Advertencia: Este capitulo contiene contenido violento, lenguaje inapropiado y referencias al suicidio y podría perturbar a algunos lectores, por favor preste atención.
- ¿La biblioteca es el lugar más seguro?- Preguntó Astrid
-Si, si algo sucede como un ataque, golpe o lo que sea, usaremos el mapa para llevarte a cualquier lugar del infierno lo más lejos de la ciudad, ahora Ira y yo tenemos la obligación de protegerte.
Paimon comenzó a asegurar las puertas y una ubicación segura en el mapa.
-¿Y eso cuando se decidió? - Preguntó Astrid.
-En una reunión de generales, tu padre se reunió con Dios para decidir quienes te protegerán, el Diablo ha decidido que seremos Ira y yo.
-Entonces los dos son como mis...
-Si, tus guardianes. En realidad, somos tres, el tercero lo eligió Dios y se encuentra en el plano terrenal, según Ira es un descendiente de Caín así que no será difícil encontrarlo, según la profecía en el momento en que te vea, él se enamorara de ti y sus vidas se ataran eternamente.
Astrid miraba a Paimon como si él le estuviera contando un cuento de terror.
-A juzgar por tu cara, no te gusta la idea de que se enamore de ti, veo que tenemos algo en común.
-Pero eso no parece amor, más bien parece una obsesión.
-Tal vez no te lo parezca, pero en realidad eso es amor, los demonios y los ángeles fuimos maldecidos por Dios. Somos traidores por naturaleza, muchos ángeles abandonaron a Dios para seguir al Diablo en busca de un nuevo mundo convirtiéndose en lo que son ahora, demonios, nuestra maldición es el amor, es un problema si nos enamoramos porque es eterno. ¿No te parece una ironía que nuestro punto débil sea el corazón? – dijo Paimon con una pequeña sonrisa amarga.
-Pero ese chico es del plano terrenal, no es ángel ni demonio, no puede amar eternamente.
-La descendencia de Caín fue maldecida después de matar a su hermano Abel, su castigo es que se enamorara eternamente y lo protegerá sin importar que, dará su vida por esa persona, lo que no pudo hacer por su hermano lo hará su descendencia cumpliendo el castigo, ellos pagarán por el pecado de Caín y nosotros pagaremos el pecado de la traición, es raro que su maldición sea al enamorarse pero según Dios todo tiene una razón.
-¿Me pasará lo mismo si me enamoro?
-Es una buena pregunta, tú al representar las tres razas es como si cargaras con la maldición, pero al mismo tiempo el libre albedrío así que es difícil de saber, es curioso no lo sabremos hasta que te enamores.
-No quiero enamorarme de alguien que no me ame.
-Entonces tu mejor opción es enamorarte de tu guardián.
Astrid miró a Paimon después de lo que él dijo.
-No me refiero a mi o a Ira, hablo del descendiente de Caín, ambos se enamorarán.
- ¿Y si no me enamoro de él?
-Yo no puedo ayudarte con eso, tendrás que resolverlo sola.
Después de las últimas palabras de Paimon el silencio se adueñó de la habitación por un largo tiempo.
-Paimon, no he visto a Ira en todo el día ¿sabes dónde está?
-Esta con tu padre en el plano terrenal, al parecer se trata de los negocios que tienen ahí, tal vez tarde más de lo usual ya que el tiempo es distinto al del infierno.
- ¿De qué hablas?
-Un día en el plano terrenal son varios en el infierno.
- ¿Envejeceré más rápido?
-Astrid, tú no puedes envejecer, básicamente ya eres inmortal en el momento en que tu sangre se mezcló con la de Dios y el Diablo.
-Paimon, ¿crees que ya podemos salir?
-Lo dudo, esas cosas son sigilosas, además no sabemos cuántas hay, tal vez solo es una, dos o miles.
-Pero creí que había protección aquí.
-La hay, pero pelear en el castillo es peligroso, es enorme y oscuro básicamente es como un laberinto, no conozco todas las habitaciones o donde llevan los corredores, solo el Diablo sabe bien dónde está cada una, ¿recuerdas cuando nos conocimos?
-Si, me apuñalaste.
-No, bueno sí, pero no eso, en el estado en que me encontraste.
Si, estabas destrozado, te desangraste demasiado, tenías cortaduras profundas y te faltaba algunas partes del cuerpo.
-Si, y eso no fue por el territorio que debía conquistar fue por ellos, la mayoría viven en diferentes lugares, son cazadores por naturaleza, pero no se los puede domesticar son salvajes se alimentan de lo que sea que esté vivo y cuando pasan hambre llegan al extremo de comerse entre ellos, el problema es que solo se puede cruzar por la mañana porque por la noche cazan y van más allá de su territorio, por eso no podemos conquistar más allá de ese lugar, cuando fui de expedición se suponía que estábamos muy lejos de sus territorios, las montañas, pero esa noche nos atacaron, mataron a todos mis hombres y se los comieron, logré escapar, pero en el trayecto me destrozaron mi única opción fue usar el collar y volver aquí.
-Ese día creí que ibas a morir, tenía miedo.
Paimon miró a Astrid curioso de lo que ella había dicho, pero ella solo miraba el suelo como si estuviera recordando algo triste.
-Te preocupaste por alguien que no conoces, te arriesgaste por alguien que todos odian, eres difícil de leer y muy rara.
-Admito que no te conozco bien y ayudarte me costó una puñalada en el estómago, pero me dolió más escuchar a todos decir que estabas herido y esperaban que sufras, eso hizo que no me importa que todos me digan que ayudarte sería peligroso, lo que aun no entiendo es ¿Por qué todos te odian?
-Bueno, eres nueva, pero de seguro te diste cuenta de la división del infierno, los que están afuera y los que están aquí adentro.
-Si, ahí afuera es bastante grande, pobre y aquí brilla una estrella que parece el sol.
-Si, eso es la división de clases del infierno, todos los que están dentro del edificio y los que trabajan en el castillo son de clase alta y pura, yo no descendí del cielo con ellos aquí o soy uno de sus hijos, fui un humano alguna vez y como todos morí, creí que el infierno sería diferente pero aquí también existen las clases, así que decidí no volver a cometer el mismo error y me abrí paso a lo más alto, así que aquí me tiene gane mi lugar y odian tener a alguien tan inferior en un estatus más alto que el de ellos.
-Es una idiotez que existan estatus en el infierno.
-En realidad una vez que te explique tu posición, te alejaras de mí y conocerás a demonios con los cuales debes relacionarte, demonios de sangre pura y estatus. Dentro de los estándares tú eres de la realeza infernal y celestial, no pueden verte conmigo seria hacerte ver mal ante los demás, Ira es tu mejor opción él es uno de los demonios originales creado por el Diablo y es parte de la realeza, es mejor que te vean con él, no querrás tener a alguien como yo.
-¿Por qué te maltratas tanto?
-¿Que?
-Quiero que me vean contigo, tenía miedo de que yo te diera vergüenza ante los demás generales o los demás demonios de estatus.
Paimon ya no tenía palabras, solo mirarla bastaba para que Astrid entendiera que él no estaba acostumbrado a que los demás sean buenos con él.
-Paimon, si no te molesta yo de verdad quiero que seas mi amigo, sé que la primera vez que te lo pregunte dijiste que si por el Diablo y por mi estatus, pero quiero que seas honesto ahora, ¿podemos ser amigos?- Paimon seguía sin poder pronunciar una palabra y solo mirarla, -Te daré tiempo para que pienses si es lo que quieres o ¿el silencio es un no?
Paimon reaccionó a las palabras de Astrid, pero antes de que pudiera contestar golpearon la puerta con fuerza rompiendo las cerraduras, era Ira.
-Astrid, ¿Dónde estás?
-Aquí estoy Ira- dijo Astrid un poco exaltada por la forma en la que Ira entro a la biblioteca.
Ira corrió y abrazó a Astrid, miró a su alrededor y vio a Paimon mirarlo.
-Mi pequeña Astrid corrió mucho peligro, debo estar aquí para protegerte, ¿Paimon te hizo algo?, ¡Paimon eres un degenerado!
-No, él fue amable y me protegió.
-No intente nada raro con ella- Contestó Paimon
-Eso es un alivio, creí que la profanarías con la mirada.
- ¿Que?
-Ya sabes, no dejabas de mirarla raro, tenía que intervenir antes de que le saltaras encima.
-Jamás pensé en hacer eso, ¿pero hace cuanto nos estabas espiando? – Preguntó Paimon enojado
-Nunca digas nunca, tal vez hace un rato.
-Esta conversación me hace sentir incómoda, así que si no les molesta me retiraré a mi habitación- dijo Astrid agachando la cabeza
-Te acompaño, no sabemos si hay alguno por ahí- dijo Paimon
-Ve, pero no te aproveches de ella, recuerda que te romperé la cara si lo haces- dijo Ira sonriéndole
-Señor Ira, los soldados lograron capturar al demonio de la oscuridad que se infiltró, ¿se lo decimos al señor Paimon? - Preguntó un soldado
-No, está ocupado con algo más importante, iré yo, tal vez pueda divertirme un poco sacándole información.
Ira se dirigió a la cámara de tortura del castillo para sacar información al demonio.
Paimon acompañaba a Astrid a su habitación, pero había un silencio incómodo entre los dos.
-Todo lo que dijo Ira es mentira, solo quiero que lo sepas.
-Bien.
-No quiero que las cosas sean incómodas entre los dos, así que dime si te sientes incómoda Astrid.
-No es eso, no me dijiste si querías que seamos amigos.
-¿De verdad te importa tanto lo que piense? – Preguntó Paimon mientras la miraba confundido
-Claro que me importa lo que piensas, porque si no quieres no te obligaré, solo quieres saber.
Paimon, se detuvo en medio del pasillo y se agacha un poco para ver a Astrid a los ojos, esto la pone nerviosa pero no se aleja de él.
-Si quiero ser tu amigo y si no te molesta que los demás te critiquen al verte contigo, entonces me gustaría que pasemos más tiempo y nos conozcamos.
-Entonces ¿amigos?
-Amigos.
-Gracias por acompañarme y por ser mi amigo, ya sabes dónde está mi habitación así que supongo que hasta aquí está bien- Astrid sonreía y estaba sonrojada.
-Claro, nos vemos mañana.
-Adiós.
-De verdad progresaste- Dijo Ira
-Ira, creí que ya no te vería y por un segundo fui feliz.
-Hieres mis sentimientos, dime Paimon ¿Cómo omo te fue con Astrid?
-Ya sabes todo, seguro nos espiaste.
Ambos caminaron fuera del castillo mientras hablaban
-Si, pero aun así quiero saber qué piensas de ella.
-Es raro, solo la conozco hace unos días y esta es una de las pocas conversaciones que entabló con ella.
-¿Pero no te dejo pensando?
-¿Pensando en qué?
-No lo sé, le dijiste que la verías mañana.
- ¿Y?
-Tu nunca quieres ver a nadie al otro día, eres un antisocial, ni siquiera quieres verme y soy tu único amigo.
-Si, bueno no se si considerarte mi amigo, hoy de verdad intentaste joderme.
-Eso hacen los amigos, pero supongo que ahora somos tres, ya sabes Astrid, tu círculo social se está agrandando ¿no es genial?
-Astrid ya es suficiente, no necesito más.
-¨ Astrid ya es suficiente, no necesito más ¨- Dijo Irá en tono de burla, -Qué romántico, ten cuidado tal vez te gusta y no lo sabes.
-Me agrada es más que suficiente, además estoy seguro que se enamorara de un descendiente de Caín.
-Hablando de la descendencia de Caín, debo entrenar a Astrid en el arte del combate, dentro de unos dos meses ella irá al plano terrenal a la academia Elite de Dios, él va a la misma academia y lo conocerá ahí, será un clásico romance escolar y yo estaré con ella para verlo todo.
-¿Iras con ella?
-Si, serán vacaciones, ¿no es fantástico?
-¿Vacaciones?, tienes que cuidarla y sabes lo que significa.
-Claro que la cuidare, pero sabes si ese descendiente de Caín la enamora no podría hacer nada, ¿sabes lo que significa? hay muchas posibilidades de que ella se quede en el plano terrenal.
-No entiendo porque me dices esto.
-Porque hoy estas inusualmente más tranquilo y si algo como esto pasa tu solo rompes cosas además de los huesos de algunos guerreros por ser descuidados y gritas mucho, pero hoy estas muy bien, tal vez debes hablar más con Astrid.
-Ella me tranquilizo mucho, pero a pesar de eso tú me estás inquietando bastante.
- ¿Por qué?
-Ira, tienes un fuerte olor a sangre.
-Interrogue al demonio que se infiltró.
- ¿Qué dijo?
-Después de torturarlo solo unos minutos simplemente soltó su mano derecha y se arrancó el corazón y lo despedazo con la boca, me sorprendió su devoción a lo que sea que venera para haberse suicidado de esa forma y ese es el problema, se supone que ellos no pueden ser domesticados, pero lo que sea que está ahí afuera fue suficiente para que un demonio salvaje se suicidara por temor a lo que podría hacerle si conseguimos la información.
-Organizaré unas expediciones a esas áreas.
-Esto es más de lo que esperaba.
-Lo resolveré, tengo que irme.
-No te desveles pensando en ella.
-Muérete Ira.
-No te enojes Paimon, solo decía.
-Como sea.
-Adiós cariño- Ira sonrió unos segundos y su rostro se volvió serio y sombrío, miró hacia los muros, -¿Qué demonios hay allí afuera para asustar de esa forma a ese demonio?- Se preguntó Ira
Al cabo de unos meses todo volvió a ser normal en el infierno, no volvió a pasar nada extraño fuera de las fronteras o dentro de las mismas para Astrid. Los meses pasaron tan rápido que ni siquiera lo sintió, todos los días era entrenar, pasear a Athena, estudiar a los demonios y ángeles más poderosos, la jerarquía demoníaca y celestial miles de años de historia para comprender el origen, los territorios, los planos, el porqué de todo, pero esa tarde Ira llamo a la puerta de Astrid.
-Adelante- dijo Astrid
-Con permiso, hoy recordé algo que tal vez te interesé- dijo Ira.
-Dime- Dijo Astrid cerrando su libro, atenta a lo que le diría Ira
-Hoy es el cumpleaños de Paimon.
- ¿Enserio?
-Si, solo que él no lo celebra nunca.
- ¿Por qué?
-Quien sabe, han pasado tantos años, el pasado no es algo de lo que se hable aquí y él nunca lo celebró y en todos sus cumpleaños esta de mal humor, pero ahora que tú estás y eres su amiga y yo soy su amigo podríamos organizar algo.
-¿Crees que se enoje si lo hacemos?
-No lo sé, pero qué importa, quiero divertirme además podríamos probar.
-Ira, ¿Crees que lo que necesite para el pastel esté en la cocina?
-Si, igual si no lo hay lo conseguimos, no olvides que eres de la realeza así que todo lo que quieras lo tendrás.
-Siempre lo veo comiendo algo dulce, pero ¿Qué sabor le gustara?
-Cualquier cosa, seguro lo comerá si es dulce, además viniendo de ti lo aceptara sin dudarlo, me dijiste que son amigos, seguro de extraños lo rechazara no sería la primera vez que intentan envenenarlo.
-Eres brillante y cruel Ira.
-Lo sé, ¿Qué harías sin mí?
-Moriría del aburrimiento aquí.
-Si, eso es correcto, ¿Más tarde vamos a molestar a los guardias de la torre Oeste?
- ¡Si!, iba a sugerirte lo mismo.
-Eres la única que hace estas cosas conmigo, los demás son demasiado serios.
-La verdad me sorprendió mucho conocerte así, Ira.
-Si, intento ser serio, pero después de tantos años cumpliendo y siendo perfecto siento que el aburrimiento me destroza por dentro de poco, fuiste como una pequeña luz entre estos idiotas.
-Ira ¿de verdad te agrado o solo es por quién soy?
-Al principio lo era, ya sabes comportarse adecuadamente ante la realeza, obedecer, etc., pero tu fuiste algo que jamás había visto, la palabra rara se queda corta contigo, tan rara e interesante. Te adaptaste a todo con tanta facilidad y me pareció interesante sugerirte una pequeña broma para algunos guardianes de las torres, pero no esperaba que aceptarás y te emocionaras, la verdad eso también me emociono bastante sentí que al menos contigo podría ser yo mismo unas horas y volver a lo de siempre.
-Ira, eres muy interesante y la verdad espero que nada cambie porque de verdad me gusta estar contigo.
-No tienes que preocuparte por eso, entre nosotros nada cambiara, claro a menos que sepan que somos nosotros los que activan las alarmas de las torres, entonces ahí tal vez Paimon nos mate ja, ja.
-Ese es nuestro secreto, no creí que fueras tan divertido.
Astrid comenzó a preparar el pastel para Paimon mientras Ira preparaba el confeti que Astrid le había pedido.
-Ira, ¿Cuándo es tu cumpleaños?
-Lamentablemente no lo sé, no existían fechas o años en ese momento, así que no podría contestar.
-Que mal, entonces celebraremos el día que nos conocimos.
-Entonces ya tengo algo por que celebrar, ¿también me harás un pastel?
-Claro, del sabor que quieras.
-Gracias.
-Recuerda decírmelo con tiempo, siento que me pedirás algo especial.
-Astrid tu elegirás todo en él, todo lo que haces es especial así que sorpréndeme, ahora Paimon saldrá dentro de una hora.
-Solo debo decorarlo y ya está, Ira compre algo la última vez que pasee a Athena, es para los tres así que se lo daré a Paimon esta noche, este es para ti y el mío ya lo tengo puesto.
Ira miró a Astrid mientras terminaba de decorar el pastel apretando el regalo que Astrid le había entregado y se lo colocó en la muñeca.
-Es lo más raro que me han regalado pero lo usare- Dijo mientras le sonreía a Astrid
-Tampoco me lo quitaré Ira- Contestó a Astrid devolviéndole la sonrisa
-Termine el confeti, los humanos son tan raros con estas cosas.
-Y yo termine de decorar el pastel, encenderemos la vela al salir.
-Bien, vamos.
Ambos salieron y estaba oscuro afuera, Paimon había terminado de entrenar y como siempre fue el último en salir y pequeñas luces iluminaban el campo de entrenamiento, pero entre la oscuridad Paimon notó una pequeña luz que lentamente se acercaba a él, invocó sus espadas Dao y se posiciono para atacar con cualquier movimiento raro, pero notó algo detrás de la luz, era Astrid sosteniendo un enorme pastel decorado con crema, fresas y algo escrito en el ¨Feliz cumpleaños Paimon¨.
-Feliz cumpleaños Paimon- dijo Astrid sonriendo
-¿Qué?- Contestó Paimon sorprendido al ver a Astrid con un pastel