Perderse a sí mismo es como ahogarse. Lo intentas, intentas mantenerte a flote, pataleas, luchas por tomar bocanadas de delicioso oxigeno… pero llegas a un punto donde el cansancio es tal que simplemente tus brazos se detienen, tus piernas se quedan inmóviles e intentas saborear la última inspiración antes de dejarte hundir. Porque sabes que es inútil… nadie llegará a buscarte, nadie pensará que te estás ahogando y aunque lo piensen no les va a importar. A veces pienso… ¿Nos perdemos realmente? Porque pareciera que siempre estamos ahí, de manera literal. Tu cuerpo y tu alma juntos, pero sintiendo que no se conocen, sintiéndose ajenos. Miras a tu alrededor y todo lo que ves no es nada lo que esperabas, te cuestionas hasta el más mínimo acto cometido en tu vida. Te preguntas por qué fin

