— Lorcan…
— ¿Qué…? — nos mira con el entrecejo fruncido y mucha confusión en el rostro — ¿Qué haces con él…?
— Ah… yo…
— No le contestes… — susurra Derek — No tienes por qué contestarle sobre qué haces y con quien…
— Déjame bajar
Derek me mira con confusión y algo de enojo.
— Pero…
— Es una orden, déjame bajar
El chico del arete asiente con la cabeza, mirándome con seriedad y luego dedicándole una mirada a Lorcan.
— Si sucede algo malo, no dudes en llamarme
— Él nunca me haría nada malo
Nos miramos fijamente.
— Por supuesto, él es incapaz de hacer algo malo
— Yo no dije eso…
— Como sea…
— Derek… — el chico solo se da media vuelta y camina en dirección al bosque — ¡Derek!
— ¿Está todo bien?
Lorcan se me acerca.
— ¿Qué quieres? — le miro con enojo — ¿Me has tratado horrible toda la semana y ahora me hablas?
— ¿Qué hacías con Derek Ravenswood?
— No es tu problema
— Por supuesto que sí
Me mira con enojo.
— ¿A sí? ¿Por qué?
— Evangelina…
— ¿Qué…? — le miro — ¿Solo dirás mi nombre?
— Te dije que era peligroso
— Lo hiciste — aprieto los puños — Pero omitiste decirme que tú y tus hermanos abusaron de él
— ¿Qué…?
— ¿Creíste que no me enteraría? — el enojo comienza a invadirme — ¿Creíste que no descubriría lo que tú y tus hermanos le hicieron a Derek?
— ¿Él te dijo eso?
— No intentes negarlo — le miro a los ojos, esos ojos verdes que tanto me gustan — Le vi las cicatrices de la espalda, la del cuello… ¿Cómo pudieron hacerle algo así?
— Él se lo buscó…
— ¿A sí? ¿Cómo? ¿Por qué? — le miro con indignación — ¿Por qué no permitió que tu hermano siguiera tratando a su padre como basura?
— ¿Desde cuándo te importa esa clase de gente?
— ¿Esa clase de gente?
Niego con la cabeza, estoy en presencia de alguien a quien no conozco.
— Personas como Derek Ravenswood no te deben de importar, y lo sabes
— Soy la princesa heredera, algún día seré reina… ¡Me debe de importar todo tipo de personas!
— No te engañes, Evangelina — suelta una risita — Jamás te has preocupado por alguien que no seas tú misma y solo tienes interés en relacionarte con quien te convenga y está bien, ambos somos iguales en ese aspecto
— Eso no es cierto
— ¿A no? ¿Entonces es mentira lo que la loca de tu compañera nos contó?
— ¿Qué…?
— Que no las consideras realmente tus amigas a pesar de que te han ayudado en múltiples ocasiones desde el día uno — no contesto — No tuve el valor ni el corazón como para decirles que jamás podrán ser tus amigas porque no están dentro de la lista de aptitudes para ser amigas de su Alteza Real, así que deja de fingir que personas como Derek Ravenswood o la becada esa de Anja Sharma son importantes para ti, porque sabes que no lo son
— Eso es mentira, son importantes
— Claro y por eso andas sola todo el tiempo
— Basta…
— ¿Vas a llorar? ¿En serio? — miro a otro lado — ¿Tú…? La que nunca deja ni un solo cabello suelto y siempre intenta mantener la compostura, te vas a poner a llorar en medio del jardín
— Basta… te desconozco…
— ¿Me desconoces? — ríe — Yo te desconozco, no puedo creer que andes para todos lados siguiendo a Derek Ravenswood
— No tenía a nadie más con quien hablar, tú me trataste mal cuando me acerqué a tu mesa aquella vez ¡¿Qué esperabas que hiciera?!
— Ya hasta hablas como él…
Me llevo una mano a la boca, no lo había notado.
— Perdón si te hice enfadar la otra noche… — pido — En serio, no fue mi intención, puedes estar con Christiana o con quien sea, no me importa… — las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas — Me siento feliz por ti, eres mi mejor amigo — Lorcan me mira con una expresión más relajada — Debí de anteponer tus emociones antes que mi interés por ser… por cumplir mis deberes… — bajo la mirada — Debí de ser un poco más humana contigo…
— ¿Lo dices en serio?
Nos miramos fijamente.
— Lorcan, te quiero mucho, eres mi mejor amigo, siempre hemos estado juntos — sus ojos verdes tienen un brillo singular — Y lamento haber insultado a Christiana y me alegro de que hayas encontrado a alguien…
— ¿Entonces no estás enojada? ¿Lo aceptas?
— ¿Cómo no aceptarlo? — más lágrimas caen, siento un fuerte dolor en el pecho — Me gusta verte feliz, como cuando te regalé ese gatito pese a que tus padres se negaban a dejarte tener una mascota ¿Recuerdas?
— Eleonor duerme en mi cama cuando no estoy y según mi madre, ahora come salmón importado cortado en cubos
— Tu gata es muy mimada…
Comenzamos a reír.
— Wow… — nos miramos fijamente — Nunca te había visto reír de esa forma…
— Estoy intentando ser un poco menos “Princesa” y más “Evangelina”
— Eso suena bien…
— ¿Amigos?
Pregunto, sintiendo otra vez esa horrible sensación en el pecho.
— Amigos…
Entonces nos abrazamos, fuertemente, como solíamos hacer cuando éramos pequeños, como solíamos hacer cada vez que nos veíamos, como aquella vez que le acompañé al aeropuerto para su primer día en Cordelia. Lorcan es muy importante para mí. Lo lamento Derek, pero tenías razón cuando dijiste que a quien dañaron fue a ti, no a mí. El Lorcan que yo conozco nunca me haría daño y no quiero perder lo único verdadero que tengo en esta vida y eso es su amistad…
— Esto me hace sentir feliz…
— ¿Pese a todo lo que ese idiota te dijo de mí?
— Ey… — poso mi mano en su mejilla — Tus hermanos se equivocaron, tú les seguiste, pero todos merecemos una segunda oportunidad y confío en que jamás volverás a hacer algo así a nadie… — asiente con la cabeza — No importa cuán insignificante creas que son esa clase de personas, siguen siendo personas y merecen respeto
— Está bien
— Algún día seremos los reyes de este país, no podemos tratar como basura a todo aquel que sea inferior a nosotros, Lorcan…
— Espera… ¿Qué…?
— No podemos ser unos tiranos o unos desgraciados con las personas, debemos de ser un ejemplo y qué mejor ejemplo que ser amables con una persona que no es de nuestro estatus… — Lorcan me mira con expresión de horror — ¿Sucede algo?
— Dijiste que seremos reyes… lo acabas de decir…
— Sí… — asiento con la cabeza — Como cuando éramos niños ¿Recuerdas? — le miro — Siempre decíamos que inventariamos leyes ridículas como hacer que todos paguen un tributo extra para que podamos costear paseos a Disney o que nos paguen con dulces… — suelto una risita — Solo espero que tú y yo lleguemos a ser tan buenos reyes como mis padres y…
— Pensé que habías aceptado lo mío con Christiana
— Lo hice, lo hago…
Le miro con confusión.
— ¿Entonces por qué sigues hablando de nosotros como reyes? — me mira con el entrecejo fruncido — ¿Cómo esperas que ambos seamos reyes?
— No entiendo…
— ¿Estás diciéndome que seguirás con el acuerdo de nuestros padres, pese a que sabes que tengo novia?
— El acuerdo entre nuestras familias no tiene nada que ver con que tengas novia — me siento cada vez más confundida — Es un acuerdo contractual, sabes las consecuencias de romperlo, sabes lo que tu familia perderá si decides romperlo
— Pensé que acabaríamos con este acuerdo, por mutuo acuerdo
— Lorcan… — le miro fijamente — ¿Realmente consideras no llevar a cabo el acuerdo?
— ¿Realmente consideras casarte conmigo pese a que sabes que estoy con alguien más?
— ¿Y con quién más lo haría? — Lorcan aparta la mirada — Tú mismo lo dijiste este verano, que era mejor casarse con tu mejor amiga a tener que hacerlo con alguien a quien el parlamento escoja y no quiero que eso suceda
— Y por eso el que se debe de sacrificar debo de ser yo…
— Lorcan… eso no es así…
— ¿A no? ¿Y cómo es entonces?
— Falta mucho para que seamos mayores de edad… — nos miramos fijamente — Hasta entonces… tú y ella pueden seguir con lo suyo, en privado, sin muchas luces — niega con la cabeza — Además, quien sabe si tu relación dure, la mayoría de relaciones escolares no duran para siempre y…
— Estás loca… — niega con la cabeza — Realmente estás loca…
— Lorcan…
— No puedo creerlo…
— Lamento si esto suena horrible para ti o te hace sentir como si tu relación con Christiana tuviera fecha de caducidad, pero piensa en todo lo que obtendrás cuando se ejecute el contrato, serás la persona más importante del país después de mí — me mira — Así que… no creo que debas de quejarte tanto…
— No, por supuesto que no… — me mira, negando con la cabeza — Solo debo de aceptar lo que estipularon para nosotros mucho antes de que aprendiera a caminar
— Lo lamento, pero sabes que así se han hecho las cosas
— Supongo que no tengo de otra… — nos miramos fijamente — Y espero, de todo corazón, que algún día no te arrepientas por querer continuar con este estúpido acuerdo
— Es lo que debo de hacer, es mi deber
— ¡Pero no es el mío! ¡Yo no nací para ser rey! ¡Solo me obligaron! — abro al máximo los ojos — Sé que no es tu culpa, pero no pretendas que no me enfade si me pones entre la espada y la pared… — nos miramos — Evangelina… — me toma por los hombros — Amo a Christiana… — el dolor en mi pecho vuelve — La amo y tú misma acabas de decir que lo aceptas… — las lágrimas llenan mis ojos — Entonces…
— Lo lamento… yo no fui quien firmó ese acuerdo…
— Tampoco yo…
Me suelta.
— Lorcan… eres mi mejor amigo…
— Y tú la mía… — baja la mirada — Pero en este momento… en serio… no quiero estar cerca de ti…