Extra

3162 Words
Narrado Martin No me arrepiento de lo que he hecho. No voy a mentir, no voy a engañar, quería acostarme con Kimberly mucho más que pasar la noche con Ingrid, incluso prefería tomar mil copas a estar con ella, hoy no quería estar con ella, aún debía acostumbrarme a que había vuelto, ella no lo entendía pero debía aguantarse. Tras que me echara la bebida por encima, volví con Kimberly. —¿Que ha pasado?—me pregunto. La mire. —Larga historia—le dije, no tenía muchas ganas de tener que explicarle que tenía una novia que estaba algo loca. Kimberly paso su mano por mi pelo mojado y lamio mi cuello. —Que rico—dijo moviéndose para separarse un poco de mi. Reí. Me desabrocho un poco la camisa para que se viera mi pecho y me agarro de la mano para arrastrarme a la pista de baile. Kimberly bailaba pegada a mi de forma muy diferente a la que estaba acostumbrado, Ingrid era más recatada, no se pegaba tanto a mi y mucho menos pasaba su culo por todo mi cuerpo pero esta chica no tenía miedo a nada y bailaba como si no hubiera un mañana pegada a mi, acariciando cada parte de mi y dejándome tocarla sin un solo problema, Ingrid no me dejaría hacer esto en absoluto, pero Kimberly era diferente cosa que me gustaba con demasiada intensidad. A lo lejos vi como Ingrid se fue con un chico que no pude ver, me sorprendió que lo hiciera, ella no es de esas personas que no conoce pero quizás es su venganza, cosa que no estaría bien, yo no he aceptado que ella este con otro, no me lo ha preguntado. —¿Que pasa?—me pregunto Kimberly con su acento latino. Kimberly era un nombre artístico, en realidad se llamaba Valentina Gómez, era una cubana de tetas grandes que emigro muy pequeña a mexico y se hizo conocida en las telenovelas del país, era muy buena en esos dramas en los que había que exagerar todo, parece ser que un director americano se fijo en ella y se la llevo a estados unidos, a los ángeles para hacerla famosa, y normal, era muy talentosa y no solo en cosas de actuación, no le habían dado un buen papel de momento, la hacían salir en películas tontas de esas que son medio chiste pero ella lo hace muy bien. La mire. La chica tenía sus manos rodeando mi cuello, estando muy pegada a mi. —Nada—le dije. No estaba seguro de que no me molestara lo que estaba haciendo mi novia pero no podía afectarme, tenía a la chica más guapa de todo de quizás el mundo entero a mi lado. Kimberly movió su pelo rojo moviendo su cuello y me miró. —¿Estás preocupado por tu hermana?—me preguntó. La mire. Le había dicho que Ingrid era mi hermana, tras la escena que había montado la loca de ella tenía que inventarme algo, le dije que Ingrid era mi hermana pequeña que acababa de llegar a la ciudad, que quería rebelarse pero que yo no le dejaba porque era demasiado niña. Me dio la razón, es que la tenía, , Ingris venía a Madrid pensando que podía alterar toda mi vida, pensando que debía vivir por ella, dejar todo e ir con ella. Y no, yo había formado una vida aquí que me gustaba mucho más que la vida que tenía en Bilbao, en Madrid no era el niño pobre que salía con una niña rica, que tenía que ahorrar muchos meses para darle un buen regalo de aniversario, no era ese chico que debía matarse para encajar en el mundo de niña rica de su pareja, era uno más. —No—le dije. No me importaba lo que hiciera, yo estaba con una de las actrices más guapas y más buenas del mundo, tenía la oportunidad de estar con la que muchos calificaron como la mujer más guapa del mundo ¿Y me iba preocupar de que mi novia estuviera con otro? Pues no, me molestaba, demasiado, pero tuvo tantas oportunidades de dejarme que dudo mucho que me deje, por un chico que solo la usara por sexo, para que mentir, la tengo en donde quiero, ella no hará nada, en el momento se echara para atrás y vendrá donde mi llorando. y encima iba poder conseguir lo que quisiera de ella. —No me mal entiendas, si le pasa algo tendré que encargarme pero se que no hará nada—comente. Ella me miro, Rozo nuestras narices, como si me fuera a besar pero estaba claro que no lo iba ha hacer, me iba ha hacer sufrir un poco más para que me dieran más ganas de estar con ella, sabía como funcionaban las mujeres, todos iban de puritanas de niñas buenas que no querían nada, pero todas deseaban que un hombre las dominara, todas lo deseaban. Era como Ingrid, al principio decía que no quería nada, siempre se quejaba de que solo pensaba en sexo, pero cuando una noche de borrachera lo hicimos, luego repitió muchas otras noches. Las mujeres se creen que los hombres somos idiotas pero esta claro que no lo éramos, sabíamos lo que ellas querían. —Si no te preocupa, no pienses en eso, y dame atención—me exigió. La mire. —Tienes toda mi atención—le dije. Kimberly agarro mi mano para llevarme con ella a la zona vip, no dije nada, no me voy a quejar de ir a una zona más tranquilo para pasar un buen rato, subimos las escaleras, en una esquina vi a Sofía que me hizo un gesto de aprobación con el dedo, le guiñe un ojo. Ella era mi mejor amiga y la que más me apoyaba en eso de tener una loca aventura con alguien a pesar de tener pareja, ella opinaba como yo, estar con una persona desde muy joven complicaba las cosas, llegaba un punto en el que si no le dabas emoción a la cosa, todo se volvía una mierda, y eso me pasaba con Ingrid ella estaba demasiado obsesionada con la idea de formar una familia y tener dos hijos, por dios, teníamos poco más de veinte años, debíamos vivir la vida, follar en cada esquina, irnos de mochileros y hacer locuras en publico, no pensar en crios de mierda que solo saben llorar y quejarse. Si aún no he dejado a Ingrid es porque se que si ella esta contenta, su padre me dara un trabajo en el que haga poco y gane mucho, todo por su niña bonita y no es que tenga que hacer mucho para tenerla contenta, de vez en cuando le digo algo bonito y ya esta, ella se cree super especial. Kimberly me tiro en uno de los sofás y se puso encima de mi. —Trae vino—le ordeno a uno de los camareros. La chica paso sus manos por mi pecho descubierto y la mire. —Que rapido quieres empezar a jugar—le dije Ella me miro algo molesta pero en lugar de decirme algo me beso metiéndome la lengua en la boca, la agarre del culo apretando este con gran fuerza, lo tenía muy bien, no voy a negar que era el culo perfecto. Obviamente le seguí el beso, uno lleno de lengua y pasión, besos que jamás me daba Ingrid, esto si que era vivir la juventud. —Aun no te he preguntado tu nombre—me dijo mientras comenzaba a desabrochar mi pantalón. —¿Para que quieres saber mi nombre?—le pregunte sorprendido. Ella me miro. Esto era cosa de un momento, no iba repetir con ella ni una noche más iba cumplir mi fantasia con ella y luego engañaría a Ingrid para hacer lo mismo con otra persona, era demasiado fácil de manipular, era demasiado sensible y empática, por lo que solo tenía que llorar un poco y ya tenía lo que quería. —Me gusta saber con quien me beso—me dijo. La mire. —No tengo una enfermedad s****l si es lo que te importa—le dije. Kimberly me miró. —No he pregunta eso—me aviso. La mire. —Si quieres saber mi nombre para gritarlo, olvidalo, bonita, odio que las mujeres griten—le dije. La chica me miro bastante sorprendida. Cuando estaba con alguien, follando, no me gustaba que gritara mi nombre como forma de disfrute, para mi lo mejor es que dijera algún monosílabo, o que me dijera que quería que hiciera, aunque siempre lo hacía bien por lo que un ah, era lo más adecuado aunque era bastante molesto que se pusieran a gritar. Ingrid era perfecta en eso, se tumbaba y no gritaba ni hacía ruidos molestos. —Si te crees que una mujer disfruta sin gritar estas jodido—me dijo. Le mire. —Mi novia lo hace—le dije. Kimberly separo sus manos de mi cuerpo, sorprendida. —Puedo ser muchas cosas, pero no voy a participar en que una chica tenga cuernos—md zvixo. La mire. —Ella lo ha aceptado—le deje claro. Me miro. —Es la chica que te ha lanzado la copa—comentó apoyando sus manos en mi pecho, me dedique a soltar los tirantes de su vestido para ver su sujetador lencero de mejor forma. Ella no se estaba resistiendo, aunque estuviera quejándose porque estuviera con ella y no con Ingrid, estaba dejándome hace lo que quería con ella, la doble moral de las mujeres era demasiado sorprendente, delante de ellas eran amigas, aun sin conocerse pero en la vida real, a la hora dela verdad, no les importaba nadie más que ellas. —No puedo hacer esto—susurro, metí mis manos por debajo de su vestido tocando su culo por encima de sus bragas y seguía sin resistirse, ¿Como me iba creer que no quería que hiciera lo que me diera la gana con ella si no me paraba? La mire, no creía que le tuviera que dar muchas explicaciones, y también te digo que no lo iba a pillar por mucho que se lo explicara, era una de esas actrices guapas que solo servían para adornar la pantalla, no creo que fuera muy inteligente. —Pues si, estaba bastante claro—le dije. Kimberly me miro molesta, puede que el alcohol,ya me hubiera hecho dejar de ser amable y encantador pero en ocasiones me cansaban las mujeres con tantas preguntas y tonterias. —Deberías ir a donde ella y estar con ella, porque si aguanta esto, es demasiado buena—me dijo. La mire. —No me gusta que me den ordenes—le avise. Me miro. —Cariño, no estas en poder de que no te gusten mis ordenes—me dijo, La mire. Estaba demasiado molesto por si actitud, ¿Por que las mujeres se creían que podían mandarnos? Estaba claro que soñaban, las mujeres no tenían el poder de la relación, como había demostrado la historia eran los hombres los fuertes y poderosos, somos personas mucho más inteligentes y con más poder que ellas, las mujeres estaban creadas de los hombres, estaban creadas para ser una decoración para seguirnos en todo lo que nosotros deseáremos, no para mandarnos. —Si crees eso, dejemoslo así—le dije. La chica me miro. —¿Que mierda te crees?—me pregunto. La mire sorprendido. —Alguien que no sigue ordenes de mujeres—le dije. Kimberly me miro. —No somos iguales—me dejo claro y la mire—Yo soy mucho y tu no eres nada, si quieres tener algo conmigo, debes hacer lo que quiera—me dijo. La mire bastante sorprendido. —Puedes tener las tetas todo lo grande que quieras pero no voy ha hacerte caso por ello—le avise. Le solté el sujetador con facilidad y lamí su pezón. —Tienes novia, respétala—me dijo molesta separandome de ella. —Te he dicho que me deja, joder—le dije Estaba demasiado molesto por tener que estar casi suplicando que me dejara meterle mi polla en su coño, no se, creo que era demasiado sencillo, pero parece ser que a ella era demasiado tonta, era una idiota, era sencillo entender que si quería estar con Ingrid no estaría con ella, estaría con mi novia haciendo una de las mil cosas aburridas que a ella le gustan hacer pero estaba aquí con ella, teniendo que aguantar sus tonterías, me arrepentía de haberle alejado de ella, porque era demasiado idiota. —No me importa—me dijo ella molesta. La mire. Kimberly se levantó de encima de mi dejándome ver mi gran erección. —¿Te crees que con esa mierda ibas ha hacer algo?—me pregunto. La mire molesta. —Mira, puedes ser todo lo famosa que quieras pero no debes humillar a nadie—le avise. Ella me miro. —¿Como tú con tu novia?—me pregunto. Le mire. —No te metas en mi relación—le avise. Me miro. —Tu me has metido al ligar conmigo, si no la quieres la dejas—me dijo. La mire entre sorprendido y molesto. —Me dice eso la misma que se enfada cuando la rechazan—le dije. Kimberly era conocida aparte de por sus grandes tetas por ser la niña consentida del mundo del cine, era guapa y era muy fácil que chavales con hormonas y sin cerebro pagarán por sus películas, que si había luchado y algo de talento tenía, pero no como el de las grandes estrellas del cine, que dejara de ser una niña llorona. —Mis problemas con el rechazo, son asunto de mi, pero que engañes a tu novia conmigo es cosa de los dos, y me niego a que esa chica lo pase mal—me aviso. Le mire. —¿Que mierdas te importa? Follemos y olvida mi cara—le dije. Ella me miro molesta e hizo un gesto a alguien, no supe a quien fue pero poco tiempo después un guardia de seguridad me agarro del brazo y me saco de la zona vip, estaba demasiado molesto, me acerque a la barra y saque mi teléfono para llamar a Ingrid, si yo no podía estar con la persona permitida, ella mucho menos, ese trato era para que yo saliera bien parado, no para ella. No me contesto, parecía que tenía en telefono apagado. —Sera hija de puta—me queje pegando un puñetazo a la mesa. —La mesa no tiene la culpa—me dijo Sofia acercándose a mi. —No estoy de humor—le avise. Me miro. —¿No folla bien?—me pregunto. La mire,. —Me ha echado dejándome con el calentón—me queje. Sofía me abrazo por detrás para meter su mano en mis pantalones. —Sabes que los amigos estan para aliviar ese dolor—me dijo. Sofía y yo no teníamos la típica relación, Ingrid se negaba a tener sexo telefónico o enviarme fotos de ella desnuda, ella era demasiado aburrida, no quería hacer nada, solo ser una niña buena y que la gente la viera bien, por ello me tuve que buscar como aliviar las ganas. Soy de carne y hueso, tengo mis necesidades y el sexo es una de ellas, necesito tener sexo para que mi polla no se ponga mal. la ciencia demuestra que los hombres necesitamos darnos cariño para estar saludables, pero el porno no es divertido, me gusta tener a una mujer desnuda a mi lado, Sofía entiende eso, no le importa ser la otra y me ayuda en más de una ocasión con mis problemas, ella también se beneficia por lo que no la uso. Usar sería que ella no fuera consciente de que es la otra, pero ella sabe que no voy a dejar a Ingrid por ella, por mucho placer que me de Sofia, Ingrid me da oportunidades, tengo con ella un rico futuro asegurado, con casas de campo y seguramente varios ceros al mes, y no es algo a lo que vaya a renunciar, por muy bien que Sofia folle. —La hija de puta ha insinuado que soy mal novio—me queje. —¿Pos satisfacer lo que ella no te da?—me pregunto. Me gire para mirar a Sofía haciendo que sacara sus manos de mi ropa interior. —Y la maldita de Ingrid no responde mis llamadas—me queje. Sofia me miro. —A nosotras nunca nos calló bien— me dijo. La mire. —La acabáis de conocer—le dije. Que yo critique a mi novia es una cosa, yo salgo con ella, yo se como es ella cada día, yo la puedo criticar pero nadie más puede hacerlo, ella es inaguantable para que mentir pero es cosa mía, era yo el que la tenía que aguantar, a ella y su familia, pero lo hacía por mi futuro, ella era la que me iba dar un buen futuro, cuando tuviera lo que necesitara, la podría dejar si me era conveniente, pero ella era la mujer perfecta, alguien que tener en casa, alguien sin muchas ambiciones, simple y manipulable . —¿Y?—me pregunto y le mire—No necesitamos mucho para saber que es demasiado inaguantable, va de niña buena y es demasiado insoportable—me dijo. La mire. No voy a negar que Ingris siempre da una mala primera impresión, es demasiado insoportable, es una niña pija, no se, que tuviéramos que ir por ella a la gran vía dice mucho, demasiado por lo que era normal que no callera bien. —Necesito una ducha fría—me queje. La erecion ya me dolía. —También podemos ir al baño—me dijo. La mire. Sofia era demasiado intensa, en ocasiones tenía la sensación de que era más adicta al sexo que yo. —Ahora más que nunca, te debo dejar claro que yo siempre elegiré a Ingrid—le dije. Me miro. —Solo es sexo—me dijo Sofia. Asentí. —Vayámonos a casa—le dije. Agarré la mano de Sofía para irme con ella, Sofía se despidió de Clara, ellos no se sorprendieron sabían de nuestra relación, eran todos ellos quienes me apoyaron y me ayudaron a que me lanzara y tuviera a Sofía como mi terapia s****l personal, no me da verguenza pero tampoco es algo que vaya a contar a Ingrid, no quiero tener que explicarle las mil razones por las que esto es culpa de ella, además ella ha decidido venir a Madrid aunque le he dicho que no lo haga por lo que todo el daño que sufra aquí no es mi problema ni mi responsabilidad, solo es de ella.
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