Emily
Mis días en casa han sido bastante tranquilos. Decidí darle un respiro también a Jack y se quedó en casa junto conmigo, solo espero que al volver a la guardería no me extrañe tanto como yo lo voy a extrañar a él..
Karisa ha estado triste desde su pelea con Penélope, al parecer ella sabía que su hermano sería mi nuevo jefe, cosa que jamás imaginé ya que el apellido de Penélope no está relacionado con el del señor André. Lo que me dice Karisa es que Octavio y Penélope son medios hermanos. Le he insistido a mi hermana para que haga las paces con su mejor amiga, y aunque ella se sienta a hacerlo, sé que tarde o temprano se reconciliarán....
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Estoy terminando de bañar a Jack cuando alguien toca la puerta. Me asomo por la ventana y veo a Abigail parada en la entrada de la casa.
— ¡hola! —dice mientras agita su mano para saludarme
— ¡hola!, espera un momento, estaba terminado de bañar a Jack
— no te preocupes, aquí espero.
Saco a Jack de la bañera y lo envuelvo en una enorme toalla.
Bajo las escaleras con mi bebé en los brazos
— ¿ qué te trae por aquí a esta hora?— pregunto mientras Abigail entra a la casa
— salí de trabajar y de repente recordé que tenía una amiga ¿cómo te ha ido con el curso?, ¿estás lista para el examen de mañana? —comienza a preguntar sin parar
— sí, el curso fue muy bueno y con respecto al examen, me siento nerviosa, no te voy a mentir, pero me siento muy preparada, sé que me irá bien
— ya lo creo que sí, eres muy inteligente
Ambas subimos a la habitación para vestir a Jack, mientras continuamos hablando.
— ¿y cómo están Dany y Grace?
— muy bien. Deberíamos juntar un día a Jack y Grace para que jueguen, hace tiempo que no lo hacemos.
—si, si quieres podemos vernos el domingo
— me parece una excelente idea — Abigail se queda en silencio por un momento, sé que quiere decirme algo Pero no sé anima a hacerlo
— ¿ocurre algo, Abi?
—... bueno, solo te preguntaré una vez y si no quieres responderme está bien..— tengo una idea de lo que quiere hablar, y me siento nerviosa...
— Octavio me preguntó hoy por ti, lo cual es estúpido, se supone que él debe de saber lo del curso... ¿amiga, algo está ocurriendo entre ustedes?¿por eso estabas llorando ese día? — una sola mirada basta para que Abigail lo entienda todo
— Él era la cita a ciegas que Karisa organizó con su amiga.
¿No les ha pasado que a veces no puedes contar lo que te pasa por qué sientes que nadie te va a entender o por temor a que las personas que quieres se molesten contigo o por ser juzgadas ?... pues así me sentía yo, pensé que nadie entendería mi sentir. Sin embargo al momento de contarle todo a Karisa y ahora a Abigail, el nudo que se había formado en mi estómago, se había deshecho.
— ¡pero si es un idiota!
— admito que quizá me ecxedí al arrojarle el cheque en la cara, pero en verdad no imaginé que me trataría así.
— y yo que sentí lastima cuando se acercó a mi escritorio con su cara de tonto.
— Pero en fin! será mejor que dejemos eso a un lado. Lo importante ahora es conservar mi trabajo.
— ¡bien dicho!
Abigail permanece conmigo un par de horas más, inclusive me ayudó a preparar la cena y aunque le insistí en que se quedara a cenar, no aceptó pues Grace y Daniel la esperaban en casa.
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Sábado por la mañana
El día de hoy me he levantado muy temprano, inclusive no pude dormir del todo bien, estoy nerviosa. Karisa se ha levantado junto conmigo, me ofrece prepararme un delicioso desayuno pero tengo miedo de que mi estómago se revuelva a mitad del examen.
Mi ropa está lista,un traje sastre en color azul cielo y una blusa de seda color blanca, inclusive compré un par d zapatillas nuevas, eso gracias a que el señor André no descontó el dinero de mi nómina.
Me miro al espejo y me gusta el resultado, me veo profesional y elegante.
— [ Mucho éxito] — dice el señor André en un mensaje muy sencillo pero que me llena el corazón de alegría.
— si quieres, puedo pasar junto con Jack cuando termines el examen —propone Karisa
— no te preocupes, yo regreso sola, mejor ve alistando a Jack y cuando regrese salimos a celebrar .... bueno, si es que logro pasar el examen — digo nerviosa
— claro que lo vas a lograr
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Son las nueve de la mañana cuando voy llegando a la facultad. Siento como mis manos comienzan a sudar mientras voy caminando para llegar al auditorio. Me habría encantado que Karisa y Jack estuvieran aquí pero no es conveniente que un bebé tan pequeño asista a un lugar así.
Me encuentro frente al jurado, doy una bocanada de aire antes de iniciar con mi presentación
— Buenos días, honorables miembros del sínodo — comienzo saludando al jurado, haciendo contacto visual con cada uno de ellos, consejo recibido por el señor André — Es un honor estar hoy ante ustedes para presentar mi trabajo, "Dicotomía de la valoración: Activos tangibles vs. Capital intelectual en el siglo XXl" ...........
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Después de varias preguntas y explicaciones, el jurado al fin agradece y se disponen a deliberar mi calificación ...
Me encuentro en la sala de espera junto al señor André quien para mí sorpresa y alegría, se encontraba en el auditorio desde mucho antes que yo.
— tranquila hija, lo hiciste excelente — dice al ver mis manos nerviosas
— Emilia Castellanos — Me levanto de un brinco cuando escucho mi nombre. El señor André camina junto a mi.
— En la ciudad de México, siendo las 11:35 horas del día 10 del mes de diciembre de 2025, se reunieron los integrantes del jurado designados para evaluar el examen de grado de Maestría en finanzas corporativas. Los miembros del jurado, tras deliberar sobre el desempeño de la sustentante y la calidad de su trabajo, han resuelto declararlo, Aprobada por unanimidad, con Mención Honorífica. — mi corazón late con fuerza, siento que se quiere salir de mi pecho. Quiero gritar y brincar de emoción
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—¿Protesta usted ejercer el grado de Maestra en finanzas corporativas, con estricto apego a la ética, empleando sus conocimientos en servicio de las causas justas, favoreciendo el desarrollo social del país y honrando siempre a esta institución? —levanto la mano, intentando mantenerla firme pues siento como tiembla ligeramente
—¡si, protesto!
— Si así lo hiciere, que la nación y la universidad se lo premien, y si no, que se lo demanden.
Son pocos los aplausos que resuenan en el auditorio, pero es todo lo que necesito en este momento. Una sonrisa se dibuja en mi rostro, una que no logra desaparecer mientras intento retomar la compostura mientras los sinodales preparan el acta.