Ganas de follarlo

1236 Words
AVERY Me estaba mirando en el espejo de cuerpo entero con ese outfit nuevo, y sentía que el corazón me latía fuerte y si, estaba llena de ansiedad. ¿Y si pensaban que me veía ridícula? ¿Que mis tetas se salían del top? ¿Que parecía una cualquiera? —Desde acá se escucha el drama mental que traes —dijo una voz detrás. ¿En serio había venido solo para joderme? —Lárgate, Logan —solté sin girar la cabeza, mirando fijamente mi reflejo. Suspiró fuerte, resignado, y murmuró bajo al irse: —Te ves hermosa por si tenias dudas. Mi corazón se descontroló y me dio coraje lo mucho que ese comentario me sacudió. ¿Por qué me importaba tanto lo que él pensara? ¿Desde cuándo? Pensar en el beso y en cómo se comportó después me tenía enojada. Me sacudí los pensamientos, me acomodé la falda y me até el pelo en un moño bajo. Lo odiaba. —¿Lista? —preguntó Jasper con una sonrisa. —Estás guapísima. —Gracias —le respondí, siguiéndolo fuera de la casa. Ya cerca del parque, la música y las risas se escuchaban desde la esquina. Algo en eso me emocionó. Quería ver qué había sido de mis excompañeros, aunque solo fuera por chisme. Todo estaba decorado con mantas y cojines. Hasta habían traído mesas de picnic. —¡Avery! —gritó una voz, y al girar vi a mi mejor amiga. —¡Renata! —la abracé con un brazo y seguimos caminando hacia donde olía a carne asada. Jasper y Logan se quedaron atrás. Nos servimos algo de comida y nos tiramos en una manta a platicar. Ya más noche prendieron las luces entre los árboles, y la música cambió el ritmo. Más en ambiente de antro. —¿Qué quieres tomar? —me preguntó Lane. Me quedé pensando. ¿Con o sin alcohol? —¿Tú crees que aquí preparen mojitos? —pregunté, mirando a la barra, donde alguien hacía malabares con las botellas. —Voy a averiguar —dijo sonriendo, y de paso le preguntó a Renata qué quería. Yo escaneé el lugar. Lupe andaba por ahí, con una mini y un top brillante. El cabello n***o, lacio, le caía perfecto. La verdad, me dio envidia. Mucha. También vi a un par de ex del cole, pero aparté la vista. No estaba para saludos incómodos. —¡Avery! —me llamó Jasper. Le hice una seña con la mano. Logan venía detrás, con un cigarro encendido. —¿La estás pasando bien? —le sonreí, ignorando al otro. —Yo... —se le fue la mirada tras Lupe, que justo pasaba por ahí—. Sí. Puse los ojos en blanco. —¡Lupe! Jasper me apretó el brazo y me dijo algo al oído, pero ya era tarde. —Avery —saludó ella, moviendo el vino en su copa. —¿Te acuerdas de mi hermano? —dije, señalando a Jasper, que tenía la cara roja como tomate. —Claro —dijo, saludándolo con la cabeza. Le sonrió a Jasper al darle la mano. —Qué bueno verte. —Aquí están —llegó Lane con las bebidas. Dudó un segundo al cruzar miradas con Logan, que lo miraba con cara de querer partirle la cara. Yo pasé de todo y agarré mi vaso. —Gracias, Lane. Probé el mojito justo cuando la música cambió y noté que el ambiente se ponía medio denso. Jasper no le quitaba los ojos a Lupe, y Logan miraba a Lane como si lo quisiera devorar. —Bueno... —dijo Renata, incómoda como yo. —Ya me voy —soltó Lupe, girándose con el contoneo de caderas bien exagerado. Sabía lo que hacía, y Jasper más. —Eh... sí. Oye, Lane —intentó Jasper, cambiando el tema—. ¿Qué tal si vienes a cenar un día de estos? Me caía bien Lane, pero lo que más me gustaba era ver a Logan irse molesto, sacando otro cigarro. ¿Celoso, quizás? No voy a decir que estaba enamorada de él, pero me gustaba cómo me hacía sentir. Deseada. Nadie me había hecho sentir así antes. —Claro —respondió Lane, volviéndome a la realidad. —¡Genial! —dije, sin saber muy bien cómo seguir. Renata me miró raro, luego volteó a ver a Logan que desaparecía entre la gente. Antes de que soltara alguna de sus preguntas, la tomé del brazo y la jalé para el otro lado. Me acabé el trago y pedí otro. * Ya era tarde cuando paré de tomar. O mejor dicho, cuando Renata me detuvo. —Está bien, ya —me paré del banco donde estábamos con unos tipos que acabábamos de conocer—. Voy por un té helado. Renata asintió rápido y volvió a meterse en la conversación con ellos. Yo solo negué con la cabeza, riéndome bajo. Iba hacia la barra pero cambié de rumbo y me fui al baño. Una cabina medio fea, pero con luz. Daba asco, sí, pero irme al monte no era mi estilo. O al menos no esta noche. Me lavé las manos con calma, agarré mi vaso vacío y regresé a la fiesta, lista para lo que siguiera. —Avery —escuché su voz gruesa doblando la esquina, y se me aceleró el corazón en un segundo. Me agarró tan de golpe que se me escapó un gritito. De pronto estaba contra la pared, con su cuerpo bloqueando cualquier intento de escapar. —¿Logan? El olor a cerveza se mezclaba con su loción, ese perfume que siempre se me quedaba pegado en la ropa. Era una mezcla que me mareaba más que cualquier trago. Pero tal vez era él. Tal vez era él quien me mareaba así. —¿Por qué me traes así? ¡No puede ser! —murmuró, apoyando un brazo justo al lado de mi cabeza. No parecía que esperara respuesta. Así que me quedé ahí, aguantando la respiración, esperando... lo que fuera que viniera después. —¿Y por qué te ves así? —dijo bajo, con la voz cargada de deseo. Me miraba con esa intensidad que me dejaba muda. La garganta se me secó. Sentí el calor subirme desde el pecho hasta la cara. —No sé qué... No me dejó terminar. Sus dedos rozaron mi mejilla, suaves. —Y ni siquiera te das cuenta —murmuró, y sentí que se me doblaban las piernas. No podía sostenerle la mirada. Me intimidaba tenerlo tan cerca, pero al mismo tiempo no quería que se moviera ni un milímetro. Me acordé de cuando dijo que el beso no significaba nada. Me lo creí por un rato. Pero ahora, con su respiración mezclándose con la mía, no sabía qué pensar. ¿A qué le tiene miedo? —Logan —susurré, pegando las manos a la pared para no hacer algo estúpido, como enredárselas en su camiseta y jalarlo hacia mí. Pero ya era tarde. Ya estábamos enredados sin tocarnos. —Mierda, lo haces más difícil —gruñó, golpeando la pared con la palma abierta antes de girarse y alejarse, lleno de rabia. Me quedé ahí, respirando hondo. Lo vi alejarse hasta que se perdió entre la gente. Luego me acomodé el cabello, respiré profundo, y volví a la fiesta como si no hubiera pasado nada. Aunque por dentro, estaba con demasiadas ganas de tenerlo encima.
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