Octavio
Al despertar en la mañana el dolor en mi labio se ha vuelto más intenso, al mirarme en el espejo, veo mi labio hinchado, el costo de mis palabras. Lo único que me alivia es que no volveré a la oficina hasta después de año nuevo.
Es casi medio día cuando me levanto al fin de la cama, y no es por qué tuviera muchas ganas, si no por qué alguien toca con insistencia el timbre de la entrada.
— estaba a punto de irme — dice Santiago mientras entra sin pedir permiso.
—estaba durmiendo.
—¿qué tal estuvo la fiesta de anoche?.... creo que no tan bien —dice con un tono de burla cuando ve mi rostro golpeado. — ¿qué te pasó?
— ¿me creerás si te digo que fue una mujer?
— supongo que lo merecías, de lo contrario me sorprende que hubieras dejado que te pusieran una mano encima
— sí, lo merecía.
— ¿y qué pasó? ¿Ya no quisiste salir con ella?
— en realidad fue mi culpa, creo que no supe manejar la situación.
No es mucho lo que hablo de Emily con Santiago, ni siquiera me atrevo a decir su nombre, simplemente sabe que me he comportado mal con una mujer.
Santiago permanece un largo rato en mi casa, me cuenta como va la nueva sucursal de InnoVista en el país.
Cuando cumplí 18 años, mi madre ya había fallecido y mi abuelo era ahora quién se hacía cargo de mí, él quería que permaneciera a su lado, pero yo no quería estar aquí, quería irme lo más lejos posible. Me costó un poco de trabajo, pero pude convencerlo de que me enviara a estudiar al extranjero. Cuando terminé la carrera de economía pude conseguir un buen trabajo gracias a un profesor que siempre me apoyó. Mi abuelo quería que regresara, pero yo aún no estaba listo además que mi trabajo se había vuelto muy importante para la empresa, así que permanecí en el extranjero un par de años más, inclusive pude conseguir un puesto para uno de mis amigos, Santiago. Un día lo llamé y le planteé la posibilidad de ir conmigo y aunque lo dudo un poco, terminó accediendo. Mi intención era clara, quería preparar a mi amigo para que en un futuro, él tomara mi lugar en la empresa, sabía que era un excelente economista aunque no se le había presentado una buena oportunidad laboral, quería darle ese impulso y dejar mi lugar en manos confiables.
Conozco a Santiago desde la preparatoria, él, Mauricio y yo nos hicimos muy buenos amigos. Cuando llego conmigo al extranjero, ambos vivíamos en el mismo apartamento, hasta que mi abuelo me llamo diciendo que estaba cansado, que yo era la única persona en quien podría confiar para mantener su legado. Sabía que ese día llegaría, le había prometido a mi madre que cuidaría a mi abuelo y lo haría sentirse orgulloso de mí, fue lo último que pidió antes de morir, que cuidara de mi abuelo y de Penélope, que ahora eran la única familia que tenía en la vida.
— me parece genial que puedas regresar al país sin la necesidad de renunciar a tu trabajo.
— yo también estoy feliz, extrañaba mucho a mis padres ....
— ¿, y qué hay de la chica a la que dejaste?
— no la he buscado, aunque creo que no hacerlo sería lo mejor.
— eres un cobarde
— lo sé — dice mi amigo con vergüenza. No es mi intención hacerlo sentir mal, simplemente me siento reflejado en él. No sé mucho de su historia, solo fragmentos de lo que él me ha contado, tenía una novia a la cual dejó para poder ir a trabajar conmigo. No me ha dicho como es que terminaron o que fue lo que hizo para sentirse tan culpable, por eso es que lo llamo cobarde.
.....
Después de un rato, ambos comenzamos a sentir hambre.
— vamos a comer, yo invito — sugiere Santiago
— bien — ambos caminamos hacia la salida. Al abrir la puerta, un auto azul se estaciona frente a mi casa, un auto que reconozco perfectamente... ¿Qué hace Emily aquí?, es lo que pregunto hasta que veo a mi hermana bajando del auto.
— ¡muchas gracias! Adiós —se despide con entusiasmo mientras comienza a correr hasta donde estamos nosotros dos, mientras que el auto de Emily arranca y se aleja de prisa.
— hermano ¿ibas a salir? .... ¿Qué rayos te pasó?
— ¡ouch!—me quejo cuando Penélope pone sus dedos sobre mi labio.
— no es nada
—¿ahora te andas agarrando a golpes?
— iba a ir a comer con Santiago
— ¡hola, Pen! — saluda mi amigo que se asoma por la puerta
—¡¿Santiago?! —pregunta con emoción
—¿tú que haces aquí? — pregunto al ver la sonrisa de tonta que pone frente a Santiago
—vine por unas cosas que dejé el otro día, y también a visitarte ¿puedo acompañarlos?
—¡no!
— ¡si!—ambos respondemos al mismo tiempo
— ¿pero por qué no? — pregunta mi pequeña hermana al oír mi negativa —¿a caso hablarme de cosas de hombres?
— simplemente, no estabas contemplada en los planes
— ¡Santi! ¿tú tampoco quieres que vaya?
— yo no tengo problema, querida
— ¿ves? No seas grosero y dejame ir con ustedes.
—... está bien, pero te vas a tu casa después de comer
— solo si me llevan
—¿en dónde está tu auto?
— se descompuso.
— está bien... pensé que en vacaciones no darías tantas molestias.
— te aseguro que me extrañas cuando no me ves en tu casa.
Ambos seguimos discutiendo mientras entramos en el auto de Santiago. Penélope tiene razón y es que, a pesar de que deje un desorden en mi casa o se coma toda la comida del refrigerador, me gusta mucho saber que ella viene a esta casa, inclusive me he acostumbrado a ver a ese pequeño intruso merodeando por mi sala.
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Emily
El desayuno es muy agradable, Penélope es una chica muy lista e interesante. Ella y Karisa están muy emocionadas pues en una semana irán a un viaje por parte de la escuela, aunque solo es por un par de días, han hecho un plan exhaustivo de todo lo que quieren hacer.
Yo pretendo pasar mis vacaciones lo más tranquila posible, llevaré a Jack al parque todas las mañanas e iré con Karisa a la agencia de autos para que escojamos una nueva camioneta.
Después del desayuno, el auto de Penélope se ha descompuesto a mitad de camino, dejándonos varadas por un largo rato hasta que el agente del seguro llega.
— lo siento chicas, las hice perder bastante tiempo — dice, avergonzada
— no te preocupes, no te íbamos a dejar sola — y es que yo venía en mi auto y Penélope en el suyo ya que después del desayuno ella iría a otra parte.
— sube al auto, te llevamos a donde sea
— no se preocupen, puedo ir en taxi
— ¡para nada!, anda, sube
— está bien... es solo que iba a casa de mi hermano — mi corazón se acelera ligeramente
— de acuerdo, sube, yo te llevo
No recuerdo muy bien el camino a casa de Octavio, así que Penélope me va indicando por donde ir. Cuando llegamos a la casa es que la vuelvo a reconocer.
— muchas gracias por todo, me encantó el desayuno
— no fue nada, Pen — Penélope se despide de todos, inclusive de Jack... No puedo evitar mirar a Octavio parado en la entrada de su casa, su aspecto es desordenado, su cabello quebrado se mueve ligeramente con la brisa fresca.
— ¡muchas gracias, adiós! — reacciono al escuchar las últimas palabras de Penélope.