Capítulo 23

1715 Words
RUBÍ Una semana atrás – ¿Cómo sigue? Raelus ingresó a la habitación mientras traía una charola con comida sobre ella. Mi mirada volvió hacia él por unos segundos para asegurarme que supiera que lo había escuchado y volví rápidamente mi concentración al hombre que se encontraba en la cama durmiendo. – Sin despertar. Así es, cuando los chicos regresaron hace dos semanas y media atrás de la operación para salvar a Nora, estuve feliz de verla, quería preguntarle cómo estaba, si necesitaba algo, pero mi voz se ahogó cuando lo vi. Un Damián muy desmayado y muy sangrante siendo arrastrado por Caesar. Decir que el alma se me cayó a los pies fue poco, en cuanto lo vi sentí el verdadero terror, un terror puro y duro. Al verlo pasar todo pasó como una película lenta y que no recordaba muy bien, en un momento estaba parada viendo cómo Damián pasaba sin poder hacer nada, mis piernas no me obedecían, aunque mi mente me gritaba que vaya con él. Nora pareció darse cuenta y me guio suavemente a donde sea que me llevaba, y bueno, lo demás no lo recuerdo bien, todo fue un borrón para mi memoria. Cuando finalmente lo vi tendido en la cama, sin moverse, sin abrir los ojos, pálido como si la vida se le hubiese escapado del cuerpo, al fin pisé la realidad. Casi pierdo a Damián, él casi muere desangrado a manos de Cronos. Esa imagen no podría borrarse de mi mente en las próximas semanas. – Debes comer algo. No supe en qué momento Raelus se acercó a mí, extendiéndome la charola que traía en manos. Había una taza con café y un plato con una deliciosa tortilla de huevo con salchicha y lo que parecía un pedazo de pan recién horneado. Mi estómago gruñó, ¿Cuándo fue la última comida que tuve? No lo recordaba mucho. Desde la llegada de Damián estuve sentada todo el tiempo, no me movía de su lado más que para darle privacidad a uno de los guerreros para limpiarlo, ellos me ayudaban a cambiar las sábanas, me aseguraba que el suero mezclado con analgésicos que tenía en el brazo no se acabara, le leía libros, le contaba sobre mi día que no era mucho porque ciertamente desde que Damián llegó dejé mi negocio en pausa, no me separaba de él ni cuando dormía porque un guerrero siempre me traía un sillón reclinable para poder dormir y vigilar cualquier variación en el estado de mi guerrero. Tomé la charola y la puse sobre mis muslos, primero tomé la taza con café porque necesitaba la cafeína. – ¿Cómo está Nora? – Preocupada por ti. No sales de esta habitación si no es necesario ¿No crees que deberías tomar un poco de aire? – No. Quiero asegurarme que Damián esté bien. – Lo está. La doctora Ruiz dijo que estaba bien, Héctor también vino a verlo y dijo que físicamente tus heridas estaban curando adecuadamente y que dependía de él despertar. De inmediato arrugué la nariz, claro que recordaba a ese guerrero presumido. Físicamente parecía un ángel con esos ojos verdes, ese cabello rubio y ese rostro atractivo, pero solo hizo falta ver su mirada y esa mueca en sus labios para darme cuenta que era un total idiota. Mis sospechas se confirmaron cuando lo escuché hablar. No dije nada porque según los guerreros él era el mejor, pero ¡qué presumido era! Tanto que me daban ganas de patearle el trasero. Raelus debió ver mi expresión porque soltó pequeñas risas divertidas. – Héctor…él es…un poco diferente. – ¿Un poco? Parece que estaba chupando un limón cada que hablaba y su voz, ¿Siempre estás acostumbrado a tu tono de voz tan presumido y pedante? – Bueno, él fue un noble en el pasado así que su manera es normal para nosotros, solo le cuesta acostumbrarse un poco a que los tiempos cambian. En fin, come todo lo que te traje, tengo que seguir haciendo algunas cosas más. Asentí con la cabeza dejando que Raelus se fuera. Mi mirada seguía quieta en Damián. Mientras comía mi tortilla con el pan me di cuenta que cada uno de los guerreros había experimentado sus propias cosas, Raelus dijo que Héctor era de la nobleza griega y que por eso era tan altivo, pero ¿y Damián? ¿Cómo había sido su vida en el pasado? ¿Había tenido una familia amorosa o tuvo algún problema con ellos? ¿Tenía hermanos o era hijo único? ¿A qué edad decidió convertirse en soldado? ¿Por qué quiso convertirse en soldado? Muchas preguntas pasaron por mi mente y me di cuenta que en realidad yo no lo conocía. Incluso Raelus quien fue el que pasó más tiempo conmigo, no conocía nada de él, pero si decidía preguntar ¿me responderían? Raelus era alguien amable que siempre intentaba ser servicial, pero cuando uno se acercaba demasiado a algo personal, desviaba elegantemente la conversación hacia otro tema. ¿Damián sería igual? Al contrario de Raelus, Damián era un hombre de pocas palabras, sus ojos eran desinteresados y un muro se erguía para que nadie llegara muy dentro, era como si no quisiera que nadie supiera sus secretos. Entonces ¿Debería presionar y preguntar en cuanto se despertara? ------------------------------------------------------------ Tomé la charola vacía y la dejé sobre la mesa de noche, ya me había cambiado a mi pijama y Raelus me había traído el sofá de siempre para descansar. En estos días me había quedado con Damián todo el día que solo me daba cuenta de las horas cuando Raelus o Nora, quien se había ofrecido para verme, me traían comida o ropa limpia. Sí las ventanas estaban ahí, pero la verdad mi cuerpo solo se movía tan automáticamente que ni me fijaba en el día cuando abría y cerraba la ventana, esa era mi vida ahora. – Bien, ¿Dónde me quedé? Oh, aquí, Jade escapó de las manos de Caleb y saltó por la ventana. Por supuesto, el libro que decidí leerle era uno de mis favoritos El libro de Jade de la famosísima Lena Valenti, no entendía cómo no era más conocida esta joyita en series sobrenaturales, pero como buena fan y aprovechando que Damián no estaba en sus cabales para elegir, decidí que era un buen inicio instruirlo en todo este mundo del romance sobrenatural. Antes de que pudiera iniciar, el ruido de mi celular me distrajo. Un número conocido llamando. – Hola Cata, cómo estás. – ¿Cómo está el chico peligro? Sí, le había contado a Cata sobre el “accidente de Damián” porque cuando me llamó yo estaba hecha un mar de lágrimas de alivio, justo cuando la doctora y Héctor nos dijeron que Damián ya no corría peligro. No supe decirle más que mi guerrero había sufrido un fuerte accidente y ahora me llamaba todos los días preguntándome cómo estaba y cómo estaba el chico peligro. Pensé muy secretamente en mi interior que Catalina le había tomado cierto cariño a Damián a pesar que no lo conocía para nada. – Igual de dormido que ayer y que hace dos días. – ¿Qué dijo el doctor? – Dijo que físicamente estaba curando adecuadamente, que dependía de él despertar, tal vez sea algo psicológico. Catalina guardó silencio por unos segundos, unos de los cuales me hicieron pensar en lo que posiblemente esté pasando por su mente ahora mismo. – Estoy segura que pronto despertará, solo ten un poco de fe. Solté un suspiro cansado, acurrucándome en el cómodo sofá. Estábamos sumidas en un cómodo silencio. Por mi parte pensaba en Damián, me imaginaba que él al fin despertaría, que podría ver ese ceño fruncido, que podría escuchar esas palabras afiladas. Iba a preguntar a Cata, pero escuché un sonido extraño a través del móvil. – ¿Cata? ¿Estás en el aeropuerto? Llevé mi mano a mi espalda baja, me ardía y picaba esa zona ¿o era mi marca de nacimiento que me molestaba? Nunca antes había sentido algo así, nunca antes esa zona me había dado problemas ¿era acaso una especie de alergia? Preocupada por mi estado, tuve que ponerme de pie y dirigirme al espejo que tenía el mueble donde Damián ponía su ropa y donde yo ahora también había puesto las mías. – …Gracias señorita…Eh sí, estoy viajando. – Wow ¿En serio? Eso es genial. ¿Adónde estas yendo? Le di la espalda al espejo y solo giré mi cabeza para ver la zona mientras alzaba mi polo de pijama y lo que vi me dejó helada. Al revisarme, lo que me ardía y picaba era precisamente mi marca de nacimiento, pero no era alguna alergia. Mi marca, la que antes era una especie de mancha difusa de un cetro de dos puntas, ahora era nítida, casi como si fuera un tatuaje. Pero ¿Qué mierda? – …des?...¿Rubí? ¿Me estás escuchando? – Perdón, estaba distraída ¿A dónde me dices que estas yendo? – A Tennessee, estoy tomando un vuelo para verte. – ¿¡Qué?! A la mierda el misterio de la marca, ahora tenía una emergencia más importante ahora. No podía permitir que Catalina venga ¿En dónde la recibiría? Estaba segura que ella personalmente querría venir aquí a ver cómo estoy viviendo, con quiénes estoy viviendo y más importante, si estas personas eran buenas para mí. y olvídate de eso, lo más importante ¿Y si pasaba alguna anomalía con su estancia aquí? ¿Si veía los poderes de los chicos? Intenté no ser presa del pánico y me concentré en la voz de Cata. – Mira Rubí, fui muy paciente contigo y tu sabes que no lo soy, pedí unas vacaciones que me deben en el trabajo y veré cómo estás, intenté darte tu espacio, lo prometo, pero mi preocupación por ti, es más. Me llamarás entrometida, pero no me importa, lo que me preocupa es tu bienestar así que estoy calculando que llegaré a Tennessee a las 8 de la mañana y no te preocupes por venir a recogerme, sé que estás ocupada cuidando a tu chico peligro así que solo mándame la ubicación de donde estás y yo iré a tu encuentro. Dios Santo, ayúdame.
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