**RICCARDO** La brisa suave que entraba por la ventana traía el aroma de las flores nocturnas del jardín. El canto lejano de un ruiseñor se entrelazaba con el murmullo de la ciudad, creando una melodía de tranquilidad. Sentado en un sillón de cuero con un vaso de vino tinto en la mano, observaba a Valeria acomodándose en el sofá frente a mí. Su cabello caía en ondas sobre sus hombros y la luz tenue la iluminaba, haciendo que su piel brillara. Era un momento perfecto; en su mirada se mezclaban la confianza y el desafío. —Riccardo, ¿eres algún tipo de mafioso? —me preguntó en la apacible noche, su voz resonando como un eco en el aire. La curiosidad en sus ojos era palpable, y su pregunta me hizo sonreír, aunque sabía que la respuesta era mucho más compleja de lo que ella imaginaba. —¿Tien

