**RICCARDO** Cuando llegó el día, la luna llena iluminaba el cielo, y la ciudad parecía estar en silencio, como si también esperara lo que estaba por venir. Cada uno de mis socios se movía con un propósito claro, y la energía en el aire era palpable. Nos miramos en silencio, y en esos ojos llenos de determinación, entendí que estábamos listos para enfrentar lo que fuera. La batalla por recuperar lo que era nuestro había comenzado, y no teníamos la intención de perder. La furia y la desesperación que una vez me habían consumido ahora se habían transformado en una fuerza imparable, lista para desatarse sobre nuestros enemigos. Los Lobos de Palermo no se rendirían, y hoy, más que nunca, estábamos decididos a demostrarlo. Durante el día, la ansiedad me consumía mientras esperaba la llegada

