Capítulo 5

2041 Words
Capítulo 5   Miro el reloj, son las tres de la mañana y no logro conciliar el sueño. Mi padre me dijo que hablaría con mi madre, que guarde la calma y que recuerde quien soy. Yo no tengo ningún problema, ellos son los del problema, porque puede que sepa usar los cubiertos y sepa de etiqueta, pero el más mínimo error me lo van a observar porque Anastasia está en la carrera a convertirse en reina. Esto es una locura, porque el príncipe no demuestra ni un ápice de emoción hacia ella, no le dedica ni una mirada ni sonrisa ¿De qué diantres hablaba mi madre? Ambas están locas. Porque el príncipe que yo veo es uno que se ve frustrado e impotente ante la situación. Él sabe que su deber será desposar a mi hermana, pero esta no le atrae, más pareciera que le aburrió su presencia. Apenas ha sido nuestro primer día en este Palacio, tal vez aún haya esperanzas de que nazca algo ente ellos y espero que así sea. Miro por la ventana, aún sigue oscuro allá afuera. Quito las sábanas y me coloco mi bata, me calzo las pantuflas y salgo de mi habitación. Creo que le agradé más al príncipe de lo que mi hermana le agradó, podría usar eso como ventaja para hacer que él la note, que deje de verla como un deber y pase a verle como a una futura esposa, alguien que puede ser amada por él, o al menos deseada por él. Salgo de la casa de huéspedes y camino por los terrenos, el clima se siente fresco y los animales hacen ruidos a lo lejos. No tengo miedo de que un león de montaña o un coyote aparezca de la nada, aunque sería emocionante, pero me hace sentir mejor el saber que hay guardias resguardando el perímetro sin cercar del lugar ¿Dónde estaban ellos cuando el mapache ladrón me robó? Llego al lago, camino por el pequeño muelle, me quito las pantuflas y me siento en el borde. Cierro mis ojos, sintiendo la brisa del aire de verano sobre mi rostro y el agua en mis pies. Aquí se siente tan relajante, por fin me siento relajada. Las ganas de llorar de nuevo me invaden, definitivamente este no es mi lugar, debería de volver a Colorado, tratar de convencer a mi padre de que me compre un pasaje de avión para regresar con él y mis hermanos. No quiero seguir aquí ¡Solo ha pasado un día y ya siento que me asfixio! Razón tenía mi padre cuando los criticaba tanto. La reina me mira como si yo fuera un perro callejero y mi madre señala cada cosa que yo hago como si fueran las acciones más vergonzosas y denigrantes del planeta.   - ¿Planea darse un chapuzón nocturno?   - ¡Ah! Pego un salto, un par de brazos me sostienen, pero ya es muy tarde, ambos caemos al agua.   - Lamento haberla asustado Siento las manos del príncipe sosteniendo mi cintura bajo el agua.   - ¡Idiota! – le salpico el rostro, empujándolo - ¿Qué diantres haces despierto a estas horas? – nado hacia la orilla – Genial, ahora estoy mojada   - Lo mismo debería decirle a usted – el príncipe me sigue, ambos llegamos a la orilla - ¿Qué hace despierta a estas horas?   - No podía dormir – contesto, exprimiendo mi largo cabello - ¿Y tú?   - Tampoco   - ¿Por qué? – él no contesta, solo se deja caer en el suelo y mira el lago, soltando un suspiro – No quieres casarte con mi hermana…   - Es usted una persona muy observadora – contesta, mirándome, me siento a su lado – No me ha formulado una pregunta…   - Ya veo… - comienzo a jugar con una rama caída - ¿Por qué no le dice algo a su madre?   - ¿Qué le puedo decir? – me mira con una ceja alzada – Ella y el parlamento no quieren arriesgarse…   - Pero… se lo detectaron a tiempo, el cáncer, aún tiene tiempo de encontrar a alguien…   - Eso es lo que se está diciendo entre la familia para no asustar a nadie – me explica – Pero no se lo han detectado a tiempo, quizá le quede un par de años más de reinado, quizá menos o quizá un poco más… - me mira – Y todos temen que no llegue a tiempo para mi vigésimo quinto cumpleaños   - Oh…   - Por eso que acepté esto – arroja una piedra al agua – Porque es mi deber ser rey algún día, es el deber con el que nací, es mi deber y mi derecho y no quiero perderlo – nos miramos fijamente – Pero usted tiene razón, no me hace ninguna gracia el tener que casarme con su hermana   - Pero… ella es una buena chica, es muy bella…   - No me interesa si es la mismísima Afrodita reencarnada   - Apenas la vas conociendo un día, dale tiempo… conócela más…   - Conozco a su hermana desde los trece – me recuerda – Siempre me pareció una persona muy… insulsa…   - ¿Insulsa? – le miro con sorpresa y algo de indignación - ¿Mi hermana le parece insulsa?   - Disculpe usted, Eve, no quería ofender a su hermana   - No, no la ofende… o tal vez sí… - me cruzo de brazos – O sea… - frunzo el entrecejo – Mi hermana le aburre   - En palabras más sencillas, sí Suelto una risita sarcástica.   - Qué lástima   - Lo sé…   - Porque… ustedes se van a tener que casar y… - nos volvemos a mirar – ¿Ni siquiera le parece atractiva?   - No negaré que es guapa – contesta – Pero he visto mujeres más guapas que ella – siento una horrible sensación en el estómago, sus ojos cafés se ven sombríos – Pero la belleza es efímera   - Lástima…   - Quisiera, al menos, compensarlo en algo que tuviésemos en común, pero dudo que lo tengamos…   - A penas ha pasado un día, quizá encuentre algo en lo que sean iguales… como pintar ¿Le gusta pintar?   - No   - A mí tampoco, rayos… - me muerdo la lengua - ¿Los deportes en nieve?   - Hay una ley que prohíbe a la realeza en línea sucesoria, practicar deportes de nieve – abro al máximo los ojos – Así que no sabría decirle si me gusta o no algo que jamás he realizado   - Olvídelo, porque la última vez que mi hermana tocó un par de esquís se rompió un hueso, ella es torpe para los deportes que no sean pilates – trato de pensar en algo bueno - ¡Ya sé! – le miro – Bailar, a usted le debe de gustar bailar   - Me gusta bailar   - Genial, bailen juntos El príncipe comienza a reír.   - No creo que sea suficiente   - Pero por algo se comienza   - No tenemos muchas oportunidades para bailar juntos   - No importa, encontrarán el momento   - Gracias por intentar hallar algo… - se recuesta en el suelo, con los brazos detrás de su cabeza – Mira… esa es la constelación del cisne – alzo la mirada - ¿Ve esas estrellas alineadas? – asiento - ¿Y esas a los lados?   - Sí… - alzo le mano – Y esa es la de Hércules   - Correcto – nos miramos - ¿Le gustan las estrellas?   - Me gusta la astronomía – me encojo de hombros – Quisiera estudiar astronomía en la universidad y quizá algún día trabajar en la Nasa o donde sea que trabajen los astrónomos… - río – Eso o quizá arqueología, me gusta la historia   - A mí igual Nos miramos, él sonríe por enésima vez en el día y yo no puedo evitar compartir el gesto.   - A mí hermana le gusta la literatura – el príncipe ríe, volviendo el rostro hacia el cielo – Ama la literatura de Austen y la de Bronte, Shakespeare también…   - Quizá también ame las de Hogg y Mily Wu…   - Pues… sí…   - ¿Qué tipo de libros le gusta a usted, Eve?   - Pues… de todo un poco, la verdad, depende de mi estado de ánimo y cuánto me haya gustado – me encojo de hombros – Por ahora, mi libro favorito está siendo Drácula – me río – Creo que me gustan más los de terror…   - Eso veo, tu copia de los cuentos de Edgar Alan Poe está muy dañada   - Es que lo leo una y mil veces, me encanta   - A mí me gusta Dickens   - A mí me encanta “Un cuento de Navidad” – vuelvo a reír, el príncipe me imita – Debo de haber visto cientos de versiones de ese cuento – lanzo una piedra al lago – Me encanta ver películas navideñas con mi familia, abrigados con una manta y una taza de chocolate caliente en las manos   - Eso suena interesante   - ¿Usted tiene una costumbre navideña familiar?   - No exactamente… - volvemos a mirarnos fijamente – En navidad viene mucha gente y se hace una enorme celebración en palacio, así que lo que menos hago es estar con mi familia   - Que lástima…   - Sí…   - Bueno, cuando seas rey, podrás cambiar eso, trasladar la fiesta al día antes de noche buena   - O al día después   - No, al día después ya no tendría sentido – el príncipe ríe – Se convertiría en fiesta previa a año nuevo   - Es usted una persona muy divertida   - De nada Imito una reverencia.   - Gracias por mejorar mi día, desde que me pescaste he sentido un aire relajante a mi alrededor   - ¿En serio?   - Su presencia me relaja – sonrío – Gracias   - De nada… Repito.   - Es muy fácil hablar con usted, Eve   - Lo mismo opino, Alexander – comenzamos a reír a carcajadas – Si mi madre me viera aquí, con el pijama empapado, hablándole con tan poco respeto… se infartaría…    - Al final no me dijo por qué usted está aquí a estas horas Le miro y suelto un suspiro.   - La verdad… - vuelvo a lanzar una piedra contra el agua – No quiero estar aquí…   - ¿A no?   - El palacio es hermoso – miro hacia la enorme construcción de color ladrillo – Pero… no me siento cómoda, siento que tengo que controlar todo lo que hago, desde cómo me paro a lo que digo, el volumen en el que lo digo, cómo me siento, cómo me peino, cómo luzco… - miro el suelo, una mariposa acaba de posarse entre nuestras manos, miro al príncipe y este a mí, sus ojos nuevamente brillan – Apenas ha pasado un día, no soy yo a la que están preparando para ser reina, y siento que ya me ahogué… - Oh…   - Por suerte es mi hermana la que está en este dilema y no yo – miro el lago – Porque yo no podría… no me gusta esta clase de vida…   - Es una lástima…   - ¿Por qué…?   - Porque si su hermana tuviera tu personalidad, definitivamente me fijaría en ella, porque usted llama mucho la atención – le miro, él me sonríe, siento el rostro caliente – No solo su belleza atrae…   - Gracias… supongo…   - Lastimosamente, esta vida no es para cualquiera y usted la detestaría   - Lastimosamente…   - Lastimosamente… Siento una presión en el estómago.   - Eh… - me levanto – Creo que mejor me voy…   - Sí… Él también se levanta del suelo.   - Nos vemos más tarde…   - Nos vemos…   - Adiós… Me alejo.   - Adiós… Dice él, quieto.   - Adiós…   - Eve… - me detengo – De verdad es una lástima…   - Para mí es una bendición…
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