Un corazón en espera de ser amado

1216 Words
Penélope Emily me lleva hasta la casa de Octavio, aunque quería evitarle la molestia, ella insiste en hacerlo. Cuando llego a la casa de mi hermano, lo veo parado en la entrada, así que me despido rápidamente de Emily y Karisa, solo espero que esto no sea incómodo para ninguno de los dos, amo a mi hermano y me preocupa, pero Emily es tan dulce y agradable que no puedo alejarme de ella, y por supuesto, Karisa es mi mejor amiga. Últimamente mi hermano ha estado algo deprimido... a veces me gustaría saber qué es lo que pasa por su cabeza para así poder ayudarlo. Cuando veo a mi hermano, este tiene un golpe en la boca. Me siento molesta y triste al mismo tiempo, no me gusta ver a mi hermano herido, me rompe el corazón pensar que lo está pasando mal. Octavio me dice que irá a comer con Santiago y cuando este se asoma por la puerta, no puedo evitar emocionarme ... soy una hermana muy mala. Santiago me saluda con su perfecta sonrisa y aunque mi hermano, intenta impedirlo, logro autoinvitarme a la comida. Mi hermano sigue discutiendo conmigo mientras caminamos hacia el auto de Santiago. Mi mano se aproxima a la manija de la puerta del copiloto, pero Octavio me detiene con un toque suave, pero autoritario, y con un solo movimiento de cabeza, me ordena que vaya a la parte de atrás, obedezco sin chistar, no quiero evidenciarme frente a Santiago. Tomo asiento atrás de mi hermano, así tengo una mejor vista del perfil de Santiago. Ambos hablan aunque quien lo hace más es Santiago. — ¿y qué le pasó a tu auto?— pregunta Santiago con curiosidad, mientras me mira por el espejo retrovisor. — simplemente dejó de funcionar, no tengo idea. —¿llamaste al seguro? — pregunta ahora mi hermano — si, hermano. — pudiste haberme llamado a mi, y no estar dando molestias a otras personas — no molesté a nadie, no te preocupes... mejor dime tú, ¿quién te golpeó ? — ambos se hacen los disimulados, Santiago gira levemente la cabeza, como esperando que no le pregunte nada, mientras que Octavio solo permanece en silencio —¿ no me digas qué pelearon entre ustedes? — ¡no! para nada —dice de inmediato Santiago —¿por qué no le cuentas? —le pregunta a Octavio — porque es una entrometida. — ¡que grosero! lo único que hago es preocuparme por ti — respondo molesta — perdón hermana, pero siempre que intentas meterte en mi vida se crea un caos y no necesito eso ahora. — ¡ eres un idiota, lo único que hago es preocuparme por ti! — intento seguir insultando a Octavio, pero en ese momento quien habla es Santiago — ¡fue una chica !, ahora ambos guarden silencio — ¡idiota !— le dice Octavio, mientras yo proceso la información — ... ¿no me digas que fue ella? — ¿la conoces ?— pregunta Santiago con curiosidad — ¡eh! si ... podría decirse que yo los presenté. — ¿y es bonita ? — si, es muy linda p.. — ¡ya cállense los dos! no quiero que hablen de ese tema, o si quieren puedo irme para que ambos sigan con su charla — el pequeño espacio del auto queda en completo silencio hasta que Santiago enciende el reproductor de música. Al llegar al restaurante, Octavio baja del auto sin decir nada, cerrando con fuerza la puerta del auto y caminando sin decir nada ni esperar a nadie, Santiago solo suelta una risita. — será mejor que ya no toquemos el tema, si no queremos que se enoje aún más. — está bien — Santiago me ofrece su brazo y enseguida entrelazo mi brazo con el de él. La comida transcurre lo más normal posible, el silencio de mi hermano fue sepulcral, aunque Santiago y yo intentamos mantener una conversación e incluirlo en ella, Octavio simplemente nos ignora, aunque creo que ambos estamos acostumbrados a sus berrinches pues ambos seguimos hablando y riendo mientras él permanencia en silencio .... ******** Octavio Deseo volver a casa y simplemente acostarme en mi cama, pero no puedo dejar a estos dos solos y menos cuando los veo entrar en el restaurante. Mi hermana aferrada al brazo de mi mejor amigo, y no es que crea que él no es suficiente para mi hermana, o que crea que es mayor para ella, simplemente sé que a Santiago no le interesa Penélope, o al menos, no románticamente. Mientras los ojos de mi hermana brillan con ilusión al ver a Santiago, en el pensamiento de mi amigo, está aquella chica a la que dejó para irse a trabajar conmigo, y no quiero que rompan el corazón de mi pequeña hermana. — Octavio, deja de mirar el menú como si fuera un contrato de fusión —dice Santiago con tono ligero—. Pide algo de comer, la casa invita. — No tengo hambre —suelto con voz ronca. — Ay, vamos, no seas amargado —interviene Penélope, acomodándose el cabello detrás de la oreja mientras mira a Santiago de reojo—. Estamos celebrando que Santiago volvió. Deberías estar feliz. Observo a mi hermana. Su ilusión es tan transparente que me da rabia. Ella cree que este es el inicio de una historia romántica, cuando para Santiago solo es una comida con la "hermanita" de su mejor amigo. — Estoy feliz, Penélope —miento, clavando la mirada en ella—. Lo que no estoy es ciego. El silencio vuelve a la mesa, denso y cargado. Santiago arquea una ceja, sospechando por dónde voy, pero prefiere ignorarlo y seguir contándole a Penélope sobre la nueva sucursal. Yo solo puedo pensar en que ambos somos unos cobardes. Cuando la comida termina, llevamos a Penélope a su casa. Ella actúa como si nada, como si no hubiera entendido mi comentario de hace un rato. Se despide de mí con un beso en la mejilla mientras aprieta mi cuello con sus brazos. — ¡Te quiero mucho! —dice antes de soltarme. No me resisto más y le devuelvo el beso en la mejilla... mi hermana sabe perfectamente cómo manejarme. — Hasta luego, Santiago. — Nos vemos, Pen —responde él, depositando un beso en su mejilla como gesto de despedida. Ambos subimos al auto y permanecemos en silencio por un largo rato, hasta que Santiago rompe el hielo al fin. — ¿Te molesta que hable con Penélope? —pregunta sin rodeos. — Me molesta que mi hermana se esté ilusionando con una persona que ni siquiera se da cuenta de sus intenciones. — Sabes que no es mi intención coquetear con ella; me cae bien y la respeto —asegura, manteniendo la vista en el camino. — ¡Lo sé! No creo que sea tu intención jugar con ella, pero aun así me molesta que se haga ideas... No puedo pedirte que no le hables o que dejes de ser amable, ¿entiendes? Simplemente me frustra no poder controlar esta situación y no poder evitar que su corazón se rompa cuando se dé cuenta de que no le interesas de la misma forma en que ella te quiere a ti.
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