Niego. — Nada —comento un poco avergonzada y sigo terminando la portada. — Si sabes hacer portadas, ¿por qué no la haces tú? —pregunto sin mirarlo, mientras termino los detalles, como agregar un color dorado a las letras para darles un destello en la última palabra. — Me da pereza —comenta con sinceridad y me mira. — Pero te estaba quedando bastante bien —comento con sinceridad. — Lo sé —dice, poniendo los ojos en blanco. — No dije nada, retiro lo dicho —anuncio, empieza a reírse con gracia. — Eres muy sensible —murmura con una sonrisa, y yo niego. — Y tú eres muy molesto —comento suspirando, porque el tipo en realidad es desagradable y molesto. Pero no digo nada, quizás sea peor. Durante ese pequeño y minúsculo lapso de tiempo, siempre había sido de esas personas que tenía fe en

