Narra Alonso
Joanna había estado evitándome por semanas desde nuestro encuentro, uno que no he olvidado. Y debería hacerlo, ya es una mujer de lo más prohibido. Así que me había estado dando la oportunidad con alguien más, nada serio, sin embargo, nada de lo que haga, lo logra.
¡Dios! Como la extraño.
Y ahora me encuentro haciendo entrevistas para mi nueva asistente, ya que la anterior de fue al extranjero.
—Bueno, srita. Hernández, yo la llamo. —Digo y la pelirroja me sonríe coquetamente y prefiero ignorarla.
Salimos y no puedo creer que Joanna esté aquí. ¿querrá hablar conmigo? La miro sin comprender su presencia y está nerviosa.
Le pido a la que sigue que pase y cuando estoy por cerrar, se levanta y se va. Tuve el impulso de seguirla.
—¿Qué haces aquí? —No pude con mi curiosidad. A lo que ella me responde que venía por lo del puesto de asistente. Eso realmente me sorprende.
Le digo lo que siento, que pensaba que ya no me quería ver, y confieso que eso me ha tenido muy mal. Y así que tengo a la candidata, así que la interrumpo diciéndole que ya contraté a alguien. A ella.
Veo que se abren las puertas del ascensor y ella entra dándome la espalda, y yo como la sigo y la escucho decirse tonta, lo cual no estoy de acuerdo y se lo hago saber, ella voltea sorprendida.
—No me entendiste, tú serás mi asistente. —No sale de su asombro.
—¿Qué? —Parece no comprenderlo.
Me acero más a ella de una manera peligrosa a su oído. Y al tenerla así, mi amigo reacciona a ella.
—Que no te vayas, hoy empiezas como mi nueva asistente. —Le vuelvo a decir y puedo sentir como se estremece con mi cercanía.
Y ya que estoy así con ella, poso mis manos en su cintura pegándola más a mi cuerpo y la beso con desesperación.
…
Pasa medio día y me encuentro en una junta con los accionistas sin prestando mucha atención realmente, ya que no dejo de pensar en Joanna.
—Bueno, eso es todo por hoy. Espero que todo les haya quedado claro. —Dice Fernando, mi mejor amigo.
Todos asienten y se van yendo de la sala de juntas, hasta quedar sólo nosotros dos.
—¿Qué te pasa? Has estado distraído en toda la reunión. —Dice como si me estuviera regañando.
—¿Es por Ximena? —Me mira con una ceja alzada.
—No es por ella, es por… —Y pareciera que la invocó.
—Cariño, te estuve esperando. Quiero que vayamos a comer. —Dice ella sonriendo dulcemente.
—Hola, a ti también. —Dice mi amigo con sarcasmo y ella sólo gira los ojos.
—¿Nos vamos? —Pasa por un lado de Fernando, ignorándolo, y me toma de la mano.
No quiero que Joanna me mire con ella de esta manera. Ya que no siento nada por Ximena.
Salimos de la sala de juntas y veo que no se encuentra en su lugar. La verdad no sé si realmente le importa si estoy saliendo con alguien más. Además, ella se quiere separar de mi hijo por la traición que le hizo y eso es otra cosa que tampoco le perdonaré.
Ella es una mujer muy hermosa, que, si no hubiese sido por los negocios con su padre, sería yo quien estaría casado con ella.
—¿En qué piensas? —La voz de Ximena me saca de mis pensamientos.
—En los pendientes que tengo… —La veo ahí parada y puedo ver decepción en sus hermosos ojos.
Se regresa a su lugar sin decir una sola palabra y eso me duele.
—Por cierto, esa asistente nueva que tienes es muy grosera. —¿Qué dijo?
—¿Joanna? No lo creo. —Digo defendiéndola y ella me mira molesta.
—Si te lo digo es por algo. O la controlas o… —No la dejo terminar, porque no voy a permitir que la trate de esa manera.
—Con mi personal no te metas. ¿Entendiste? —Le digo con frialdad y ella asiente sin emitir una sola palabra.
…
Después de un día largo, estoy por salir de la oficina, cuando la puerta se abre, dejándome ver a la mujer que me quita el sueño.
—Joanna… —Se acerca a mí, y cuando estaba por besarme, alguien nos interrumpe.
—Aquí estabas, cariño. — No puedo creer el grado de cinismo de parte de mi hijo ante su esposa.
—Le traía unos documentos a tu padre. —Ouch, Eso me hizo sentir algo extraño, ya que siempre me dice por mi nombre.
—Muy bien. ¿Nos vamos? —Le pregunta y ella asiente. Le toma de la mano y salen de mi oficina. Me vuelvo a sentar y suelto todo el aire que estaba reteniendo.
—¡Dios!
Tenía unas inmensas ganas de besarla y hacerla mía una vez más.
…
Llego a mi departamento y lo único que quiero es darme una buena ducha y dormir. Pero al parecer no podrá ser así.
—Cielo. Qué bueno que llegas. —Roxana se encuentra recostada en el sillón y lleva puesto una lencería de encaje y eso hace que mi amigo despierte.
Voy hasta donde ella se encuentra y me ayuda a quitarme el pantalón. Me sienta en el sofá y ella se sienta en mi regazo con sus piernas al lado de las mías y siento como se acomoda mi m*****o en su entrada haciéndola gemir.
Cierro los ojos e imagino a Joanna conmigo haciendo el amor como aquella noche.
—¡Dios! ¡Alonso! … —Abro los ojos ante mi realidad… Roxana.
Yo queriéndome olvidar de Joanna y ahora tuve la brillante idea de contratarla de mi asistente por el hecho de que la extrañaba. Aun siendo prohibida. Y ahora me vengo a dar cuenta de que estoy enamorado de ella.