Capítulo 28 parte 1

1254 Words
RUBÍ Ahora ya no estaba frente a mi ninfa, el escenario cambió completamente y me encontraba en una parte del bosque al que nunca había ido. Yo, quien mejor conocía el bosque me encontraba oficialmente perdida. Hace un momento estaba disfrutando y jugando con mis ninfas a las escondidas y ahora estaba en una parte del bosque a la que no había ido. Esta parte era la más oscura, los árboles viejos cubrían con sus hojas y ramas la entrada del sol, solo algunos pequeños rayos se escapaban e iluminaban a penas todo ese lugar. Caminé un poco más, mientras más caminaba notaba que la vida en los árboles, en las plantas se iba perdiendo y a pesar de haber poca vegetación la neblina y oscuridad seguían presentes. Eso no me impidió seguir, mis pies me llevaron hacia un pequeño lago, nunca había ido ahí, me sorprendía que el cielo en esa parte del bosque estaba nublado, casi como si la noche llegara temprano a consumir la luz, pero lo que más me llamó la atención no era el lago oscuro, no era el cielo n***o, era alguien que se encontraba sentado ahí tranquilamente como si fuera un día de picnic. Había un hombre sentado en la orilla, cabello n***o, piel pálida, parecía haber salido de nadar porque su torso estaba desnudo, ¿esas eran cicatrices? ¿Me podría acercar? Estaba pensando, pero una voz me hizo sobresaltar. – ¿Te has perdido, pequeña ninfa? ¿Esa era su voz? Resonaba en todo el espacio, pero sin ser dominante, era gruesa, pero suave. Sin pensarlo di algunos pasos. ¿me había confundido con una ninfa? Bueno, eso no era raro, siempre estaba con ellas así que posiblemente parte de su esencia se pegó a mí. – ¿No contestas? – Eh, lo siento. Solo estaba caminando y me perdí. – Ya veo…no puedes estar aquí, deberías irte rápido. – ¿Por qué no? ¿Este no es parte del territorio de la diosa Deméter? Aquel hombre o ¿Dios? No sabía que era, tampoco no ayudaba que siguiera dándome la espalda. Si nunca había visto a un dios masculino, ni a un hombre normal, ¿Cómo podría saber las diferencias entre ellos? Como sea, al escuchar mis palabras se tensó, su espalda antes relajada mostró cierta tensión ¿Odiaba a mi madre? – Como podrás notar, hay una diferencia clara. El bosque con vida es propiedad de la diosa Deméter, el bosque sin vida…es la entrada del territorio del dios Hades. Así que, no es recomendable que una pequeña ninfa como tú vague por estos lados. – ¿Por qué estás aquí entonces? ¿Para ti no es peligroso? Aquel hombre desconocido guardó silencio, yo no le pregunté más, él no me botó, solo me quedé mirando su espalda, esas cicatrices que recorrían su piel, parecía haber librado una gran batalla. – ¿Te incomodan mis cicatrices? Las estás viendo mucho. – ¿Dolieron? Pareces ser un guerrero. – Dolieron mucho…aun duele cuando recuerdo, pero son el símbolo de mi libertad… ¿Qué pensamientos tendría aquel hombre? Quería preguntar más ¿me dejaría acercarme? Justo cuando estaba por abrir la boca, un ruido me hizo girar la cabeza hacia un lado. – …one! ¡Dónde estás! ¿De quién era esa voz? – ¡Perséfone! ¿Era Hécate? Si me encontraba aquí y a solas con un hombre seguro que le decía a mamá. Giré nuevamente para hablar con aquel desconocido, pero no había nada. El lugar que ocupaba estaba limpio, como si nadie se hubiera sentado ahí. En mi estado de confusión una mano me tomó por el hombro. – Perséfone. Te he estado llamando ¿no me escuchaste? Una preocupada Hécate me miraba fijamente, recorrió todo mi cuerpo buscando algún inconveniente o herida y al no encontrar nada, soltó un suspiro de alivio. Eso me irritó un poco, era adulta, podía cuidarme sola ¿Por qué me sobreprotegían tanto? – Estoy bien, estaba jugando con las ninfas y me adentré mucho al bosque. – Este territorio no es propiedad de tu madre, pudo haberte pasado algo. – No soy una niña, solo tenía curiosidad, eso es todo. – Debes tener cuidado, este territorio le pertenece a Hades. – ¿Y qué? No creo que el maestro Hades me haga daño ¿o sí? Es el hermano de mamá. – ¡Claro que no! Hades sería incapaz de hacer eso, pero este territorio aloja seres peligrosos, no puedes estar sola. Me calmé un poco, Hécate era una de las deidades que solía visitar a mamá y por ende a mí, nos acercamos mucho, ella no me mentía, incluso algunas veces salía en mi defensa cuando mamá era demasiado sobreprotectora. – Hécate, no le digas a mamá que vine aquí. – Perséfone… – Por favor, si lo sabe no permitirá que salga a jugar y castigará a las ninfas con las que estaba jugando…son mi única compañía, por favor. Hécate me miró por unos segundos. Ella era alguien muy leal, pero también tenía cierta empatía por mí y mi situación, lo cual usé a mi favor. Era cierto lo que dije, si se enteraba mi mamá, posiblemente me prohibiría salir de casa y yo solo quería al menos tener un poco de libertad. Si Hécate guardaba el secreto, podría venir aquí de vez en cuando y quizá pueda encontrar de nueva a aquel hombre. Hécate soltó un suspiro y asintió con la cabeza. – Está bien, no diré nada, pero solo por esta vez. Feliz, fui con Hécate hacia la salida y mientras caminábamos, me puse a pensar en la próxima vez que vendría aquí. Esperaba poder encontrar a ese hombre y hablar con él un poco más. Quién sabe, quizá la próxima vez me diga su nombre. ------------------------------------------------------------ Mi cuerpo estaba adormilado aún, pero mi mente estaba despertando. Yo tuve un sueño ¿De qué iba? Solo tenía la sensación de extrañeza y añoranza, pero rápidamente lo dejé a un lado e intenté concentrarme en lo que tenía planeado hoy, nombré mentalmente la lista de pendientes que ese día tenía que cumplir. Primero me ducharía, comería algo y luego iría con Catalina a mi negocio para abrir- El estado de adormecimiento terminó cuando imágenes de mi floristería en llamas llegaron a mi cabeza, sí, era cierto, ya no tenía negocio, no tenía trabajo, ni tenía los recuerdos de mi madre. Lentamente abrí los ojos mirando una habitación que no reconocí. Recuerdos de Catalina llevándome a un hotel pasaron en mi mente. Cierto, no habíamos ido a la casa de Caesar, después de lo que pasó no podía volver. Ahora podía observar con más detalle todo, la cama ridículamente grande, al igual que el espacio donde estaba, una puerta casi transparente donde seguramente era el baño, al lado había otra puerta de madera que estaba cerrada. Frente a la cama en la que estaba había una cómoda con varios cajones y un gran espejo mirándome. No tenía una gran vista, pero fácilmente podía ver mi rostro demacrado a pesar de haber dormido...no sabía cuánto, pero seguramente era mucho. Volví mi vista a mi costado un gran ventanal cubierto por unas cortinas blancas, podía notar que era de día. Al ver esta habitación me pregunté cuánto había pagado Catalina. Me acomodé en la cama y entonces escuché la voz de mi amiga hablando. Pronto se abrió la puerta y ahí estaba con ropa que usaba de pijama, un polo de hombre gigante y unos shorts.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD