— Y ¿qué piensas? —pregunta curioso mientras caminamos hacia la vereda hasta llegar a mi casa. — Que tengo que escribir mucho más. — Hazlo —propone con un suspiro. — Lo sé, tengo que hacerlo. Además, mi economía no me permite holgazanear más —digo y él se ríe. — Entonces, con más razón, comienza —apunta, yo sonrío triste. Él me abraza con cariño, y pronto avanzamos hasta la vereda de mi casa. Finalmente, él se va. En cuanto ingreso, enciendo la luz y estoy muy agradecida de tener luz. Bajo las persianas porque ya es de noche, y cierro con llave. Después de poner el seguro, enciendo la televisión y empiezo a reírme por un programa que estoy viendo. Cuando de pronto, mi teléfono suena una y otra vez. Confusa, atiendo la llamada de un número desconocido. — Hola, ¿ has terminado la porta

