17

372 Words

Emmanuel, por ejemplo, daba dos golpes pequeños con los nudillos de sus manos. A veces, golpeaba con una piedrita. Doña Margarita, era de las que aplaudían, como lo hacían antes. Después, no tenía nadie más que me pudiera visitar. Así que, si uno de esos dos golpes sonaba, yo no sabía quién era, y si no, posiblemente era de la compañía de electricidad. Entonces, abro los ojos con sorpresa. No quiero que se den cuenta de que estoy en casa, así que apago el televisor y con disimulo también apago la cafetera. Aunque por suerte, ya está mi café. Al mirarme en el espejo, hago una mueca al darme cuenta de que ni siquiera tengo puesto un corpiño. Sigo avanzando. Tomo la perilla con mis manos temblorosas y jalo hacia atrás. Me encuentro con el hombre más guapo que he visto en toda mi existencia.

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD