Llega un momento en la vida en que todos sabemos que la hemos fastidiada, el mío era este, no quería que mi novio estuviera con otra, quería correr a donde él, abrazarle, decirle que el quería, que no quería que estuviera con otra, que quería solo tenerle a mi lado, que quería que fuera solo mío y yo solo de ella, quería que nadie nos pudiera separar pero en su lugar le había dejado irse con otra mientras que yo estaba con otro chico, dios, las cosas son demasiado complicadas.
Todo es demasiado complicado con Martin, no comprendo porque no puede hacer las cosas más sencillas, no se, las relaciones no deberían ser tan complicadas, debería ser todo más fácil pero en mi vida no paraba de complicarse la cosa, y por cosas que si hablara, no pasaría pero tonta de mi, solo se buscar que los demás estén bien, que los demás esten comodos aunque yo me fastidie, si es que soy idiota, menuda mierda de psicóloga estoy hecha.
Jamie agarro mi mano para subirme a la zona vip, como si me conociera de toda la vida, pero no lo hacía.
Suspiré.
Sabía perfectamente lo que habíamos acordado, sabía lo que decimos, sabíamos perfectamente lo que dijimos, sabía que él solo quería sexo, ahora lo acepte porque necesitaba apoyo, necesitaba que alguien le diera la confianza que necesitaba, no es que lo compartiera pero al final, debía aceptarlo por el bien de nuestra relación. Sabía que también por el bien de nuestra relación, no debíamos desarrollar sentimientos con la persona que el otro nos había permitido el otro, no debíamos sentir cosas con la persona que solo debíamos tener sexo. No tenía ganas de tener sexo con Jamie, no porque no me atrajera o fuera alguien con quien no me planteará tener sexo, por dios, era la persona más sexy del mundo, era muy guapo y encima tenía ese aura de chico misterioso que me atraía a él demasiado fuertemente.
—Siéntate donde quieras—comentó Jamie.
Le mire, hacía demasiado tiempo que no hablaba en ingles y menos en un nivel nativo, aunque había gente que hablaba ingles no era una conversación fluida, las cosas iban lentas y se me quitaban las ganas de seguir la conversación, todo era demasiado lento y aburrido por lo que hablar dejaba de ser una buena actividad y pasaba a ser una tortura, apreciaba con todo mi corazón a las personas que hacían ese esfuerzo pero en ocasiones era mejor callarse a inventarse las palabras, por eso hablar de el idioma me hacía sentir bien, era este en el idioma que más cómoda me sentía.
—¿Me entiendes?—me pregunto en español con un claro acento ingles.
Le mire.
—Hablo ingles, mucho mejor que español—le deje claro, en ingles.
Jamie me miro sin decir nada, creo que estaba demasiado impresionado, creo que se tomo mi comentario como una forma de soberbia pero no lo era.
—Te aseguro que he estado con españoles y no son muy hábiles—comento.
Jamie se sentó en una de las salas vips, y me soltó la mano.
Le mire.
—No soy española—le deje claro.
Jamie me miro con más interés que antes, no se porque ese dato podía cambiar algo de lo que le hiciera hacer pensar de mi, pero parece ser que si lo hizo, enserio, no comprendo a los hombres, para que luego se quejaran de que las mujeres somos complicadas, que si, podemos en ocasiones no decir las cosas tal cual las queremos porque esperamos que la otra persona lo deduzca pero eso no nos hace complicadas, sino misteriosas, son los chicos los que no dicen nada y no dan señales de lo que quieren, sin ellos los complicados, no nosotras.
—Creo que te has vuelto más interesante—comento.
Le mire.
Me senté enfrente de él, no estaba muy convencida de estar aquí pero creo que estar abajo cerca de donde estaba Martin me iba volver loca por no decir otra cosa. Me dolía demasiado que Martin se quisiera acostar con otra, comprendía que Martin se sintiera inseguro por diferentes cosas pero es que es horrible, puede que comprenda demasiado lo que estaba pasando, comprendía demasiado bien que se podía sentir demasiado inseguro y que quizás necesitaba otro tipo de apoyo para sentirse bien, pero eso no quitaba que me doliera, me dolía demasiado no ser suficiente y si, quizás tenía la oportunidad de estar con otro en mis narices pero eso no lo hacía más fácil, eso no hacía el dolor más llevadero. Jamie era atractivo, era esa persona con la que sin duda todas engañaríamos a nuestras parejas pero no solo eso, sino que era, aparentemente, buen chico pero claro las apariencias engañas quien parece bueno siempre resulta ser el malo, la bestia que nos encierra pero quien sabe quizás es el malo quien nos lleva a una aventura que jamás soñamos vivir y nos lo pasamos muy bien. Y no se porque estoy pensando en esto, no se porque mierdas mi cabeza se esta planteando el irme con otro chico cuando quiero a mi novio, no le quiero dejar, no quiero romper la relación, tengo planes para nosotros, enormes planes que nos harán ser felices a los dos, lo se, eso lo se aunque el no lo sepa, yo lo se, se que nuestro destino es estar juntos, se que nuestro destino es amarnos hasta el final de nuestros días, lo se, pero pensando en Jamie, todo se me tuerce, me imagino las aventuras que podía vivir con él, y no solo en una noche, sino gritando por las calles de todo el mundo, gritos de amor pero claro eso no depende solo de mi, que una persona pase de ser mi fantasia a realidad son cosas complicadas, tengo veintitrés años, debo pensar en mi futuro, no en vivir la vida loca. He tenido desde la adolescencia para correr riesgos y no he querido por lo que me fastidio, ahora a buscar trabajo y esperar a casarme.
—Rubia—me llamo Jamie.
Le mire bastante sorprendida, no sabía bien que hacer o que decir, las cosas eran más complicadas de lo que pensaba, a ver creo que es demasiado obvio que las cosas no eran tan sencillas, sino que todo era un manojo de sentimientos complicados.
—¿Que?—le pregunte algo perdida en demasiadas complicaciones.
Le mire.
—¿Qué te pasa?—me preguntó, se le notaba demasiado su acento tejano ¿Puede un acento hacerte querer besarle? Porque el suyo me vuelve loca, no voy a negar que siempre he preferido a los americanos que a los españoles, no por temas de nacionalidad, sino porque los españoles son muy secos y aunque en estados unidos hay cosas que están mal vistas, son mucho más románticos.
—Demasiadas cosas—le deje claro.
Me miro, sin decir nada por unos segundos analizándome.
—Tengo tiempo—se limito a decir sin darle importancia a nada más.
Le mire, no creo que le interesaba realmente lo que me estaba pasando, creo que solo lo hacía por cortesía pero necesitaba demasiado hablar con alguien de lo que estaba sintiendo, porque me sentía como una idiota sin cerebro.
—Soy una idiota—le dije pasando mi mano por mi pelo.
Jamie me miro, hizo un gesto a un camarero para que le trajera algo de beber.
—Me da que va ser una larga y dura conversación—comento, tenía demasiada razón, iba ser como una enorme patada en las tetas—¿Quieres algo de beber?—me preguntó.
Le mire.
—Una coca-cola—comente.
Me miro, no dijo nada, pidió lo que le pedí, obviamente estaba claro que no le gustaba lo que había pedido, quizás estaba sorprendido pero debía ser consciente de todo lo que hiciera, necesitaba demasiado ser consciente de todo lo que hiciera.
—Quiero ser consciente de todo lo que haga o diga—le aclare.
Jamie me miro.
—Una cosa buena de españa es que a los dieciocho se puede beber—me dijo.
Le mire.
—Tengo veintitrés—le dije e hice una pausa—Bueno casi, los cumplo en unos meses—aclare.
Me miro.
—Entonces tienes veintidós, no te pongas años de más—me dijo y le mire—Yo tengo veinticuatro por lo que puedo beber en el país que quiera—comento y agarro la bebida que pidió al camarero para darle un corto trajo, parecía whisky pero no estaba para nada segura de lo que estaba bebiendo, no es que soy una experta en bebidas.
El camarero dejo la cocacola en la mesa enfrente de mi y se fue, la mire con ciertas dudas, cualquiera sabe que no debes beber nada que no te abran delante de ti pero no creo que en este lugar nadie me quiera hacer nada y me muero de sed, así que me arme de valor y bebí un poco.
—Mi novio me pidió que hiciéramos un trato—le dije cuando el camarero se fue.
Me miro.
—¿Tienes novio?—me pregunto sorprendido.
—Desde hace más de cuatro años—le dije.
Me miro impresionado.
—O sea sales con un gilipollas desde hace tiempo, desaprovechando tu vida—me dijo.
Le mire impresionada.
—Tampoco hay que pasarse—le dije.
Me miro.
Aún sentado se estiro hacia adelante para mirarme.
—Si fueras mi novia no te dejaría sola—comento.
—¿Como?—le pregunte impresionada.
—Si vienes a una discoteca con tu novia, si no tienes zona vip como me imagino que tu novio no pago, estaría hasta que me mataran los pies bailando con ella, no por desconfianza sino porque es para lo que se viene a las discotecas—me dijo.
Le mire.
—Ni siquiera hemos pagado entrada—le conte.
Me miro.
—¿O sea que te ha usado para entrar?—me pregunto.
Le mire.
—Yo me he dejado—aclare.
—Eso no lo hace menos malo—me dijo y le mire—No se como va vuestra relación pero que yo no dejaba que mi novia fuera usada como un objeto lo tengo claro, es algo más que una herramienta para mi uso y disfrute, es una persona con sentimientos, y viendo como estás, no te gusta como te ha tratado hoy—dijo.
Le mire impresionada.
Estaba demasiado impresionada, no porque me dijera eso, había tenido demasiados chicos tonteando conmigo incluso con Martin delante, a algunos no les importaba lo de que tenía novio, era demasiado divertido pero como se daban contra una pared aunque les dijeras que no, para que mentir.Me hacía demasiada gracía cuando se acercaban a mi para ligar conmigo, en ocasiones Martin les mandaba a la mierda pero era divertido que aunque yo no mostrara interés dijeran piropos o frases divertidas, no niego que había algunas geniales, para que mentir me gustaba apuntar las frases más originales en una libreta, a Martin le molestaba demasiado que hiciera eso y en ocasiones a mi me molestaba que tontearán conmigo pero me gustaba que me hicieran subir la confianza en mi misma.
Pero no solo eso, había sabido leer la situación de forma perfecta como si fuera un libro abierto para él, no había dicho nada y él ya sabia todo ¿Como alguien podía tener esa habilidad? Aunque se dedica a escribir canciones, a contar historias con música por lo que debe ser para él demasiado sencillo leer a las personas o al menos imaginar la historia que hay detrás de ellos. Me había pillado, calado o de la forma que lo digáis, la cosa era que, me había mirado y eso le basto para saber que había pasado esta noche, me sorprendería más si me dijera más cosas de mi pero aún así lo que hizo era demasiado sorprendente.
—Soy bueno leyendo a la gente—comento y le mire.
—Se ve—le dije.
Me miro.
—También soy muy bueno escuchando—me aclaro.
Le mire.
—Mis amigos amigos me dicen que doy buenos consejos—añadío.
Le mire.
Insistia demasiado en saber que me había pasado no se si era porque quería que le dejara, quería que mandara a pasear al parque e irme con él, quizás debía hacerlo, quizás había apagado las luces rojas que Martin me daba porque quería con todo mi ser amar, quería ser amada, quería pasar por esa etapa que todos pasan pero yo nunca llegue a experimentar, era guapa si pero eso no lo hacía todo era una persona a la que le gustaba vivir de una forma, aunque tuviera dinero y me gustase vivir en riqueza no era algo que necesitara, no necesitaba el dinero para ser feliz pero la gente solo me veía como una niña rica que vestía ropa cara e iba a restaurantes caros, la gente no quería acercarse a mi, al menos los chicos que a mi me gustaban, claro era el dilema que tenía todo el mundo, que hasta a las guapas les pasaba.
Esto estaba sonando demasiado creído, no me creía guapa, a ver se que lo era por las mil veces que me silbaron por la calle y me gritaron guapo, ¿Es agradable? No pero no podemos hacer nada, pegarles un puñetazo, eso sirve en ocasiones pero no siempre, algunos se vuelven locos porque unas chicas les puedan, llorones.
La cosa es que Jamie me daba confianza para contarle todo, no por lo que me dijo de que era bueno escuchando y con los consejos sino porque me sentía segura a su lado, era como si no fuera complicado nada a su lado y no me gustaba, porque era una facilidad que no sentía siempre con Martin.
—Hicimos un trato—le dije.
Me miró, no le quería dar demasiada importancia a lo que había dicho para que mentir, que tonteará conmigo no era algo demasiado importante, como ya deje claro antes, era algo a lo que estaba acostumbrada.
—Íbamos a estar un año separados y no se, me pareció la mayor locura del mundo—me queje.
Me miro sorprendido.
—No se si me va gustar—comentó bebiendo un poco.
Le mire,
—No te va gustar, a mi no me gusta ni a mi—le dije.
Me miro.
Se acomodo en el asiento para mirarme, creo que analizo mi cara y mi forma de estar sentada, estaba todo menos cómoda con este tema, me molestaba demasiado como iban las cosas, me molestaba demasiado haber aceptado el trato.
—El trato consistía en que el otro permitiera una persona con la que el otro pudiera estar sin problemas—le aclare.
—¿Cuernos permitidos?—me pregunto y le mire—Luego a cantar Felices los cuatro—me comentó.
Le mire.
—No es gracioso—me queje.
Me miro serio, me di cuenta de que tenía unos brillantes ojos negros, era demasiado intensa pero no esas miradas que parecían que te desnudaban con la mirada, que para que mentir, miraba de una forma que te daban ganas de desnudarte pero quitando eso, la forma en la que miraba era como si estuviera estudiando mi alma, mis mayores miedos, no se si realmente lo estaba haciendo dudaba mucho que una mirada sirviera para eso pero era la sensación que me daba. Y ahí no estaba el problema, el problema estaba en que no quería que me dejara de mirar, en que quería que me tocara con sus manos de formas demasiado impuras, no creo que en la forma que deseaba que estuviéramos fuera sana, no solo por los cuernos que le iba poner a Martin de formas inimaginables sino porque no creo que el chico este preparado para eso.
—No me estoy riendo—aclaró.
Le mire molesta.
—Me dio argumentos que no supe como tomar, me dejo claro que solo era un permiso que no tenía porque hacerlo pero ahora esta con esa chica en la zona de abajo y yo me quiero morir—dije.
Me miro,
—Me ha dicho que se siente inseguro y que necesita eso—le aclare.
Me miro.
—Ese chico te esta manipulando—me dijo y le mire.
Estaba impresionada, no conocía a Martin y se tomaba la libertad de juzgarlo, no podía hacer eso, tampoco me conocía a mi y menos nos conocía como pareja, debía vernos para saber si lo que pensaba era cierto que no lo era, ya lo dijo yo, Martin era un gran chico, y yo era psicóloga, estaba segura que si me manipularan sabría perfectamente ver las señales, había estudiado para ayudar a gente a verlas y salir de manipulaciones ¿Que ejemplo iba ser que yo estuviera en esa situación? No muy bueno, eso estaba claro.
—Claro que no, me quiere—me queje.
Me miro.
—El amor no son solo estar en los buenos momentos, es compresión y estar en los malos momentos—me aviso, no dije nada—Cuando quieres a alguien, no necesitas a nadie más, a ver que si, existen relaciones polígamas en las que todos son felices pero son en relaciones que todos están de acuerdo, no que uno disfruta y el otro se sienta en una escalera llorando, parece que tu solo le necesitas a él y él solo esta contigo por comodidad—me comentó.
Le mire.
Pase mi mano por mi pecho, estaba demasiado dolida, no comprendía como unas palabras me podían romper de esa forma el corazón ¿Era por dolor de que dudaran de mi amor? O quizás, me dolía porque en el fondo de mi corazón sabía que era verdad.
Negué.
Martin me quería, si no quisiera estar conmigo me hubiera dejado hace tiempo, me hubiera dejado en alguna de las peleas, no hubiera seguido a mi lado.
—¿Quien pide siempre perdón?—me pregunto.
Le mire sin decir nada.
Me quede pensando, analice su pregunta por mucho que me dolieran sus preguntas las condenadas me hacían pensar como si no hubiera un mañana, entraban en mi cabeza con fuerza, sin dejarme salir de ese dolor, sin dejarme pensar en otra cosa ¿Quien pedía perdón? Recordé las ultimas peleas, la más reciente fue cuando discutimos porque yo adelante mi viaje a Madrid, el dijo que no iba poder verme, que era idiota si adelantaba el viaje, y yo solo quería disfrutar de la ciudad y comprar ropa, había abierto una nueva tienda de Prada en Madrid por lo que quería verla, y regalarle a mi madre una chaqueta que le gusto, no lo hacía solo por verle, pero fui yo la que le pidió perdón por molestarle, sentía que lo hacía al estar en la misma ciudad. Pero antes que ella tuvimos varias, la mayoría por no querer tener sexo telefónico pero esas fueron muy al inicio de que estuviera en Madrid, de que estuviéramos lejos, luego llego un punto en que dejo el tema, nadie pidió perdón, al principio pensé que fue porque me engañaba pero me explico, tras una enorme pelea que era porque sabía que a mi me molestaba, me disculpe. Pero eso no tiene nada que ver, esas veces fueron mi culpa, yo dude de él y le moleste, no fueron cosa que él hizo contra mi, sino que a la contra.
—¿Esta en los malos momentos?—me pregunto.
Le mire.
Martin es bueno en muchas cosas, me comprende en demasiadas cosas, comprende que quiera tener un futuro lleno de logros, por lo que me apoyaba demasiado cuando me pasaba las horas estudiando o no le veía en unas semanas por estudiar, era un apoyo en eso, pero también era verdad que no estaba en los peores momentos, hubo muchas veces que tuve que agarrar y pedirle ayuda, es verdad que no estaba cuando más le necesitaba y que en ocasiones era demasiado insensible, para que mentir, tener que andar detrás de tu novio diciendole las cosas no era nada divertido, pero es que me quería, me quería de una forma que otros no lo hacían, me hacía sentir bien cuando peor estaba por lo que no comprendía porque iba a necesitar que me diera apoyo, aunque era verdad que estaría demasiado bien que me diera el apoyo, que necesitaba, necesitaba apoyo en los peores momentos y era verdad que él no me lo daba del todo, cuando murió mi abuela materna, el estaba de viaje en Alemania y no volvió por mi, me dejo sola pasando el duelo y no solo eso sino que alargo su viaje un semana más aunque yo lo estaba pasando mal.
Cerré mis ojos.
—No se—comente—Me haces tantas preguntas que me hago plantearme todo, le quiero o eso creo, creo que me hace feliz, me he mudado aquí porque quiero estar con él, quiero besar le, quiero abrazar le—me queje.
Me miro.
—El amor no es solo besos y citas—me dijo.
Le mire.
—¿Y que es? Tengo casi 22 años y aún no se que mierdas es el amor—me queje.
Me miro.
—Si te crees que el amor es pedirte permiso para ponerte los cuernos con otra, estas mal—me dijo, bebió un poco de su bebida, yo hice lo mismo porque me estaba volviendo loca y necesitaba azúcar en mi cuerpo, ¿Tenía sentido? No, pero ¿Que tenía sentido en esta noche? Nada, estaba sentada con una estrella del pop hablando de mis problemas amorosos como si nos conocieramos de toda la vida—El amor no es lo que me estas contando, la gente hace sacrificios por amor, no solo sufre—.
Le mire.
—Me he mudado aquí por él, eso si es amor—me queje.
Aunque ya se lo había dicho, creo que no le quedó claro que yo si había hecho mis sacrificios, parecía que solo se quedaba con lo que el quería.
—No niego tu amor, sino el de él—me dijo y le mire—¿Quién son las personas con las que habéis aceptado esa loca idea?—me pregunto tras una pausa en la que creo que analizo lo que iba a preguntarme.
Le mire
—El con una actriz pelirroja, Kimberly o algo así—le dije.
Me miro.
—La conozco—me dijo, le mire—No nos llevamos muy bien que digamos—comento.
—¿Por?—le pregunte sorprendida.
—No es de esas chicas que acepten un no, y le dije que no y se enfado bastante—resumió.
Sabía que detrás de esa historia había muchas cosas pero para que mentir, no tenía muchas ganas de averiguar las cosas que estaban pasando, no porque fuera algo privado de él o porque no quería los detalles, sino porque me daba demasiado dolor saber lo que esa chica podía conseguir de Martin si se lo proponía.
—¿Y tú?—me pregunto.
—Un cantante americano—dije.
No le iba a mentir del todo pero no le iba decir toda la verdad, para que mentir, no me gustaba tener que mentir pero ocultar las cosas no eran lo mismo por lo que podía estar tranquila.
—¿Como se llama?—me pregunto al ver que no le estaba dando más información.
Le mire.
—No me acuerdo—mentí.
Genial, no me gustaba mentir y no dejaba de hacerlo, es que en ocasiones soy la persona más idiota del mundo, enserio no solo era que me había metido en una enorme movida al aceptar el que Martin me pudiera poner los cuernos, no solo hace un año sino que esta noche, era una idiota para que mentir, pero estaba peor aún que me estuviera metiendo con la persona que me había permitido él engañarle, y no solo era que tuviera la posibilidad sino que lo deseaba.
—Voy a hacer como que te creo—me dijo.
Se levanto de su asiento y me miro.
—Nos vamos—comento ofreciéndome su mano.
Le mire impresionada.
—¿Que?—le pregunte sin entender nada.
—Lo que necesitas es dejar de pensar en tu novio por lo que voy ha hacer que olvides por unas horas a ese chico y disfrutes—comento y le mire sin saber que hacer—¿Vienes o prefieres quedarte viendo como tontea con la actriz?—me pregunto.
Le mire.
—Voy—le dije sin dudarlo.
Agarre su mano y me levante, Jamie me llevo por las escaleras para bajar a la zona principal donde sus agentes de seguridad fueron apartando a la gente para que nos abrieran el camino, a lo lejos vi como Martin hablaba con la actriz por lo que me hizo sentir menos culpable, yo estaba haciendo lo mismo que él ¿Verdad?