Tener una esposa se había vuelto algo fantástico, no solo por el hecho de que una mujer esté a tu lado, es ese ser que puedes ser tú mismo, donde no tengas que llevar máscara ni fingir, Martina me saca sonrisas, dormir a su lado es tranquilizador, siento paz y eso es a lo que más me aferro. Iré a terapia con Larissa pero bajo mis condiciones, no permitiré que ella siga manipulándome, poco a poco me doy cuenta que eso que nos pasó es producto del destino, no fui yo quien chocó el auto. Dios sabe que amaba la idea de tener un hijo, incluso sería un buen esposo para ella. Doy vueltas fuera del consultorio, hace 30 minutos que debía comenzar la terapia pero Martina no llegaba, se supone que me acompañaría. -Amor es hora de entrar.-mencionó Larissa tratando de colgarse de mi brazo.- -Laris

