Camila llegó puntualmente, luciendo un conjunto impecable que irradiaba confianza y autoridad. Jonathan, un hombre de mediana edad con un porte carismático, la recibió con una sonrisa astuta. — Camila Varela. Es un placer finalmente conocerla en persona —dijo, estrechando su mano. — El placer es mío, señor Blake. Espero que nuestra nueva sociedad sea beneficiosa para ambos. Jonathan señaló el asiento frente a su escritorio, invitándola a sentarse. — No puedo evitar admirar su audacia, señorita Varela. Comprar una participación significativa de mi compañía justo después de entrar al mercado... Eso envía un mensaje claro. Camila sonrió, relajándose en el asiento. — Los negocios no son para los tímidos, señor Blake. Estoy aquí para hacer que esta asociación funcione, siempre y c

