirar bien, pero sentía aire caliente en cada parte de mi cuerpo, escuche unas rejas abrirse y me arrojaron a un charco, todo estaba oscuro y solo era iluminado por fuego en cada esquina, logre ver que no era agua donde caí, era sangre, otros esclavos como yo se comían entre ellos por la falta de comida, sufrían, pero no morían. Con el tiempo fui aprendiendo que debía pelear por la comida, un pedazo de pan podrido o duro cada día era lo único que teníamos para comer, a veces no había para todos así que peleábamos, por ello teníamos prohibido matar a otro esclavo ya que éramos para la venta o entretenimiento, no podíamos morir a menos que dañen o destruyan el corazón del otro, pero si sufrir lo que hacía que las torturas sean más largas y placenteras para el carnicero, así mi ciclo volvió a repetirse, hasta que el me vio, Ira me vio pelear por comida, como los intimide y como me respetaban lo demás esclavos, vio un potencial en mí y me eligió para probarme como guerrero del Diablo en una de sus conquistas. Fui puesto con los demás esclavos, los que ellos llamaban ¨carne de cañón¨, un sacrificio por el cual no sufriría la alta sociedad, sus hijos generales y guerreros no serían una pérdida, la sangre pura debe mantenerse pero nosotros los condenados no somos nada, somos carne ilimitada, pero no pensaba ser algo sustituible, no pensaba volver a esa vida de mierda, esta vez no, me volví más fuerte, más rápido, entrene día y noche, mate y mate a tantos que perdí la cuenta, logre lo que debe lograr un general ¨conquistar¨, fui al frente de muchas batallas y me gane el odio de muchos pero fui reconocido por Ira, le habló al Diablo de mí y él me ofreció un puesto como uno de sus generales. A pesar de mis esfuerzos el rechazo era inevitable, no era alguien de sangre pura, soy el primer esclavo en ser un general del Diablo, gane batallas, conquiste, asesine y fui llamado por esclavos y hasta por el mismo Diablo como príncipe del infierno, soy la mano derecha del Diablo y tengo una de las legiones más grande del infierno, soy odiado y muchos desean mi muerte, más de la mitad de ellos venias a verme después de cada batalla solo para ver cómo me desangraba y me arrastraba, decidí que eso no me importaría, no puedo acercarme a menos de que sea necesario a alguien de sangre pura, estar en la misma habitación o comer con alguien así. No me importo nada de eso, jamás me importo, hasta que apareciste, a ti no te importo quien soy, ni la clase, me ayudaste y me perdonaste por lastimarte, me sonríes, me hablas cada día, no sientes vergüenza de que te vean conmigo, tan cálida y dulce. Todos me odian y desean verme muerto, mis padres me llamaron error y desperdicio y tu celebras mi nacimiento como si fuera lo mejor que paso, Astrid tu hiciste que ya no fuera tan malo el infierno. Paimon volvió al presente en el momento que escuchó la voz de Astrid. -Paimon, pide un deseo y sopla la vela- dijo Astrid sonriéndole, mientras su cara era iluminada por la luz de la vela -Felicidades- Dijo Ira mientras lanzaba confeti sobre Paimon Paimon se inclinó un poco, cerró los ojos y sopló la vela y en ese momento una lluvia de confeti cayó sobre él, Paimon no pudo contenerse y unas lágrimas se derramaron en su rostro, era felicidad y Astrid vio una sonrisa dibujarse en Paimon, Astrid sostenía el pastel y Paimon colocó sus manos sobre las de Astrid mientras la miraba Esa noche los tres se sentaron bajo un árbol y comieron el pastel de Paimon - ¿Qué deseaste? - Preguntó Ira -No te importa- contestó Paimon -Paimon ¿te gusta el pastel? - Preguntó Astrid -Es perfecto, gracias Astrid. -Es la primera vez que te veo llorar Paimon- Dijo Ira -¿Estas bien? - Preguntó Astrid -Si, es la primera vez que alguien celebra mi cumpleaños o que me hacen un pastel, es solos por eso- dijo Paimon Por un momento hubo silencio. -Paimon esto es para ti, no es mucho, pero a mí y a Ira nos gustaría que lo uses si no te molesta- Dijo Astrid, Paimon abrió una pequeña caja y era una pulsera de color rojo con una pequeña pieza de romper cabezas de plata, Astrid extendió sus manos y se lo coloco a Paimon en la muñeca. -Si unimos las piezas las tres forman un corazón- Dijo Astrid -¿Qué significa? Preguntó Paimon -Que compartimos un corazón los tres- Contestó Astrid -Según Astrid no debemos quitarnoslo- Dijo Ira -Es un regalo de Astrid así que no lo are- Contestó Paimon Esa noche Paimon, Ira y Astrid sonrieron sinceramente después de mucho tiempo, decidieron quedarse más tiempo y el ambiente estaba agradable para seguir. -No sabía lo bien que se puede pasar entre amigos- Dijo Astrid -Sigo pensando que la pasamos mejor sin Paimon- Dijo Ira -¿Qué es exactamente lo que hacen ustedes? - Preguntó Paimon - ¿Estas celoso? - Preguntó Ira -Voy a ignorar la palabra ¨diversión¨ viniendo de ti Ira- Dijo Paimon -Hablando de diversión, Astrid cuando te vayas ¿vendrás a visitarme verdad?, toda la diversión desaparecerá si no estás- Preguntó Ira -Claro que lo are- Dijo Astrid -Tú puedes ir a verla al plano terrenal- Dijo Paimon -Si, pero siempre estoy muy atareado, pobre Paimon él no puede ir al plano terrenal su castigo lo ata al infierno- Dijo Ira -¿No puedes ni una sola vez? - Preguntó Astrid -No, a menos que sea una orden desde arriba, que me permita salir por un corto tiempo, entonces sí, pero pasa muy rara vez- Dijo Paimon -Eres tan miserable, ni siquiera puedes...- Pero antes de que Ira pudiera terminar de hablar sintió una presencia llamándolo desde la oscuridad del palacio -¿Ira? - Preguntó Astrid -Discúlpame Astrid, pero surgió algo y de verdad es urgente, si puedo terminarlo rápido volveré, Paimon no te pases de idiota con ella o te romperé el cuello, adiós- Dijo Ira alejándose de ellos -Pedazo de idiota- Dijo Paimon -Veo que se llevan muy bien. -Astrid. - ¿Sí? - Preguntó Astrid -¿También vendrás a verme? -Claro que vendré a verte Paimon, ¿sabes lo difícil que es para mí no verte un día? Paimon no dijo ni una palabra, más que enterrar sus manos en su cara, Astrid no pudo ver sus ojos, ni sus mejillas, solo su boca la cual el mordía. -Astrid, ven sin Ira. -¿Sin Ira? -Lo odio más que nada en el infierno. -Será un poco difícil, sabes que a Ira le encanta pasear por todos lados y saber todo lo que sucede, es como los ojos y los odios del Diablo. -Si, pero no si estas en mi casa. -¿Tu casa? -Si, mi casa. -No sé dónde queda. -¿Quieres ir? -Bueno, es de noche. -Fue una pregunta estúpida, te acompañare al cast.. -Siempre quise conocer tu casa, pero tenía miedo de que pensaras mal de mi o algo- dijo Astrid interrumpiendo a Paimon Paimon se levantó rápido y extendió su mano hacia Astrid. -No quiero que te pierdas en la oscuridad, no es un lugar muy iluminado- Dijo Paimon, Astrid lo miró pero estaba emocionada por conocer la casa de Paimon, así que tomó la mano de Paimon, pero él seguía sin mirarla, mientras que en la otra mano tenía el pastel que Astrid le había preparado, ambos caminaron hasta llegar a un lugar desolado cerca del bosque de los lamentos, donde se encontraba una enorme casa de dos pisos pero en la casa, en las ventanas y puertas había símbolos de protección y en las paredes mensajes de odio hacia Paimon, para Astrid alejando esas dos cosas la casa era bastante bonita y grande. -Pasa- dijo Paimon mientras caminaba a un pasillo oscuro, entró a una habitación donde estaba la cocina. Astrid caminó mirando la curiosa decoración de Paimon, toda la pared estaba adornada con armas de diferentes tamaños y clases. -Estás en tu casa así que siéntete libre de ver lo que quieras, iré a bañarme y enseguida vuelvo. -¿De verdad puedo hacer lo que quiera? - ¡Si, lo que quieras! - Gritó Paimon mientras subía las escaleras Astrid comenzó a caminar y mirar cada cosa que se cruzaba en su camino, desde los símbolos que escribió Paimon en las ventanas y puertas, hasta cada arma que decoraba la pared de su casa, logró notar que no había ni fotos ni espejos. Camino a cada cuarto de la casa visitando la cocina llena de dulces, hasta los dos baños del pasillo, camino por el living y miró por un largo rato la chimenea como si el fuego la hipnotizara, pero un sonido en el segundo piso interrumpió la distracción de Astrid invitándola a subir y curiosear cada habitación. Subió por las escaleras y sintió que las barandillas de la escalera estaban arañadas en diferentes posiciones, logró llegar hasta el segundo piso donde vio dos pasillos, inicio con el de atrás pero cada puerta la llevaban a una habitación vacía con ventanas selladas y un baño, así que se dirigió a la última habitación que tenía las luces encendidas, extendió su mano al picaporte y abrió la puerta, pero su expedición le había hecho olvidar que la casa tenía dueño y al abrir la puerta lo vio parado, su cuerpo mojado, con una mano acomodando su cabello hacia atrás y la otra mano en la toalla que estaba en su cadera, estaba a punto de sacarla hasta que Astrid abrió la puerta. Logró ver cada centímetro de su cuerpo, exceptuando lo que la toalla cubría. -¿Astrid? - Preguntó Paimon, mientras la miraba un poco sorprendido por su aparición -Yo, ¡perdón!- Dijo Astrid avergonzada, cerró la puerta golpeándola con fuerza, Astrid corrió hasta el living y se sentó en el sofá frente a la chimenea y pudo sentir algo a su lado, era Athena durmiendo en el sofá -Athena, con que aquí estabas eso explica porque no pude encontrarte en todo el día- dijo Astrid dándole una pequeña caricia en la cabeza -Es porque esta mañana fuimos de práctica para que pudiera localizar varios objetivos a la vez- dijo Paimon mientras bajaba las escaleras -Paimon de verdad lo siento, prometo que no volverá a pasar. -Lo que pasó me sorprendió, pero no me molesta en absoluto. -Yo ni siquiera golpee la puerta, perdóname. -Astrid no me molesta, pero necesito saber ¿Qué es exactamente lo que estabas mirando con tanta atención? -Perdóname si te ofendí, es muy descortés mirar así a alguien. -¿Me lo dirás? Astrid lo miró y notó que Paimon tenía una expresión curiosa. -Estaba mirando tus cicatrices, tienes muchas. -Si, son de cuando estaba vivo ¿quieres verlas más de cerca? Paimon sin avisar con anticipación se quitó la remera mostrándole a Astrid sus cicatrices, -Esta es de cuando robamos a unos viajeros, estaban armados y esta es de cuando nos hacían pelear por diversión, ¿hay alguna en especial que quieras preguntar?- Preguntó Paimon -Si, está- Astrid apuntó al estómago de Paimon -Esa es de cuando me mataron, no se nota mucho, pero sigue ahí, me asesinaron las personas que alguna vez consideré familia. Astrid extendió su mano colocándola sobre la cicatriz de Paimon, luego se levantó se volteó y se quitó la remera dejando al descubierto su espalda. - ¿Astrid, qué haces? - Preguntó Paimon nervioso y sonrojado mirando hacia la chimenea -Ya no duelen, pero estarán ahí para siempre. Paimon la miró y logró ver las cicatrices de Astrid en su espalda, algunas eran largas y otras más cortas -El orfanato estaba dividido en dos sectores, la parte de adelante era para pequeños niños visitados por familias que estaban dispuesto a adoptarlos, pero en la parte de atrás estábamos los que ya no seriamos adoptadas, personas que ninguna familia querría por ser mayores y solo éramos visitados por pedófilos de noche, pero las cicatrices se dividen como el orfanato por fuera son las que pueden desaparecer o quedarse, pero las de adentro desaparecerán si estamos dispuestos a superar el dolor y dejarlo atrás. Paimon se levantó sin que Astrid pudiera darse cuenta y la abrazo por detrás deslizando suavemente sus manos en el estómago de Astrid, Paimon es alto por lo que su mentón sobrepasaba por centímetros la cabeza de Astrid, ella quería demostrarle que estaba bien sonriéndole pero cuando levantó la cabeza hacia arriba se dio cuenta que Paimon bajo la cabeza para mirarla, ambos se miraban fijamente, Paimon se sonrojo al instante pero esta vez sin encubrirlo con sus manos, sus ojos grises miraban fijamente los ojos marrones de Astrid. El corazón de Astrid latía con rapidez y Paimon lo podía sentir, nada de palabras, solo suspiros, pero el ambiente se cortó con un simple sonido ¨Toc Toc¨, ambos se separaron al instante. - ¿Puedo pasar al baño? - Preguntó Astrid nerviosa -Si, yo veré quien es- Dijo Paimon Al abrir la puerta vio a Ira parado frente a él -¿Puedo pasar? - Preguntó Ira -No- Contestó Paimon -Paimon sé que me odias y créeme el sentimiento es mutuo, pero tengo un mensaje para ti y es urgente- Ira entró y se sentó frente a Paimon, -Escucha, hay una serie de irregularidades que están pasando en el infierno y hace tres días el purgatorio está recibiendo más almas de lo normal. -Explícate mejor. -Almas que no debían morir, están en el purgatorio a la espera de su sentencia y no hay sentencia, Uriel y Balban no pueden fijar una sentencia porque no han cumplido el ciclo de vida que debían, ellos tuvieron que hacer que cada alma que no debía morir reencarnara, Paimon escúchame con mucha atención, entre las almas se encontraban tres descendientes de Caín que no debían haber muerto. -Ira, ¿entiendes lo que me estás diciendo? -Alguien o algo los está intentando localizar a los descendientes de Caín, nunca fue una tarea fácil además ellos están bien ocultos y son pocos, están intentando matar al guardián de Astrid antes de que pueda formar y fortalecer un lazo que lo una a ella. -¿Quién lo está ocasionando? -Aún no sabemos, pero se está moviendo entre los rebeldes exiliados y está tentando a otros, logró que un grupo de ángeles se rebelaran contra la voluntad de Dios y convenció a varios demonios del susurro del suroeste que mataran por él, buscando al descendiente. -¿Qué quiere que haga? -El Diablo quiere que te dirijas al suroeste y extermines a toda la tribu de los demonios susurrantes antes que las demás tribus se unan a ellos, Paimon mátalos a todos, no dejes a ninguno con vida. -¿Cuándo? -Ahora, treinta y cinco de tus legiones están esperándote en las puertas del infierno listos para partir con siete y ocho legiones de dos generales que irán en tu apoyo, tu serás la cabeza y los giaras. -Bien, tengo que cambiarme. Astrid salió del baño y se encontró con Paimon e Ira hablando en uno de los sofás al lado de la chimenea. -Ira, así que si pudiste venir- Dijo Astrid sonriendo -Astrid no sabia que estabas aquí, de verdad eres un cerdo Paimon- Dijo Ira mirándolo fijamente. Pero Paimon solo escondió la vergüenza con una sonrisa y la cara sonrojada, mirando hacia la chimenea -¿Sucede algo? - Preguntó Astrid -Astrid tenemos que irnos, Paimon debe salir a una misión urgente y necesita prepararse- Dijo Ira -Iré a cambiarme- dijo Paimon mientras subía las escaleras -Astrid sé que no es el momento y aun sigues adaptándome, pero luego de que Paimon se vaya, tu tendrás que partir al desierto infernal donde debes sobrevivir sola y forjar tu fuerza y poder, es repentino pero no estaré contigo para guiarte, sé que estaba planeado que yo te entrenara pero los planes se alteraron un poco, durante tu viaje te guiará Chiridirilles, un demonio que protege a los caminantes del desierto, de verdad necesito que te esfuerces para que vuelvas lo más rápido que puedas y no confíes en nadie, no importa lo amables que parezcan, no confíes en nadie- Dijo Ira mirándola seriamente -Te lo prometo Ira, daré todo mi esfuerzo para volver, sé que estás sobrecargado con todo y no quiero ser un peso para ti- Dijo Astrid tomando las manos de Ira -Astrid la única carga que tengo es el aburrimiento y quedarme solo con el idiota de Paimon hasta que vuelvas, así que por favor regresa rápido y a salvo. -Te lo prometo Ira- Dijo Astrid -Astrid no puedes decírselo a Paimon, el ira a una batalla importante y tiene que concentrarse en ello ahora, se lo diré cuando vuelva- Dijo Ira -Entiendo- Contestó Astrid Paimon bajó por las escaleras y vio a Ira y Astrid tomados de las manos, lo que lo hizo fruncir el ceño en el camino hacia Ira poniéndose a su altura. -Dijiste lo que tenías que decir, ahora largo- Dijo Paimon con el ceño fruncido Ira lo miró maliciosamente con una sonrisa, se acercó al oído de Paimon y le susurro: -A eso se le llaman celos, idiota- Dijo Ira Paimon los miró con tanto odio que en el ambiente podía sentirse la hostilidad entre los dos, Astrid rompió la tensión entre ambos. -Paimon no he tenido oportunidad de darte tu regalo- Dijo Astrid -¿Regalo? Astrid ya me diste mucho no puedo aceptar más- dijo Paimon avergonzado -Paimon, este es solo de mi parte y de verdad me gustaría dártelo- Dijo Astrid entregando una bolsa pequeña de seda rosa. -Gracias Astrid- Dijo Paimon -Ábrelo cuando te vayas- Dijo Astrid Astrid e Ira acompañaron a Paimon a la gran puerta infernal que iba directo al desierto infinito, donde Paimon montó su dromedario y partió con los dos generales y las legiones hacia el suroeste. mientras avanzaban Paimon vio por última vez a Astrid hasta su regreso donde las puertas se cerraron, tomó la oportunidad para abrir la pequeña bolsa de seda que Astrid le había regalado y ver un collar que tenía un pequeño frasco con gotas de sangre de Astrid y una nota que decía: ¨Úsalo cuando lo necesites, siempre estaré para ti¨ Esto logró que Paimon sonriera levemente y un sonrojo se adueñara de sus blancas mejillas. Mientras en las puertas infernales Astrid estaba preparándose para partir con Chiridirilles quien la acompañaría a su viaje. -Astrid será muy aburrido sin ti- Dijo Ira -Yo moriré de aburrimiento sin ti- Dijo Astrid Ambos sonrieron y se despidieron -Te veré luego Ira- Astrid se alejó de las murallas infernales Mientras Astrid se alejaba Ira le gritó: - ¡Astrid recuerda, si te enfrentas a un enemigo muy fuerte no olvides lo primero que se aprende en el Infierno, hazte la muerta siempre funciona, pero si no te cree, corre! grito Ira logrando una fuerte risa de Astrid lo que le dio una placentera sonrisa a Ira, la miró hasta que ella desapareció. Una figura oscura se colocó detrás de Ira -¿Qué noticias hay? - Preguntó Ira -Ira, seis de los siete ángeles que se rebelaron contra la voluntad de Dios fueron capturados y están a la espera de los arcángeles para ser llevados ante su presencia- Dijo Pereza -¿Qué hay del séptimo? - Preguntó Ira -Fue capturado intentando infiltrarse en al infierno, logramos ver que tenía una de las estacas sagradas con él e intentaría matar a la descendiente Astrid -Llévalo a la cámara de tortura, yo mismo me ocupare de el- Dijo Ira -¿Estás seguro? -Cruzó el límite cuando pensó en matarla, yo mismo me asegurare de que jamás vuelva a cruzarse esa idiotez por su cabeza- Contestó Ira con unos ojos sedientos de sangre -Bien. -Pereza, asegúrate de que nadie me moleste. -Si, Ira- Ira vio las enormes puertas infernales cerrarse ante el, Ira y solo pensó, -Cada vez es peor.
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