Capítulo 6

1832 Words
Amín miraba su reflejo en el agua de aquel pequeño estanque con sorpresa, confusión y fascinación. Era increíble lo que veía allí reflejado, ¿acaso estaba alucinando?  —¿Se te perdió algo en el estanque? —Su corazón palpitó frenético por causa del sobresalto que la voz de aquel hombre le causó. ¿Por qué sentía mariposas revolotear en su estómago cuando él se le acercaba?  —No... —Se levantó de prisa quedando frente a él, sin embargo, no fue capaz de encararlo.  —¿Estás bien?  —Sí... Iré a preparar café... —Se apresuró a salir de su presencia corriendo en dirección a la choza. Jing la siguió con la mirada, había algo en esa chica que llamaba su atención, dado que ella no lucía tan regular como su actitud daba a entender. Amín rebuscaba en toda la cocina, indagando qué había allí y qué no. Odiel se sentó frente al desayunador con sus brazos sobre la superficie de mármol.  —Debemos hacer el mercado —dijo de repente, logrando sobresaltar a la pelirroja.  —Eso veo... —masculló con la mirada baja—. ¿Estamos muy apartados de la civilización?  —Un poco, pero tenemos caballos. Jing y yo iremos, tú no te alejes de la cabaña mientras no estamos.  —¿Saben cómo se llama este lugar? Odiel la observó con intriga. ¿Ella que era de ese mundo le preguntaba a él sobre dónde estaban?  —Tú vagabas por estos lados, debes saber dónde estás.  —No... —Sus ojos se cristalizaron—. No sé dónde estoy, yo me perdí.   —Te perdiste —musitó Odiel más para él que para ella—. Estamos en el centro de Fra. Sabes que este mundo se divide en tres regiones: al norte Don, al sureste Kan y al suroeste Kuf. El lugar donde no hay reinos, es donde estamos: el centro —dijo con ironía, como explicándole a un ignorante. Amín hizo una mueca ante la molestia que aquel sujeto le causaba, ¿por qué era tan rudo con ella? De repente, ella se quedó helada al procesar la información que él le había dado. ¿En el centro? ¿No estaba ella en Kan? No era lógico aquello, ¿cómo había llegado allí?  —¿Te quedarás ahí parada como tonta? —Odiel la sacó de su ensoñación. Ella se dispuso a preparar un poco de café que quedaba, cortó algunos tomates en trozos y repartió en partes iguales un pedazo de pan duro que había allí. Jing entró a la cocina y se sentó al lado de Odiel, al instante la chica se llenó de nerviosismo y les servía el modesto desayuno evadiendo la mirada y con manos temblorosas.  —¿Podrían traerme un espejo y algunos vestidos? —La chica pidió sonrojada—. No tengo dinero para pagarles, pero puedo hacer la limpieza y cocinar a cambio.  Jing y Odiel se miraron con complicidad. ¿En realidad se quedarían con esa chiquilla?  —Hazme una lista —comandó Jing después de dar un sorbo a su café—. Creo que necesitarás más que vestidos y un espejo.   —Mujeres... ¿Para qué quieres un espejo? —Odiel replicó, provocando que Jing entornara los ojos.  —Para peinarse, maquillarse, admirarse —dijo Jing con una sonrisa de burla—. ¿Para qué más querría un espejo?  —¡Mujeres! —Odiel refunfuñó.  —No solo las mujeres usan espejos...  —Cierto. —Odiel sonrió—. Se me olvidaba que tú tienes complejo de narcisismo.  —Solo me gusta verme bien —replicó Jing y Odiel estalló en carcajadas. Amín los observaba entretenida, era la primera vez que los veía tan relajados.   ***    —¿Quiénes son ustedes y qué quieren? —La joven se acercó a ellos dos, una vez éstos habían derrotado a sus atacantes. Las mujeres y niños que se habían quedado cerca del conglomerado de árboles temblaban del temor ante la incertidumbre de cuál sería su destino.  —De nada, lindura —respondió el joven con sorna.  —¿Cómo pudieron derrotar a todos esos hombres fuertes y armados? Solo son dos —interrogó la chica pasmada, provocando que él ensanchara su sonrisa.  —Soy el guerrero más poderoso de Fra, lindura. —El flirteo y la fanfarronería protagonizaban su respuesta. La joven entornó los ojos y se cruzó de brazos.  —Eres un presumido. Hablas como si lo hubieses derrotado solo.  —Lindura, es casi lo mismo. Mi tío es bueno en la batalla, pero no me llega ni a los talones.  —¡Qué modesto! —La chica ironizó irritada con la desbordante autoconfianza de aquel guerrero.  —Lo soy. La modestia es reconocer de lo que eres capaz y de lo que no. Solo digo la verdad. —Esta vez el rostro del joven no estaba adornado con su sonrisa socarrona, por lo que ella interpretó que hablaba en serio.  —Bien, señor poderoso —ironizó—. ¿Por qué nos defendieron? ¿Qué quieren a cambio?  —Pues... —Él la recorrió con la mirada mientras se acercaba seductor—. Nada.  —¿Nada? —Ella frunció el ceño—. No te creo. En estos días nadie ayuda sin querer nada a cambio. Y, ¿por qué eres el único que responde? ¿Acaso tu tío es mudo?  —Él es de poco hablar.  —¿De dónde vienen?  —Demasiadas preguntas. No somos nadie importante, solo dos ex guerreros de esta región que fueron suplantados por Saprias y conquistadores. Ahora deambulamos y cobramos una que otra recompensa al hacer justicia por nuestras propias manos; pero al parecer, ustedes están más arruinadas que nosotros, así que no tenemos nada que buscar aquí. Suerte, fue un placer ayudarles. El joven y su acompañante le dieron la espalda dirigiéndose al camino opuesto.  —¡Espera! —La chica corrió tras ellos—. ¿Pelean contra las maldades del rey Micar? —preguntó tratando de recuperar el aliento una vez estos se detuvieron.  —Algo así. —El chico la recorrió con la mirada—. ¿Por qué el interés?  —¡Llévenme con ustedes! —La joven inclinó el rostro y juntó sus manos en forma de ruego, por su parte, el joven y el hombre mayor se miraron sorprendidos.  —Lo siento, no necesito un estorbo en mi vida, por eso no me he casado.  —¿Ah? —La chica se mordió el labio para no decirle lo idiota que pensaba que era él, puesto que no le convenía enojarlo—. Por favor, yo les seré de gran ayuda. Si quieren les pago, no tengo dinero; sin embargo, poseo un tesoro familiar —dicho esto, ella se quitó unos arcillos dorados que llevaba puesto y que se encontraban ocultos debajo de su larga cabellera negra.  —Af... —balbuceó el joven mientras miraba a su compañero con asombro y complicidad, quien se limitó a asentir—. ¿De dónde sacaste esos arcillos? —inquirió él mientras los analizaba con sus dedos.  —Como te dije antes, es un tesoro familiar.  —Si es tan importante, ¿por qué nos los darás? ¿Y para qué quieres venir con nosotros? No tenemos un lugar fijo.  —Creo que es una buena inversión. —Ella bajó el rostro al mismo tiempo que apretaba sus puños—. Necesito aprender a luchar para vengarme de esos desgraciados. Lo he perdido todo, en una mañana me he quedado sola de repente. —Las lágrimas rodaron por sus mejillas—. No solo yo he perdido a las personas que amo, todas ellas perdieron a sus maridos, padres e hijos. Todo por culpa de ese maldito rey que está destruyendo a Kan, y estoy segura que él buscará adueñarse de todo Fra.  —¿Y crees que tú sola lo vas a detener? Además, no creo que él logre conquistar Kuf y Don, esos reinos tienen buenos guerreros.  —Se te olvida que el rey Micar cuenta con Saprias y conquistadores. Es cuestión de tiempo para que conquiste todo Fra.  —No solo el rey Micar tiene Saprias a su disposición y se te olvida que en la región Kuf hay híbridos, estos son más poderosos que las Saprias.  —¿Híbridos? Eso es mito, nadie nunca ha visto a uno. En cuanto a si puedo vencer o no al rey Micar, no lo sé, pero estoy segura que en el camino encontraré aliados. Solo llévame contigo y enséñame a luchar.  —Eres muy ingenua. Sin embargo, acepto tu oferta porque me interesan esos arcillos; solo te advierto que nosotros estamos en busca de un tesoro para venderlo a un poderoso que nos encomendó la misión, si te nos unes, nuestra misión será la tuya y vas a colaborar en todo lo que necesitemos.  —Tenemos un trato... —La chica ladeó el rostro como esperando que él le proveyera la información de la que ella carecía.  —Ken, mi nombre es Ken. —El chico sonrió—. Este es mi tío Af.  —Mi nombre es Naomi Zo.   ***   Después de que Jing y Odiel le entregaran una bolsa con todo lo que ella pidió y lo que Jing consideró que ella necesitaría, Amín corrió a la habitación con el espejo en manos.  —Verdes... —balbuceó mientras observaba su reflejo en el espejo—. Entonces, sí cambiaron de color, pero ¿Cómo? ¿Por qué?  Estaba aterrada. La confusión y la angustia se reflejaban en su rostro ante lo inexplicable de aquel evento. Según recordaba, sus ojos eran de un amarillo extraño, pero ahora, eran de un verde intenso.  —¿Me estoy volviendo loca? ¿Por qué me están pasando todas estas cosas? ¿Debería regresar a casa y hablar con mamá? Puede que haya soñado o alucinado todo.  —No fue una alucinación o sueño. —Amín saltó del susto al encontrarse con la mirada intensa de Odiel, quien estaba recostado de la puerta, con los brazos cruzados.  —Me asustaste... —Ella inclinó el rostro, por alguna razón se sentía expuesta ante él.  —Lo siento. —Sonrió—. No sé con exactitud qué cosa eres, pero será interesante averiguarlo. Jing te va a entrenar desde mañana en adelante, quizás nos seas de utilidad en nuestra búsqueda. Por supuesto él no tiene idea de lo que te sucede, si no lo detengo cuando te salvamos de esos tipos, se hubiera quemado al tocarte. Por ahora las cosas raras que te acontecen serán nuestro secreto hasta que descubramos el origen y causa de lo que te está pasando.  —De acuerdo —asintió, estaba aliviada de por lo menos contar con alguien que la ayudaría a encontrar respuestas. Odiel salió de la habitación y ella volvió su atención al espejo. ¿Por qué sentía que había visto esa mirada en otra persona?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD