Los invitados comenzaron a llegar, muchas personas vinieron a mi fiesta de compromiso. Todos ellos formaban parte de la realeza y si habían plebeyos era por mis amigos. — Qué elegancia la de Francia — Elizabeth se colocó a mi lado —, así que esto es a lo que renunciaste por muchos años, no, mijita, tú estás mal de esa maceta. Al menos no aplicaba a la hora de escoger marido, te llevas el último tesoro de la familia Harris. — Estás loca, no todo son bailes de lujos y todo lo que ves aquí. Hay muchas cosas que hacer, viajes a diferentes países y compromisos extenuantes. — No me salgas con esas cosas, ¿Acaso es lo mismo llorar en París que en Tangamandapio? Obvio que no, el sufrimiento se puede pasar con una tostada francesa y no con agua de dudosa procedencia. — Te juro que contigo no me

