## Taylor
Vaya mierda encontrarla acompañada nada menos que de Víctor Zolov. Cualquiera que sepa quién es él, y que la Bratva lo protege, entiende que tiene un poder inmenso. Natalia deja de mirarlo para encontrarse con mis ojos. Estoy recostado contra un pilar, con los brazos cruzados, y alcanzo a leer en sus labios cómo le avisa a Víctor que ya he llegado. Descruzo los brazos al verlos ponerse de pie, seguidos por otros que se acercan; Dani me mira con evidente desprecio.
Camino despacio, alejándome para guiarlos fuera del local, pero uno de los gorilas me intercepta el paso.
– Mi jefe quiere verte bajo sus términos, no los tuyos.
No respondo. Lo miro desde mi altura —el gorila es más alto que yo— y recuerdo lo que una vez le dije a Natalia durante su entrenamiento: todos tienen un punto débil. Y la muy maldita aprendió a la primera cada movimiento, cada lección. Ahora era más fuerte e igual a mí.
Sonrío de lado e intento esquivarlo. Cuando intenta detenerme, lanzo un golpe certero seguido de un rodillazo que lo hace retroceder, atrayendo las miradas de los curiosos.
– Es suficiente. Aquí no es el lugar –interrumpe la voz del ruso.
Miro por encima del hombro. Natalia me observa con expresión sombría; a pesar de que no es nuestro primer encuentro, será difícil hacerla creer que estoy de su lado.
– Yo no empecé –digo como un niño pequeño, aunque solo busco provocarla, mirándola fijamente a ella.
– A mi despacho –ordena el ruso, dándose la vuelta y abriendo la marcha.
Lo flanquean tres de sus gorilas, con Natalia y Dani pisándome los talones. Siento un empujón y sé que ha sido Dani. Subimos unas escaleras hasta un amplio piso de ventanas insonorizadas. Las cortinas se cierran mediante un control remoto y las luces se encienden con comandos de voz. Todos se alejan de mí: Víctor se sienta tras su escritorio como el auténtico capo de la mafia que es, Natalia se recarga en el borde, los tres gorilas se quedan cerca de la barra y Dani ocupa un sillón contiguo. El silencio es absoluto.
– Mi nombre es Taylor Sadler.
– Déjate de idioteces y empieza a explicarme por qué estás jodiéndome –Natalia se acerca desenfundando su arma. No es una simple advertencia para intimidar; es la señal de que estoy agotando su paciencia y está dispuesta a matarme.
– Vamos, cielo, ¿quieres desahogarte? –la veo apretar los puños con el arma temblando ligeramente–. Trabajo para el servicio secreto.
Se hace un silencio espeso durante unos segundos antes de que Dani dé un paso al frente.
– Mientes –dice con rigidez.
– Unos tres meses antes del secuestro me llegó la promoción. Conocían mis habilidades y acepté. Me infiltraron en la hermandad para conseguir información, pero aún no me ganaba su confianza. Tenía que hacer méritos y ellos se encargaron de orquestar mi separación de mi familia. No pudieron protegerlos... o quizás confabularon para asegurar mi lealtad. Ya no podía dar marcha atrás. El día que rescataron a Natalia me enteré de la muerte de mi familia y decidí devolver el golpe. Pero como seguían buscándola a ella, tuve que tragarme el dolor, regresar con la hermandad e investigar hasta dónde sabían de ti. Fue entonces cuando descubrí que tenían en la mira al capitán, a su hijo y a Nick.
– No te atrevas a hablar de Nikolay –espeta furiosa, dando un paso al frente.
– El punto es que, tras matar a Amar, quieren verte muerta a ti y a cualquier aliado que te proteja. Has estado causando demasiados problemas y van a cargarse a quien se cruce en su camino con tal de llegar a ti. Me creas o no, todo lo que hice fue para protegerte. Y si intenté matarte en su momento, era la mejor opción disponible.
– ¿Qué quieres ahora?
– Te daré todo lo que tengo sobre la hermandad, incluidas las nuevas armas.
– ¿Qué nuevas armas?
– Tienen en su poder un agente biológico que desatará la muerte de miles de personas si no los detenemos. Desconozco el objetivo exacto, pero soltarán el veneno allí donde estés tú.
– Mierda –Víctor se pone de pie, mirándome con reproche mientras rodea los hombros de Natalia con un brazo.
– Quiero unirme a ustedes y acabar de una vez por todas con la hermandad. Quiero resarcirme, Natalia.
– ¿Resarcirte...? –brama furiosa, acercándose a mí para darme un empujón–. ¿Después de todo lo que has hecho me vienes con ese cuento?
– Todo lo que hice fue para ayudarte; con menos peso sobre tus hombros podrías hacer mejor tu trabajo.
Se abalanza sobre mí, pero no me quedo atrás. Esquivo cada uno de sus ataques hasta que consigo enganchar nuestros brazos; ella usa esa ventaja para girarse y golpearme el rostro hasta reventarme el labio.
– ¡Hijo de puta! –brama atacando con más fuerza.
La bloqueo y la hago caer al suelo, impactando su espalda contra la fría alfombra, mientras al mismo tiempo siento el cañón de un arma apoyado en mi nuca.
– Si la tocas, te mato –la voz de Víctor resuena fría.
Mi puño se queda suspendido en el aire y suelto la ropa de Natalia. Ella se pone de pie, mirando a Víctor con reproche. Sé que estaba omitiendo detalles y ella lo sabía perfectamente.
– ¿Vas a seguir protegiendo a Dawson?
– Deberías agradecerme, preciosa –digo limpiándome la barbilla–. Ese idiota te ha mantenido con vida.
– No vas a poder protegerlo siempre. Lo voy a matar.
– Ya veremos.
Pasa a mi lado sin mirarme y se dirige a la salida.
– Si te veo dudar, si te atreves a darme la espalda, si hay tan solo un atisbo de debilidad... te mataré.
Sale dando un portazo.
– No debiste intervenir –le digo a Víctor–. A ella no le gusta mostrarse débil y no necesita tu papel de niñera.
– Déjate de estupideces y entrégame todo lo que tengas.
– Tenemos que ir a mi escondite, ahí guardo todo: audios, vídeos, documentos... Lo necesario para hundirlos. Además, hay un aliado en particular que desea la cabeza de Héctor.
– ¿Cuál de todos?
– Los Barqueros.
– ¿Tienes contacto con ellos?
– Son uno de mis principales clientes.
– ¿A qué te dedicas exactamente? ¿Eres del gobierno?
– El gobierno ruso... solo sirve para beneficiar a unos pocos. He sido doble espía para ellos y para Estados Unidos. Básicamente, un fantasma.
– ¿Cómo es que la R. R. no te encuentra?
– Porque tengo el código de protección, y Natalia no lo sabía. ¿Quién va a acompañarme?
– Háblame de los Barqueros. ¿Qué quieren a cambio si les entregamos a Héctor?
– El dinero no es problema para ellos. Si necesitan eliminar un estorbo para mantener el equilibrio entre las mafias, lo hacen. Funcionan como una especie de justicieros del bajo mundo. Pero pásate de listo y serás su próximo objetivo.
– ¿O sea que si decido arrasar una ciudad entera eso les parecería mal?
– El mejor ejemplo son los Salomón. Si sueltan un arma, amenazan su propio negocio. Es decir, a nosotros, a las personas, a los recursos que poseemos. Así que podemos irnos ya.
– Ustedes tres, siganlo y regresen a mi casa con el paquete –sentencia Víctor, dejándome a solas con sus gorilas.
Dani me dedicó una última mirada de desdén antes de salir detrás de su jefe.