Arrestada

1253 Words
AVERY —¡Mira nada mas, tremenda perra! —soltó Renata desde la otra acera, y yo cerré los ojos unos segundos, rogando que nadie más la hubiera escuchado. —La perra serás tú —le respondí entre dientes, avanzando hacia la entrada del antro justo cuando ella me alcanzaba. Al principio me hice la difícil, diciéndole que ya no quería tomar tanto, que necesitaba bajarle al alcohol. —¿ID? —nos preguntó un gorilón. Le solté una sonrisita coqueta y nos dejó pasar. Apenas crucé la puerta, me dio un golpe el calor, el humo y la música. Sentí que me iba a explotar el pecho del puro bajo. —¿Y este lugar? ¿De dónde lo sacaste? —le grité mientras me agarraba de su mano y nos abríamos paso entre la gente hacia la barra. —Un amigo del trabajo me lo recomendó —me gritó de vuelta, y yo solo negué con la cabeza. —Mmm —hice, medio cantando, porque ya estaba decidida: esta noche iba a olvidarme del mundo. Era sábado, ¿qué más daba? Bueno, eso me lo digo todos los sábados. —¡Está buenísimo esto! —Renata me miró con cara alegre. La verdad, sí lo estaba disfrutando. Quizá hasta le encontraba a ella también un poco de distracción… No me tomó más de una hora estar medio arrastrándome. Y eso que no soy nueva en esto de tomar, pero esa noche el alcohol me pegó rapido. —¿¡Oiga!? —grité, mirando a todos lados en la pista de baile al volver del baño. Renata ya no estaba donde la dejé y empecé a preocuparme. ¿Y si alguien la había violado? ¿Y si la habían llevado a la fuerza? —¿Todo bien? —me dijo alguien detrás, y cuando volteé, mi mirada se le fue directo al cuerpo antes de aterrizar en sus ojos verdes. —Sí… sí, todo bien —respondí, aunque no me moví. Ella tampoco. Solo ladeó la cabeza y me escaneó con esos ojos, clavándolos en mi cuello. Interesante. * Siempre me daba pavor eso de acabar en casa de alguien o que alguien acabara en la mía. Pero Paula… esa mujer que apenas acababa de conocer, me empujó contra la pared de un pasillo oscuro y yo decidí dejarme llevar, aunque fuera por una vez. Gemí bajito cuando sus labios se pegaron a mi cuello, y mis manos se fueron por sus costados hasta subir a sus pechos. Los tomé entre mis dedos y sentí cómo el calor me subía por todo el cuerpo. Perfecta distracción. No dijimos ni una palabra. Solo nos besábamos con una desesperación que me ponía todavía más caliente. Jadeé cuando sus manos se metieron bajo mi blusa y tocaron mi piel. Metió los dedos por debajo del sujetador, y mis pezones ya estaban duros desde hace rato. No me importaba si alguien los veía. Subí mis manos a su cuello, y ahí fue cuando una de las suyas se coló bajo mi falda. Primera vez que me pasaba algo así. Sabía que me gustaban las mujeres desde hace años, y sí, había fantaseado un montón, pero ahora que lo estaba viviendo… estaba toda nerviosa. —Ay —gemí cuando uno de sus dedos rozó mi clítoris, mojado, sensible, vivo. Lo frotaba con ganas. El placer me sacudía entera, me temblaban hasta las piernas. Pero en medio de todo… algo cambió. Con los ojos cerrados, empezaron a venirme imágenes. Y no eran de Paula. Eran de Logan. De sus dedos, de sus besos. —¡Mierda! —solté, apartando a Paula con un empujón suave. Ella parpadeó, confundida, levantando las cejas como si esperara que le explicara por qué acababa de arruinar el momento. —Lo siento… Ella se chupó los dedos sin dejar de verme. —¿Todavía pensando en el ex? Me reí por lo bajo. Qué va. Más complicado. —Algo así —dije, aunque dentro de mí sabía que eso era solo una excusa para salir corriendo. —No pasa nada —me guiñó un ojo y se fue, dejándome caliente, frustrada y toda revuelta por dentro. ¿Me acabo de sabotear sola? No. Fue Logan. Ese cabrón no solo me caló hondo… también se metió en mi cabeza. Y justo cuando estaba a punto de pasármela bien. * Estaba escaneando la pista, buscando a Renata entre la multitud. Nada. Solo al idiota de su novio. Ese cabrón. Terminé mi trago de un solo, dejé el dinero sobre la barra y me le fui encima sin pensarlo. Le toqué el hombro... pero no esperó lo que venía. —¿Qué pe...? Le solté un puño directo a la nariz. Mis nudillos quedaron empapados de sangre. Me asusté un segundo, pero no tanto como él. Pegó un grito y salió volando para atrás. Uno de sus amigos lo alcanzó a sostener. —¿Qué carajos...? ¿Avery? Se le fue el color de la cara en cuanto me vio. —Eso fue por el comentario asqueroso que hiciste de mis tetas el otro día —le solté, recordando perfecto cómo me escaneó el pecho sin pudor. —Yo solo... Ni acabó. Le metí otro golpe, esta vez en el cachete. Me ardieron los dedos. —Eso sí dolió —murmuré, sacudiéndome la mano. —¿¡Estás loca!? —gritó, con la cara encendida, y se me vino encima. —¡Por traicionar a mi mejor amiga, imbécil! La gente a nuestro alrededor se quedó fría. El ambiente se tensó. Y sí, el tipo se me aventó con todo. Le herí el ego. Lo expuse frente a todo el antro donde seguro se siente el rey. Claro que iba a querer desquitarse. Pero no esperaba que me tumbara así. Me fui de boca al suelo y algo me rasguñó la cara. —¡Aaah, carajo! —gemí, girándome y tapándome la cara con las manos. —¡Ya basta! —tronó una voz grave. Me di cuenta de que la música ya se había apagado desde hacía rato. Otro tipo de seguridad atrapó a Mason justo cuando quería correr como rata. Mi salvador me levantó de un jalón y me arrastró fuera del lugar. Luces rojas y azules me cegaron. Solté un “mierda” sin pensarlo. * Dos horas después, ahí seguía. Sentada en la celda de la comisaría local, esperando poder usar el maldito teléfono. Solo cruzaba los dedos para que Jasper no se enterara... y menos mis padres. —¿Hola? —grité, pegándome a los barrotes y buscando algún alma viva. Un policia viejo apareció entre las sombras, bostezando. —¿Qué quieres? —¿Me deja hacer una llamada? Asintió sin ganas y se fue. Seguro estaba harto. Esperé. Nada. Volteé a ver al policia, me aseguré de que no mirara, y marqué el único otro número que me sabía: el de casa. El fijo que nadie usaba. Nadie contestó. —¡Vamos, contesta! —susurré, esperando el buzón. Le dejé un mensaje a Jasper, le devolví el teléfono al policia y me tiré en la cama dura del rincón. Rezando para que me salvara. No pasó tanto. Media hora después, oí mi nombre. —¿Avery Collins? Ya casi sales —dijo el oficial desde la entrada de la celda. —¿Libre al fin? —pregunté con una sonrisota. Doblé la esquina, lista para abrazar a Jasper con todo... pero no era él quien me esperaba. Era Logan.
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