—Sargento, salude a la princesa de una de las familias reales de los Emiratos Árabes Unidos… La primera dama del país —dijo Horus—. Su nombre en clave será: Amira. Herón la distinguió de inmediato. Esos ojos verdes como perlas de jade brillante eran inconfundibles. Era la diplomática de Medio Oriente. ¿Qué hacía allí? Se suponía que ya debía estar al otro lado del mundo. ¿Y esa corona era diferente a las diademas que había portado en Francia? ¿Qué significaba? Apenas había asimilado lo que escuchaba. ¿Una princesa? ¿Ella? Su mente procesaba en silencio mientras mantenía el rostro imperturbable. Su entrenamiento le exigía no mostrar emociones, pero esa revelación le hizo sentir como si el suelo bajo sus pies se tambaleara. No era solo una diplomática… Ella era parte de una familia magnánim

