Entre la espada y la pared: así era como se sentía Ares. Su nivel de culpa aumentaba a medida que la situación con Alicia se volvía más compleja. ¿Qué haría ahora que sabía que ella no se quedaría tranquila hasta conseguir lo que quería? Lo peor era que, en el fondo, sentía que necesitaba dar ese paso para comprender lo que le ocurría: tenía la necesidad de comprobar sus reacciones ante ella, pero no como una presa —como había sido hoy— sino como el cazador. De ese modo, pensaba, podría controlar sus emociones, llevar las cosas a su ritmo y confirmar que solo se trataba de un golpe al ego, del simple gusto por su cercanía y no de algo más profundo. Pero incluso considerar un encuentro donde él tomara la iniciativa le daba temor. Era como entrar en arenas movedizas de las que quizá no sald

