Narra Joanna
Camino de un lado a otro pensando en una solución a todo esto que me pasó. Primero, la traición de mi esposo con mi mejor amiga y segundo, caer en brazos de Alonso.
¡Dios! ¿en que momento mi vida se volvió un caos?
Cada vez que viene a casa por unos documentos que se le olvidan a Carlos llevárselos, me escondo para no darle la cara y recordar esa noche. Aunque eso es imposible, ya que cada vez que cierro los ojos, vuelven a mí esos momentos.
Y debo admitir que me hizo sentir otro nivel o más bien, me llevaba al cielo.
Pero ¿Qué cosas digo?
Y eso no es lo peor, sino que, además, no se lo puedo decir a nadie, ya que mi única amiga es una traidora y ya no puedo confiar en nadie. Mamá falleció hace años y papá seguro me deshereda.
—¿Todo bien, cariño? —Sólo de escucharlo me provoca nauseas.
—Si. ¿Por qué no debería estarlo? —Finjo una sonrisa.
—Te veo un poco molesta. —¡Ja! y eso es poco a como me siento realmente.
—No. Es sólo que… —¿Qué puedo decirle?
—Sé que te aburres en casa y que te gustaría regresar al trabajo, pero… —Sé que no me lo pediría, ya que estoy segura de que se ve con amante en la oficina o en otro lugar. No lo sé y ya no me importa.
—No es necesario… — Me interrumpe.
—De hecho, papá se quedó sin asistente y tú podrías apoyarlo. — ¡¿Qué?! ¡Eso nunca!
—¡Oh! No, no. En verdad no es necesario, yo podría buscar que hacer. —Lo que menos quiero es tener de cerca a la persona que me lleva a otra dimensión del s**o.
De por si lo he estado evitando para no volver a caer en esa tentación.
—¿Segura? —De seguro lo dice para no tenerme en casa y traer a esa zorra aquí.
—Muy segura. —No sé si yo misma me la estoy creyendo. Ya que cada vez que cierro los ojos lo veo a él.
—Está bien, cariño. —Se acerca a mi y me deja un beso en los labios.
¡Dios! No lo soporto.
—¿Cómo te fue con tu madre? —Prefiero cambiar de tema.
—Todo bien. Por cierto, pronto se casará con su novio. —Pobre hombre, tener que aguantar a esa mujer.
—Por cierto, vendrá a quedarse un par de meses, ya que se casará en la ciudad. —¡¿Qué?!
—Espera ¿Cómo que se quedará? A caso ¿no tiene a su hermana, Rosaura, para quedarse? —Sabe perfectamente que su madre y yo no nos llevamos.
No sé si me está presionando para que me vaya a trabajar como la asistente de su padre, ya que no había aceptado y ahora me sale con esto.
¡Dios! Me siento entre la espada y la pared.
—¿Le has propuesto a tu padre ser yo su asistente? —Prefiero cambiar de tema.
—No. Eso lo dije porque se ha quedado sin una y hoy serán las entrevistas. Si aun quieres ir. —Dice sin mirarme.
He estado ocultándome de Alonso por lo ocurrido aquella noche en donde me entregué a sus brazos y a la pasión.
…
Llego a la empresa y para mi fortuna aquí todos me conocen.
—Hola, Margarita. —Saludo a la recepcionista.
—Buenos días, señora. —Me saluda con amabilidad.
—Venía a la entrevista para el puesto de asistente de mi suegro. —Trato de ocultar mis nervios.
—Claro que sí. Pase. —Le doy las gracias y tomo el ascensor.
Llego y veo a unas cuantas mujeres vestidas como si estuvieran en un antro.
¡Genial! Y ¿ahora como le haré para tener el puesto?
Tomo asiento frente a su oficina en espera al igual que las demás. Se abre la puerta y ahí está, tan guapo como siempre.
—Muchas gracias. —Le dice con una sexy sonrisa, esa que solía darme. Me mira y se pone serio.
—Pase, por favor. —Le dice a una pelirroja y a mí me ignora.
¿Qué estoy haciendo aquí? es evidente que no quiere verme y mucho menos querrá contratarme. Así que me levanto y me dirijo nuevamente al ascensor.
—¿Qué haces aquí? —¡Dios! Esa voz que me hizo temblar. Creí que estaba en su entrevista.
Me voy la vuelta y con él no puedo ocultar como me pone tenerlo así.
—Vine… a la entrevista. —Trato de no tartamudear.
—Pensé que no querías verme. —Dice con seriedad.
—Bueno…yo… —Me interrumpe.
—Ya contraté a alguien. —Dice cambiando de tema y no sé por qué, pero me sentí mal por escucharlo.
Se abren las puertas de ascensor y no dude en entrar dándole la espalda.
Estas se cierran y dejo escapar una lagrima.
—Soy una tonta. —Me digo estando sola.
—No lo eres. —¡No puede ser! ¿Qué hace aquí?
—Alonso… Creí que te habías ido. —Lo miro sorprendida.
—No me entendiste, tú serás mi asistente. —¡¿Qué dijo?!
—¿Qué? —Lo miro sin entender.
Se acerca mas a mi que siento su respiración en mi cara y ese aroma a cítricos. Realmente me pone muy nerviosa.
—Que no te vayas, hoy empiezas como mi nueva asistente. — Sin decir nada más, me besa con desesperación.
…
Nunca me imaginé ser la asistente de mi suegro, mi padre quería solamente que me casara sin hacer nada, ya que tendría una vida de comodidades, sin embargo, es algo que yo no quería. Y en parte se lo debo agradecer al infiel de Carlos.
Estaba tan concentrada escribiendo la agenda de Alonso en la computadora, cuando un carraspeo me saca de mi concentración.
Miro y es una rubia con cara de pocos amigos.
—¿Diga? —Digo con seriedad y esta gruñe.
—Vengo a ver a Alonso. —Dice evitando mirarme. Esperen… ¿Será una amante suya? ¡Claro! Pues lo que ocurrió aquella noche sólo fue eso.
—Está en una junta. —Digo sin mirarla.
—Pues lo espero. —Toma asiento al sofá y yo bufo por lo bajo.
Creo que estoy lo tendré que soportar sólo por ser su nueva asistente.