Cuando Sebastián finalmente se fue de la gala, Camila permaneció en la terraza por un largo rato. La brisa fresca acariciaba su rostro mientras intentaba calmar el remolino de emociones que él había dejado a su paso. Por mucho que odiara admitirlo, su presencia la había afectado más de lo que esperaba. Sin embargo, no estaba dispuesta a dejar que ese sentimiento la dominara. Había trabajado demasiado para construir la vida que ahora tenía y no permitiría que alguien como Sebastián la desestabilizara. De vuelta en el salón, Camila regresó al grupo de empresarios con los que había estado conversando antes de que Sebastián la interrumpiera. Con una sonrisa perfecta y una confianza que solo ella sabía proyectar, retomó la conversación como si nada hubiera pasado. Algunos asistentes no pudiero

