Dios de la Arquería

2529 Words
El horario de clases termina y junto a mis compañeras regresamos a la residencia Virginia Woolf para ponernos nuestros uniformes de deportes. No puedo evitar sentirme algo ansiosa al respecto, pero trato con todas mis fuerzas de no demostrarlo. Mis compañeras lucen muy emocionadas por iniciar su primer día de carrera a campo traviesa, lo noto en sus rostros sonrientes y los pequeños chillidos que sueltan a medida que nos acercamos a los terrenos de la escuela. Quisiera poder sentirme igual de emocionada, quisiera poder demostrarlo al menos, pero no puedo, no puedo darme el lujo de que me vean flaquear, de que me vean vulnerable, una reina no puede mostrarse vulnerable ante los ojos de sus súbditos y no voy a ser la primera que lo haga. Así que no voy a dejar que noten mi nerviosismo y ansiedad por el inminente momento que voy a tener que vivir, sobre todo porque Lyn no dejaría de atosigarme con sus comentarios acerca de lo guapo que es Derek Ravenswood y esa línea bien mercada de la mandíbula y cómo sus ojos cafés pareciesen asesinar a todo el mundo. No creo que Derek Ravenswood sea capaz de asesinar a alguien, pero que simpatice con los ideales de un grupo antimonárquico ya lo ubica en una lista de personas de las que me debería de cuidar… — Su Alteza… Me detengo en seco, Lorcan está parado delante de mí, haciendo una reverencia. — Lorcan… Saludo, asintiendo con la cabeza. — Eh… — Lyn suelta una risita — Supongo que nosotras nos iremos — toma a Anja y Mitsuki de los brazos — Nos vemos en Virginia Woolf, suerte en arquería — ¡Adiós! Se despiden las otras dos, yéndose con la pelirroja a rastras. — Me alegra ver que ha logrado hacer amigas — Son alianzas estratégicas Contesto, con un asentimiento de cabeza, Lorcan solo sonríe. — Entonces me alegra que haya formado alianzas estratégicas con chicas de su residencia Sonrío. — Para ganar cualquier batalla, son necesarias las alianzas estratégicas — ¿Y cuál batalla está usted combatiendo? — No sé si es una batalla, pero sí sé que es muy conveniente para mis propósitos que mis compañeras vayan a practicar carrera a campo traviesa — ¿A qué se refiere? Miro a mi novio. — Estuve pensando en lo usted me dijo — Lorcan me mira con una ceja alzada — Sobre que Derek Ravenswood simpatiza con la ideología del Círculo Rojo — Oh… — es lo único que dice — Bueno, ándese con cuidado con ese lunático, no quisiera… — toma mis manos y deposita un beso en ellas, sonrío — Que le suceda algo malo — Descuide, tengo un plan — ¿En serio? — frunce el entrecejo — ¿Y se puede saber cuál es ese? — Se lo diré después, no quiero llegar tarde a arquería y usted no debería de llegar a su práctica de lacrosse — Está bien… — me sonríe — Nos vemos después, su Alteza… — Lorcan El chico de ojos verdes me envuelve en sus brazos y deposita un beso en mi frente, no puedo evitar sonreír. Lorcan se separa de mí y lentamente se aleja en dirección hacia los terrenos de la escuela. Me quedo quieta viendo como se va. Vuelvo a sonreír con disimulo, me acomodo el uniforme de deporte y emprendo el camino hacia los campos de arquería… me espera una hora al lado de Derek Ravenswood… No puedo negarlo, nuevamente me estoy empezando a sentir nerviosa y ansiosa por el hecho de tener que toparme una vez más con el chico del arete. Espero que Lyn pueda averiguar algo sobre el chico este, lo que sea que me ayude a poder compensarle e intentar que él deje de odiarme, lo que sea, sea lo que sea que tenga que hacer lo haré porque en serio no quiero que me odie. No quiero tener un enemigo y mucho menos uno que es simpatizante de grupos antimonárquicos, porque, tal como dijo Lorcan, no quiero que esto se convierta en un asunto que pueda poner en peligro mi integridad física. Esto último me lleva a otro tema, uno que aún no quiero tocar: Mis padres. Al venir a Cordelia, cosas como joyas de la corona y mis guardaespaldas personales, debieron de quedarse en el Castillo de Pravalon, por lo que mi seguridad es responsabilidad de la escuela y obviamente mía, por lo que tengo que cuidarme a mí misma, evitar herirme a mí misma, como, por ejemplo, dejar de caminar con la cabeza en las nubes para no volver a chocar o que otra pila de ladrillos me caiga encima. Así que no voy a lanzar a toda la Guardia Real Isteriana para combatir algo que puede que solo sea un asunto de adolescentes. Puede que el Círculo Rojo sea un movimiento antimonárquico, pero eso no significa que sean terroristas o algo, porque sigue siendo un grupo formado por adolescentes en un internado en medio del bosque escandinavo. Así que mejor intento solucionar este tema de un modo civilizado antes de tener que involucrar a verdaderas autoridades… solo espero que esto no escale a más… no es como que crea que puedan asesinarme o algo por el estilo… aunque no voy a negar que la idea me pone un poco nerviosa y… — Cuidado… cuidado… ¡Mira por dónde caminas, idiota! — ¡Ah! Caigo sobre el pasto, a mi alrededor se alza un sonoro “¡Oh!” y mis mejillas comienzan a calentarse por la vergüenza. — ¿No te he dicho que mires por donde caminas? — alzo la mirada, el chico del arete me mira con notorio fastidio — En serio eres idiota… — Ravenswood — el profesor se nos acerca, el chico solo se queda parado sin decir nada — Su Alteza, déjeme ayudarle… — Sí… Acepto, sintiéndome más que avergonzada y sorprendida por el hecho de que el chico del arete no me haya ofrecido ni la mano para ayudarme a que me levante del suelo. — Ravenswood… El profesor mira al chico del arete. — Profesor Silverman… Ambos se miran. — En vista de su falta de cortesía mostrada en estos momentos… — comienza a decir, mi estómago se encoge, creo que sé lo que va a ocurrir en este momento — Y dado que es uno de mis alumnos más habilidosos… — sonríe — Si quiere el crédito, le presento a su pupila… — Debe de estar bromeando… — No lo hago… El profesor Silverman me da un leve empujoncito, me quedo viendo al chico del arete y este me devuelve la mirada. — Maldición… Susurra, pero aun así puedo oírle. — Lo lamento, no planeé esto, yo… — Toma un arco y sígueme — es lo único que dice, me estremezco — ¿Eres sorda? — pego un salto — Ve por un arco y sígueme — Sí… Contesto con rapidez, caminando hacia una estructura de madera con los arcos, tomo uno. Respiro hondo, dándome media vuelta y caminando hacia el chico del arete. Soy consciente de que algunos de los alumnos de arquería me están mirando, soy la princesa a la que le acaban de regañar por caminar distraída; quisiera huir y largarme a llorar, pero en vez de eso sigo caminando con la cabeza en alto, no pienso permitir que un muchacho con un arete me intimide. Llego hasta el chico, este solo me mira, toma su propio arco y una flecha. — Estos arcos no tienen ventana — comienza a explicar — No se usan como los arcos americanos o los arcos olímpicos, estos son más primitivos — asiento con la cabeza — Este tipo de arco no tiene repisa, se tira sobre la mano y… — me estremezco por segunda vez, su mirada me asusta — Ten cuidado, con tu torpeza lo más seguro es que te hagas un agujero en la mano — sonríe de forma burlona — Te paras en posición de “L”, volteas los talones en paralelo, te paras en tres cuartos, enderezas la espalda, sostienes el arco sin apretar o la flecha no saldrá correctamente — coloca la flecha en el arco — Lo sostienes con tres dedos, tiras de la cuerda, alzas el codo — me mira — Esto va a hacer que la flecha vaya derecho o no — regresa la mirada al blanco — Luego vas a anclar hasta que tu dedo índice toque la comisura de tus labios — vuelvo a asentir con la cabeza — Como el arco no tiene ventana, deberás de inclinar un poco la mano, este tipo de arcos se deben de soltar rápido o se endurecen — le miro con atención — Entonces, posición de “L”, te paras en tres cuartos, sostienes la flecha — comienza a moverse — Endereza la espalda, junta los omóplatos, expande el pacho, alza el codo, tensa la cuerda, ánclala hasta tus labios, apunta… — parpadeo varias veces, me recuerda a un pequeño cuadro que tiene mi padre del dios nórdico Vali, el arquero dios de la luz eterna — Y lanza… — la flecha sale disparada — Justo en el blanco — me mira — Ahora tú… — Eh… sí… — trago saliva, saliendo de mi ensimismamiento — Tomo la flecha, pararme correctamente, espalda, codo… — Alza más el codo — pego un salto, el muchacho posas sus manos en mi cuerpo — Gira más la cintura… — comienzo a temblar — Junta más los omóplatos… — el deseo de huir se vuelve a apoderar de mí — Ahora tensa la cuerda — obedezco — Inclina la mano o la flecha se te caerá… — posa su mano sobre la mía — Ancla la cuerda hasta tus labios… — lleva mi mano con la suya hasta mi rostro — No sueltes la cuerda o me atravesarás la mano — susurra — Y ahora deja ir la cuerda… — ¿La suelto? Pregunto, esperando que mi voz no suene nerviosa. — Obviamente, idiota… — Deja de llamarme así… — Solo lanza la maldita flecha y deja de tensar la cuerda — ¿Qué le cuesta ser amable conmigo? — ¿Tú, acaso, lo eres conmigo? — No he sido descortés con usted — Solo lanza la flecha — Solo pido que cese con ese comportamiento… — Deja de chocar conmigo y lo pensaré, ahora lanza la maldita flecha — Solo le pido que… — ¡Lanza la maldita flecha! Suelto la cuerda, la flecha cae en cualquier parte menos en el blanco. — Oh… — Buen tiro, mala puntería Dice el profesor Silverman, dándole una palmada al chico del arete. — Ve por la flecha y repite todo — ordena el muchacho, los nervios no me dejan moverme — ¿Qué esperas? — me mira con una ceja alzada — Aquí no hay sirvientes que te traigan las cosas, ahora ve por la flecha y repite todo — Sí… Retengo el aire, no quiero que se de cuenta de lo afectada que me siento y, sobre todo, no quiero que note mis ojos llorosos. — Aish… — le miro — Toma una de las mías… — me tiende su carcaj — Ahora repite todo… — Sí… Asiento con la cabeza, tomando otra flecha. — Tu codo lo colocas en mala posición… — vuelve a sujetarme — Ancla la flecha… — vuelve a llevar su mano a la mía, posando su otra mano en mi cintura — Apunta… — le miro de reojo, tiene un lunar en el cuello — Deja ir la cuerda… — la flecha sale disparada — Buen tiro, mala puntería… — Al menos esta vez sí llegué a darle a la diana — Pero no al blanco y el punto de esto es que le des al blanco — el chico toma una flecha, adopta la postura de dios de la arquería y dispara la flecha — ¿Ves? — la suya llega al centro — Así es como debes de hacerlo — Siempre en el blanco — el profesor Silverman vuelve a aparecer — Su Alteza, está en manos de mi mejor estudiante… — el chico mira a otro lado — Practica arquería desde los cinco años… — le da otra palmada en la espalda — Y con algo de suerte, le convenceré de hacer las pruebas para el equipo olímpico de Isteris — Ojalá a mí me hubiesen dejado practicar este tipo de deportes en mi infancia — comienzo a decir cuando el profesor vuelve a alejarse — Solo he practicado equitación y cricket y mucha caminata para mantenerme en forma… — No te he preguntado Me quedo callada al instante. — En serio te debe de gustar mucho la arquería como para practicarla desde pequeño… — ¿Quieres indagar en mi vida? Vuelvo a quedarme callada. — Lo siento, solo intento ser cortés, yo… — Pues guárdate tu cortesía — me mira, tendiéndome nuevamente el carcaj — No te la pedí y no la quiero — ¿Por qué eres así conmigo? — Niñata, no finjas que quieres ser cortés con alguien como yo — le miro sin entender — Ahora lanza la flecha o vete a sentar… — Realmente sí quiero ser cortés contigo… — el chico me mira con el entrecejo fruncido — ¿Por qué no querría serlo? — ¿Por qué no se lo preguntas a tu noviecito? — le miro sin comprender — Él y todos los chicos de la residencia Charles Dickens son la misma porquería — me mira — Y todos aquellos que se relacionen con ellos lo son igual… — ¿Me estás llamando “Porquería”? — Si el guante te calza… — vuelve a lanzar la flecha — Ahora toma una flecha o lárgate — ¿Acaso Lorcan o alguien te hizo algo para que pienses así? — el chico no contesta — ¿Acaso te han acosado? — tensa la mandíbula — ¿Esa es la razón por la que vives en el bosque? — ¿Por qué de pronto soy de tu interés? — me mira con enojo — No quiero tu amistad, ni tu preocupación, ni tu lástima ni nada de lo que sea que quieras ofrecerme — lanza el arco a un lado — Lanza la flecha si quieres, pero déjame en paz — No te vayas, no quiero que te vayas por mi culpa — No me voy por ti, me quiero ir de este lugar desde que llegué aquí — su mirada es dura, me asusta — Y ya déjame en paz, y no entres al bosque de noche… — ¿Sucede algo? El profesor Silverman vuelve a aparecer. — Algunos alumnos son imposible de educar Es lo único que contesta el chico del arete, siento una punzada en el pecho. — No se desanime su Alteza, apenas comienza, ya verá que le dará al blanco con mucha facilidad — Ojalá… Contesto, mirando al chico del arete, este solo aparta la mirada… quizá no haya nada que pueda hacer para evitar que este chico me odie… o quizá sí…
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