El dolor de cabeza hizo que me despertara, según veo ya estoy en casa, creo que llegué en piloto automático por qué no lo recuerdo. Me sentía cansada, los ojos se cerraban solos. Al despertarme Máximo estaba a mi lado, su mano sostenía la mía. -Bebé.- susurré -¡Martina! ¿Cómo te sientes?- lo escuché decir, sus manos sostenían mis mejillas, en verdad estaba preocupado.- -¿Qué hora es?- -Nueve de la mañana.- -¿Tu trabajo? Deberías estar allá.- -Hoy me quedaré contigo, no te dejaré sola.- -Máximo no pierdas tiempo conmigo yo me recuperaré pronto.- -No te dejaré, entiende que para eso son los esposos ¿en las buenas y en las malas no?- -Si.- fue lo único que respondí Máximo me daba ligeros besos en el rostro, era delicado, nada comparado al hombre de faceta ruda que me muestra día

