AVERY
El viernes por la tarde ya tenía puesto el bikini y la mente en modo vacaciones, lista para tirarme un clavado en la piscina nueva de Jasper. Llevaba toda la semana viéndola desde la ventana, tentadora. Justo cuando me iba a lanzar, entra el mismo Jasper por la puerta.
—Hola —dice, tirando las llaves en la mesa.
—¿Todo bien? —pregunto.
—Sí, sí… todo bien. Solo ha sido una semana de esas que te dejan molido —dice mientras se sienta a mi lado.
Iba a ir a la cocina a agarrar algo frío cuando suena su celular.
Vi el nombre en la pantalla y tuve que morderme la lengua para no quejarme: “mamá”.
Se levantó a contestar y yo aproveché para ir por bebidas. Saqué dos latas del refri y le pasé una.
—Hola, mamá —respondió él.
No me puse a espiar, pero tampoco voy a mentir: tenía una oreja en la conversación. Solo alcanzaba a escuchar murmullos, pero cuando oí mi nombre, puse atención.
—Sí, Avery está acá —dijo, y me hizo un gesto.
Me senté otra vez, jugueteando con mi celular.
—Estoy seguro de que le va a encantar cenar contigo esta noche —añadió.
Le hice un gesto de fastidio con los ojos. El muy cabrón se estaba divirtiendo.
—Mmm, sí, él también va a ir —dijo, y ahí sí se me abrieron los ojos como si hubiera visto un fantasma. ¿Él?
Antes de que pudiera preguntarle algo, se escuchó la puerta abriéndose. Levantamos la vista.
—Hablando del Rey de roma… —soltó Jasper con una sonrisa torcida.
—¿En serio? —murmuré bajo, levantando las manos cuando Jasper me clavó una mirada.
—Justo el que quería ver —dijo Jasper, girándose a ver a Logan, que acababa de entrar quitándose las botas todas sucias.
—Aquí estoy —soltó Logan, agarrando una manzana y dándole una mordida fuerte.
*
Un rato antes de las seis bajé lista para salir. No me arreglé demasiado. No iba a andar fingiendo que soy otra frente a mis padres. La ropa justa, el maquillaje mínimo, pero los labios con brillo. Uno nunca sabe.
—¿Lista? —me preguntó Jasper.
Asentí y caminé hacia donde estaban él y Logan.
Y entonces Logan me miró con esos ojos que te desnudan. Bajó la mirada hasta mis piernas y se quedó ahí. No dijo nada.
—¿Qué? —le solté, medio enojada, y él solo alzó la vista con el ceño fruncido antes de irse directo a la puerta.
—Avery… —murmuró Jasper, pero me hice la loca.
—Vamos ya —dije, mientras él agarraba las llaves.
Dejé que Logan se subiera adelante, aunque en realidad no me dio chance ni de decidir.
—¿A dónde vamos? —pregunté con desconfianza.
—A buscar a Tessa.
Tanto Logan como yo soltamos un quejido al mismo tiempo. Jasper se rió desde el espejo retrovisor, pero no dijo nada.
Cinco minutos después, Tessa ya había convencido a Logan de pasarse atrás conmigo. Se sentó al frente, hablando sin parar, como siempre.
Yo estaba tensa, intentando no tocar a Logan, pero el espacio era reducido y su pierna estaba cerca de la mía. Ni se inmutaba.
Diez minutos después, y casi llegando, estaba yo mirando por la ventana cuando lo sentí moverse.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con una ceja levantada, pero lo ignoré.
Me estiré como si nada, cuello hacia adelante, cuerpo tenso. Estaba a punto de explotar.
Y entonces, la voz de mi mamá.
—¡Mis hijos hermosos!
Salí de mi trance y me puse de pie. Sonreí al verla salir corriendo con uno de esos vestidos llenos de flores que le encantan.
La abracé con fuerza.
—Hola, mamá —le dije cuando nos soltamos, y ella me miró como si fuera la primera vez que me veía en años.
—Mi chiquita ya creció —susurró, y luego clavó sus ojos en los míos.
—Qué recibimiento, ¿eh? —bromeó Jasper desde atrás, y mamá lo miró por encima de mi hombro.
—Ay, por favor…
Se detuvo en seco al ver a Tessa. Su sonrisa salió forzada, pero al menos lo intentó.
—Me alegra verte, Tessa.
Yo decidí ir a buscar a mi papá.
—¿Papá? —grité desde el pasillo.
—¡Hola, Avery! —respondió desde el patio, con las puertas abiertas.
Le di un abrazo y un beso en la mejilla.
—¿Cómo estás, mi niña?
Le sonreí.
—Estoy bien.
—Eso me alegra —dijo, guardando su palo de golf con cuidado.
—¡Braulio, Avery! ¡La cena! —gritó mi mamá desde el comedor.
*
La cena fue un desgaste total.
Gracias al cielo por Tessa, que no paró de hablar ni para respirar. Pero claro, en cuanto levantamos los platos y llegó el momento del postre, toda la atención vino derechito hacia mí.
—¿Y cómo va el trabajo, mi amor? —soltó mi mamá. Tragué duro. Ella todavía se creía que seguía como subgerente en esa empresa. Nunca tuve valor de contarle que la compañía se fue al carajo… y que me habían echado incluso antes de eso.
—Todo bien —dije, y le metí un buen sorbo al vino como si fuera agua.
Vi que Tessa estaba a punto de abrir el hocico, pero para mi sorpresa, Logan se metió.
—¿Y tu nuevo taller de flores, Leonora? —le tiró a mi mamá. Logan siempre fue como un hijo más para ellos, eso ya lo sabía, pero que él supiera más que yo sobre la vida de mi mamá… dolía. Más de lo que me gustaría admitir.
—Pensé que sería más relajado, tu sabes, flores lindas, charlas… pero no. Hay mucha competencia —respondió mi mamá.
Solté una risa bajita y me levanté para ir a buscar el postre.
Al final no la pasé tan mal.
Ver a mis padres otra vez fue como un respiro.
En un momento, Logan salió, seguro a fumarse uno. Mi papá y Jasper estaban en la cocina limpiando, y yo me quedé con mamá… y con Tessa.
La bruja se había portado bien toda la noche, pero yo sentía que en cualquier momento se venía alguna de las suyas.
—¡Me van a ascender! —saltó Tessa, toda brillosa de ego. Parpadeé rápido.
—Ay, qué lindo, felicitaciones —le dijo mamá, dándole una palmadita.
—Sí, genial —repetí.
—¿A ti te han ascendido alguna vez?
Apreté la mandíbula. No te enfades, Avery, no le des el gusto.
—Seguro a ti también te llega uno pronto, solo tienes veintidós —intervino mamá, con una sonrisa suave.
En cuanto Jasper volvió, me paré sin decir nada y salí a buscar a Logan. Necesitaba descargarme con alguien, y él era el objetivo perfecto.
Lo encontré sentado en el columpio del patio. Estaba fumando un cigarro. Se veía perdido en su mundo, y justo cuando iba a hablar, sacó el encendedor y se lo llevó a los labios.
Había algo roto en su mirada.
—Sabes que el fumar te daña los pulmones y puede matarte, ¿No? —solté, no tan fuerte, pero sí lo suficiente.
Él me miró, dio una calada y respondió:
—Pues espero que haga su trabajo antes de tiempo, Avery.
Se me agrandaron los ojos. Los suyos también. Y me quedé pensando...
¿Con qué problemas estaba luchando este tipo?