Todos en el quirófano se estremecieron; las palabras de Agnes habían conmovido hasta al más rígido del equipo. Sin embargo, en Ares surgían sentimientos distintos, más profundos y difíciles de nombrar. Cada frase de su esposa había removido algo en su interior de una manera que nunca habría imaginado. Cuando la observó a través del espejo, vio el miedo, la desesperación y la tristeza enmarcadas en su rostro. Pero también leyó en ella la esperanza y el orgullo que sentía por él. Ares contuvo un nudo en la garganta y forzó una sonrisa para transmitirle calma —una calma que no siempre sentía—. Soltó los instrumentos, cerró los ojos un instante y comenzó a repasar la situación en su mente: ¿qué se le había pasado por alto?, ¿qué camino podía tomar ahora? El tiempo parecía estirarse y comprimi

