El ojiazul realmente no sabía que hacer, sólo se dejó llevar por las caricias de Hero y por lo que una vez escuchó decir a Zabbad "Si tu primera vez es con un chico, sólo abre las piernas y deja que él haga todo".
Tal vez Zabbad no era tan bueno dando consejos después de todo.
Lo besos de Hero se detuvieron en sus clavículas desnudas ¿Cuando el rizado le había quitado el suéter? No lo supo, estaba muy concentrado en las sensaciones que le provocaba por cada beso. No llegaba a ser erótico, ni nada de sexo salvaje.
Era hacer el amor de la manera más tierna y pura posible. Hero no quería acelerar nada, ni mucho menos hacer algo que a Levi le asustara.
—¿E-estas bien?— preguntó, él estaba sentado en la cama, con la espalda pegada al espaldar y con Levi sentado a horcajadas. Su mano derecha estaba en la espalda de Levi, mientras la izquierda estaba tímidamente puesta en el trasero del ojiazul, sí, él también estaba nervioso.
—S-sí— murmuró en respuesta.
Nuevamente volvieron a los besos. Cambiaron de posición nuevamente, él recostó a Levi en la cama, comenzó a quitar su camisa botón por botón, con sus dedos temblando ligeramente. En cuanto quiso quitar los botones de su pantalón, Levi lo detuvo.
—¿P-puedo ha-hacerlo por ti?— le sorprendió que fuese Levi quien hubiese tomado la iniciativa en todo la noche, comenzaba a sentirse como el chico virgen e inexperto que realmente no era.
Levi deshizo los botones del pantalón del rizado lentamente, Hero suspiró inconscientemente cuando el ojiazul rozó su erección con los dedos por accidente.
Él mismo terminó por quitarse el pantalón y luego hizo lo mismo con el de Levi, dejando un tierno y casto beso en su cadera. Una risita se escapó de sus labios en cuanto vio el bóxer de Levi.
—¿Ropa interior de My little pony?
—¡Cállate!— el rizado rió, se inclinó y depositó un corto beso en los labios del ojiazul.
—Te ves hermoso en ellos.
Lo siguiente que pasó esa noche fue no tal vez, sino completa y definitivamente lo mejor que pasó en la vida de ambos, no porque fuese simple sexo. No, nada de eso, sino porque Levi, un chico tan desconfiado y sin el más mínimo interés en las personas abrió su corazón a Hero y le entregó algo tan especial como lo sería su corazón.
Su primer beso, su primera vez, su primer amor.
En cuanto lo preparó para que la experiencia no fuese tan dolorosa (Vaya que si lo fue). Un par de lágrimas salieron. Al principio no entendió porque rayos Hero le metió un dedo a la boca (Por su mente se cruzó llamarlo fetichista). Pero luego pudo comprenderlo.
—¿E-estás listo?— preguntó Hero mientras se posicionaba, con las piernas de Levi en sus caderas.
Este asintió tímidamente, rogó porque no doliera. Hero rogó por tener cuidado.
Las primeras embestidas, las cuales fueron lentas y suaves, dolieron, dolieron mucho. Pero Levi, quien no soportaba ni que le pellizcaran, quiso seguir, porque lo que vino después del dolor le hizo pensar en las miles de veces que lo habían inyectado y como en recompensa por no morder a la enfermera, le daban un dulce.
Hero era, en definitiva, ese dulce.
Los movimientos lentos, que después se hicieron un tanto más rápidos. Las respiraciones agitadas y ellos jadeando levemente.
Su corazón palpitaba, tenía una leve capa de sudor cubriéndolo y ni era consciente de las cosas gemía, ni en que idioma lo hacía.
Hero tenía su cabello ya largo pegado al cuello, sus manos se aferraban a las caderas del ojiazul y no fue consciente del chupetón que dejó en el cuello de este.
La noche terminó en cuanto ellos lo hicieron, Hero se acostó junto a Levi, abrazándolo y susurrando cosas bonitas en su oído. Besó su frente y ambos se dejaron caer en un profundo sueño.
Hero durmió pensando que nunca se había sentido lo que siente por Levi. Había estado con miles de personas, pero más allá de sentirse atraído físicamente, nunca nadie le había llamado la atención, no hasta que conoció a Levi. Con su inocencia rebasando los limites, su humor peculiar y su comportamiento algo aniñado. Se le era imposible imaginarse lejos del ojiazul, sin escuchar su voz chillona discutir sobre cosas que le gustaban y sobre lo que no, cualquier cosa que dijese se le era encantadora y fascinante.
Estaba enamorado, y a medida de como iban las cosas, no había nada que pudiese separarlos.
O al menos eso era lo que él deseaba.