Puede llamarme como usted desee

4574 Words
Capítulo 5 Viernes 9 de setiembre del 2022 — Minutos antes de ir a desayunar Bien, creo que es el momento justo para decir que he pasado la peor semana de mi vida ¡La peor! Jamás creí que escribiría algo como eso ¡No después de haber sido obligada por mi institutriz a tocar el violín hasta de los dedos me sangraron y los pies se me entumecieron! ¡Pensé que esa había sido la peor semana de mi vida! ¡Pero esta la supera! ¡La supera con creces! Al menos la loca de mi institutriz me estaba entrenando para que saliera airosa en esa presentación con la sinfónica nacional de Isteris que se ofrecería en la apertura del baile de Navidad en el Castillo de Pravalon ¡En esta semana no he salido airosa en nada y nadie me está ayudando a lograrlo! Todo parece ir en mi contra y eso me desespera ¡En serio me desespera! Se supone que debería de ser perfecto, que todo lo que hago debería de ser perfecto, que hasta la más ridícula de las tareas deberían de ser hechas a la perfección por mí ¡Pero no es así! ¡No lo logro! Y no porque me esté ahogando con los deberes, porque con ayuda de Lyn, Anja y Mitsuki, he logrado acomodar mi agenda y tener todo listo sin morir en el intento ¡Son los malditos extracurriculares! ¡No puedo creer que acabo de maldecir en mi crónica! Es que eso es lo que Derek Ravenswood provoca en mí ¡Querer maldecir a todo pulmón! ¡Gritar a los cuatro vientos lo mucho que detesto a ese sujeto! ¡Dios! ¡Cómo me desespera! Somos peor que perros y gatos ¡Peor que eso! ¡¿Es que no podemos llevarnos bien y mantener una comunicación pacífica por una sola vez?! Supongo que no, no creo que eso pueda ser posible. Esto ya es ridículo ¡Totalmente ridículo! Puedo entender que él haya estado enojado conmigo porque eché a perder el trabajo a su padre, pero todo lo que vino después no lo puedo entender. Él ya dejó muy en claro que no le agrado porque soy de la realeza y cree que voy por la vida esperando a que las personas me hagan reverencia por el simple hecho de ser princesa ¡Y quizá tiene razón! ¿Pero ya no fue suficiente? Está a punto de acabar mi segunda semana en Cordelia y Derek Ravenswood está convirtiendo mi más grande sueño en una muy horrible pesadilla. Soñé con venir a esta escuela desde que era una niña y ahora lo que más deseo es que diciembre llegue pronto para poder volver a casa. No quiero que un chico que usa el cabello en un moño y tiene un arete en la oreja tenga poder sobre mí ¡No quiero darle poder sobre mí! ¡Pero lo tiene! Porque me perturba lo suficiente como para que no pueda disfrutar de mi estadía en esta escuela ¡Es horrible! Cada vez que está cerca, cada vez que me lo cruzo ¡Cada vez que choco con él! ¡Es como si me cruzara con el mismísimo infierno! Ese sujeto solo destila odio hacia mi persona y quiero que se detenga ¡Quiero que pare! Porque ya es suficiente ¡Intento ser amable con él y solo recibo odio! ¡Es desesperante! ¡Horriblemente desesperante! Dos semanas de clases y lo único que he logrado es ganarme a un enemigo ¡Debo de hacer algo para detener toda esta ridiculez! ¡O mi estadía en Cordelia no será nada pacífica! ¡No logro concentrarme en nada más que en ese insoportable chico del arete! Así que debo de hacer algo para que esto acabe. Independientemente de si es o no simpatizante de la ideología de una secta secreta de la que nadie habla, quiero hacer algo para que él deje de odiarme ¡Porque no soporto esto! Es horrible, se siente horrible ser el blanco del odio de una persona… sobre todo si esta persona tiene tan buena puntería… Lyn ha logrado averiguar algunas cosas sobre él, como que el chico no tiene ni un solo amigo en Cordelia, siempre anda solo y no desayuna, ni almuerza, ni cena en la cafetería. También descubrió que su madre murió cuando él era pequeño y que fue enterrada en el cementerio de Bellcliff. Otro dato para nada relevante es que su padre, el conserje, vive en una pequeña cabaña en los terrenos de la escuela, quizá es ahí donde Derek consume todas sus comidas; sin embargo, Lyn también descubrió que no es ahí donde Derek duerme porque lo ha visto ir en pijama al interior del bosque. No sé cómo le hace mi compañera para espiar a ese sujeto, pero de todas formas le agradecí el esfuerzo y me dio un par de ideas para poder lograr ser un poco más del agrado de Derek Ravenswood ¡Estás son mis ideas! 1. Remodelar la cabaña de su padre, quizá construirle un pequeño y cómodo chalet. 2. Pedirles a mis padres que le den unas muy merecidas vacaciones padre e hijo a los Ravenswood en el destino que ellos escojan. 3. Conseguir cien kilos de ladrillos, pararme debajo y cerrar los ojos esperando el inminente impacto. Lo sé… no son buenas ideas, pero es todo lo que tengo por el momento. Quizá en clase de manualidades pueda descubrir algo que sí me sirva para poder ser del agrado de Derek Ravenswood ¡j***r! No puedo creer que me esté tomando tantas molestias por un chico al que apenas y conozco… *** — ¿Terminaste de escribir? Pregunta Lyn, colgándose la mochila al hombro. — Sí… — cierro mi diario y lo guardo en mi bolso — Será mejor que nos apresuremos — Tengo un fuerte antojo de tostadas con chocolate — salimos de la habitación, Lyn engarfia su brazo al mío como siempre — Cuando me va a venir el periodo me dan antojos — asiento con la cabeza, no sé qué decir ante tal información — ¿Te va a venir el periodo? — pregunta de pronto, la miro perpleja — Existe el mito de que a las mejores amigas se les coordina el periodo — No me siento a gusto hablando de mi periodo… Contesto, sintiéndome un tanto avergonzada. — ¿Entonces, sí…? — Lyn… La miro con una ceja alzada, ella solo suelta una risita. — ¡Chicas! Anja Sharma se nos une junto con Mitsuki. — Su Alteza… ¿Le sirvieron las anotaciones que le entregué sobre el libro de “Crónicas de una Muerte Anunciada? — Sí, tu aporte, Anja, fue muy útil para terminar el ensayo de literatura — miro a las demás chicas — Más tarde, a la hora de nuestra junta diaria para hacer las tareas, se los llevaré para que lo usen como guía — ¿Y pueden llevar algo más que galletas de queso como aperitivo…? — pide Mitsuki, acomodándose los lazos en las coletas — Mínimo unos pastelitos de la Tetera de Emily — Sí, por favor Se une Lyn. — Paga Lina, ella es la que tiene todo el dinero de Isteris Bromea Anja. — Evangelina Le corrijo, rodando los ojos, estoy empezando a hartarme de que me llamen por otro nombre. — ¿Están emocionadas por mañana? Pregunta Lyn, pegando un par de saltitos y sacudiéndome en el proceso. — Más o menos — contesta Mitsuki — Con toda honestidad, no me causa ninguna emoción pasar la mitad de mi sábado bajo el sol, plantando arbolitos en un parque que ya tiene arbolitos — Vamos a cuidar las plantas — le explica Anja — A mí si me emociona, vamos a servir a la comunidad y supuestamente aprenderemos buenos valores en el proceso — suelta una risita — Además, estaremos dos horas con supervisión escasa en Bellcliff ¿Se imaginan la gama de cosas que podríamos hacer en el pueblo? — ¡Sí! — celebra Lyn — Podríamos ir a esas tiendas que les conté, vi que vendían accesorios hechos a mano muy hermosos — ¡Apoyo esa moción! — celebra Mitsuki — Y luego podríamos visitar esa tienda de ropa de segunda mano a ver qué novedades trae — ¿Mónica’s? Pregunta Anja, Mitsuki asiente con la cabeza. En nuestra primera visita a Bellcliff, descubrimos que la oferta es tan pintoresca como el pueblo mismo. Hay una panadería de la que sale un exquisito aroma todo el tiempo. Hay una pequeña sastrería atendida por tres ancianitos que tienen como lema hacerte la ropa perfecta y soñada en un solo día; no tengo ni idea de si lo logran, pero espero que sí porque son tres ancianitos que se ven muy amables. También hay una tienda de artesanías llamada “El Callejón de los Tesoros” en donde encuentras fascinantes objetos hechos a mano, piezas únicas y hermosas que solo encontrarías en Bellcliff, es hermosa y la última vez que estuvimos ahí, Lyn se compró cientos de accesorios y Mitsuki se compró varios lazos. La verdad es que Bellcliff es un pueblo muy pintoresco con personas pintorescas y negocios pintorescos que venden cosas pintorescas. Todo en esta región parece mágico, como si en cualquier momento fuesen a aparecer hadas o duendes, lástima que este es el mundo real y no existen esas cosas en el mundo real. Si la vida fuese como un cuento de hadas, yo sería la damisela en peligro que necesita ser salvada de un malvado hechicero que usa un arete en la oreja y el cabello amarrado en un moño desordenado, a la espera de que mi guapo príncipe de ojos verdes venga a rescatarme. Lastimosamente la vida no es un cuento de hadas y tengo que buscar la forma de superar la incomodidad y el miedo que me causa el cuervo de Derek Ravenswood. — ¿Qué opina su Alteza? Pregunta Anja, pego un salto. — ¿Qué…? Las miro sin entender, Lyn ríe. — Lina siempre se pierde en sus pensamientos — bromea la pelirroja — ¿Acaso estabas pensando en un guapo príncipe o en un guapo dios griego? — ¿Qué…? Vuelvo a preguntar, las demás ríen, mis mejillas comienzan a calentarse. — Estábamos pensando en recolectar ropa para vendérsela a Mónica Me explica Mitsuki. — Oh… — asiento con la cabeza — Sí, creo que tengo un par de vestidos que quizá no utilice ni desee utilizar — las chicas sonríen — Pero no creo que sea correcto venderlos — ¿Por qué? — pregunta Anja — Ya sé que eres millonaria, pero algunos queremos dinero extra — No es por el dinero — explico — No sería correcto que un m*****o de la familia real venda las prendas que no va a usar — Oh… Es lo único que dice la chica de ojos pardos. — Entonces podrías donarnos tus cosas y así nosotras venderlas Sugiere Lyn, frunzo el entrecejo. — No estoy segura… — Pero no estarías yendo en contra de las reglas de princesas — miro a la pelirroja — Nos las estarías donando con la calidez de tu corazón y nosotras las venderemos — No estoy muy segura… Niego con la cabeza. — Vamos Lina — insiste Mitsuki — Míralo de esta forma, estarías ayudando a tus tres amigas — Y ten en cuenta que yo soy becada — Anja alza la mano — Mi familia tiene pasta, pero no tanto como la de las demás, por favor Lina… — Evangelina — les corrijo, las tres chicas me miran con las manos en posición de rezo — De acuerdo… — acepto con un suspiro — Después de nuestra sesión diaria para hacer la tarea, pueden acompañarme a mis aposentos — Lina tiene muchas cosas bonitas, pero casi nunca las usa Informa Lyn con su habitual sonrisa. — Evangelina Les corrijo por enésima vez, ellas solo ríen. El día de clases termina, mi cerebro se siente exhausto. Las matemáticas nunca han sido mi fuerte, no me agradan del todo, pero como siempre, tengo que esforzarme el triple para salir exitosa en todo lo que me proponga, sobre todo en aquello que no se me hace fácil. Siempre me esfuerzo más que lo demás, porque eso es lo que se espera de mí, que me esfuerce más que lo demás, que dé todo de mí por ser la mejor, porque se vería muy mal que alguien superase en calificaciones a la princesa heredera y se vería aún peor que la futura reina tuviese un mal promedio en una clase como “Aritmética I” o peor, que no logre obtener el crédito en algo tan absurdo y tonto como un extracurricular de manualidades. Se supone que el día de hoy se debe de presentar el dichoso portarretrato que hice con el chico del arete y, a diferencia de muchos otros que el día de hoy se dedicarán a colocarle sus nombres al proyecto, presentarlo y contar la historia que los inspiró, mi portarretrato apenas y está armado. Durante la segunda clase de manualidades, el chico del arete se dedicó a seguir jugueteando con los hilos de colores mientras yo pintaba los palillos de un amarillo muy chillón que el chico del arete escogió. No sé qué pretende, no quiero pensar que su odio por mí puede ser tan grande al punto de querer sabotearme y pensar en ello realmente me hace sentir mal. No puedo creer que exista una persona que quiera verme fracasar y que colabore para que eso suceda. Jamás creí que tendría un enemigo y mucho menos que sería un desgarbado chico de dieciséis con cabello castaño rubio amarrado en un moño desordenado y un arete en la oreja izquierda. Y ahora me espera una hora al lado de ese energúmeno, no sé qué es lo que voy a hacer, pero definitivamente me voy a quejar con la profesora Aurora si el chico del arete vuelve a dedicarse a juguetear con hilos de colores mientras yo hago todo el trabajo… — Nos vemos en la sala de Virginia Woolf Indica Mitsuki, llevándose a Anja del brazo. — Sí, yo mejor me apresuro a mi extracurricular — Lyn posa su mano en mi hombro — ¿Estarás bien? — Por supuesto Contesto con fingida seguridad. — Si ese chico se vuelve a meter contigo, avísanos — la pelirroja me dedica una cálida sonrisa — Somos tres chicas que estamos dispuestas a arañarle el rostro a un idiota por ti — ¿Por qué habrían de arañarle el rostro? Pregunto sin entender. — Porque eso hacen las amigas, defenderse Lyn sonríe, asiento con la cabeza. No quisiera ser irrespetuosa con Lyn, pero si necesitase defenderme de Derek Ravenswood, llamaría a la Guardia Real, no a un grupo de quinceañeras que lo máximo que podrían hacerle sería arañarle el rostro. Lo mejor será quedarme callada, no quiero ofenderla, Lyn y las demás chicas me son de mucha utilidad, no puedo arriesgarme a ofenderlas y que me dejen sola con la carga de deberes. Además, aunque me cueste decirlo, no quiero quedarme sin la lealtad de Lyn, ella me es mucho más útil que Anja y Mitsuki, es mi vínculo con el mundo adolescente. — En ese caso, gracias por el ofrecimiento a dar sus uñas por mí Lyn suelta una carcajada. — ¿En el Castillo de Pravalon no te enseñaron cómo luce la amistad? — He tenido y tengo muy buenos amigos, si eso es lo que está usted preguntando — ¿En serio? — la pelirroja alza una ceja — Porque solo he visto que tengas un amigo y es tu novio… — ¿Eso es un problema? La miro sin comprender. — No, es bueno ser amiga de tu novio — sonríe — Pero no está demás el tener más amigos, los amigos alegran la vida — amplía su sonrisa — Y más si están dispuestas a sacrificar las uñas por ti — me dedica otra sonrisa — Suerte en tu clase Lina y mándame un mensaje de auxilio si nos necesitas — Evangelina Le corrijo, asintiendo con la cabeza, ella hace una reverencia y se aleja a paso veloz de nosotras — ¡Nos vemos en la sala de Virginia Woolf! Me doy media vuelta, negando con la cabeza por el escándalo de mi compañera, y comienzo a caminar por el pasillo. Las palabras de Lyn resuenan en mi cabeza una y otra vez. Es cierto, de vez en cuando se necesitan personas que estén dispuestas a sacrificar el cuerpo por uno. A lo largo de la historia, reyes y reinas han necesitado de personas leales capaces de poner en riesgo la integridad física de sus cuerpos. Jamás creí que lo diría, pero estando en una escuela que tiene una secta antimonárquica y con un enemigo que simpatiza con ellos, creo que es muy conveniente para mí el tener esta alianza estratégica con Jessalyn y las demás, sobre todo porque están dispuestas a sacrificar su integridad física por mí. — ¡¿Qué crees que está haciendo?! Pregunto, elevando un poco la voz sin poder evitarlo. — Paseando con correa a un tigre siberiano mientras hago malabares sobre un barril de vino — el chico del arete me mira fijamente con un pincel en las manos — ¿Qué crees que estoy haciendo, idiota? — Me refiero a por qué lo está pintando — me siento a su lado — Ya estaba pintado, le recuerdo que me obligó a pintarlo de un muy chillón color amarillo — Lo sé… — el chico hace una mueca y vuelve a su labor con el pincel — Aunque lo hiciste de forma desprolija — ¿Desprolija? — le miro con enojo — Yo no pinté el portarretrato de forma desprolija — Sí lo hiciste — contesta, acercando el rostro al portarretrato mientras traza líneas con la fina punta del pincel — Que te creas perfecta porque crees que ser princesa automáticamente te convierte en un ser perfecto, no significa que realmente lo seas — Jamás he dicho que sea perfecta — Jamás lo has dicho — me mira — Pero apuesto a que lo has pensado varias veces, es más, apostaría con quemar todas mis posesiones a que siempre tienes en mente el tener que ser perfecta porque se supone que las princesas deberían de ser perfectas — Pues espéreme unos minutos para poder traer algo de combustible El chico suelta una risita. — Niñata, que seas princesa no quiere decir que seas o debas de ser perfecta — deja el pincel a un lado — No olvides que ante todo, eres un ser humano — vuelve a tomar el pincel — Y los seres humanos no somos perfectos… — ¿Le haría daño el llamarme por mi nombre? — Sí, me haría daño Contesta, pasando una y otra vez el pincel sobre la capa de pintura amarilla que hace dos días pinté. — Entonces llámeme “Su Alteza” si no quiere usar mi nombre — Este es un país que respeta la liberta, así que la invoco para poder llamarla como se me dé la gana — Sus derechos terminan donde comienzan los de los demás — ¿Y dentro de tus derechos está el obligar a las personas a llamarte como tú quieras? Me mira con desprecio. — No te estoy obligando, se supone que debes de dirigirte a mí por mi nombre o por mi título — Entonces las leyes de este país no respetan realmente mi derecho a la libertad — regresa la mirada a nuestro portarretrato — Vaya… — niega con la cabeza, siento una punzada en el pecho, este chico solo lo hace para irritarme — Ya veo por qué algunas personas piensan que la realeza es solo otra forma de tiranía y dictadura — frunzo el entrecejo — La realeza halló la fórmula infalible para poder oprimir al pueblo de manera perpetua… ¿No lo cree, su Alteza heredera? — ¿Qué insinúa usted? — ¿Yo? — niega con la cabeza — Nada — se encoge de hombros — Solo digo que la monarquía engaña al pueblo con una falsa democracia en donde las personas botan por su ministro y los parlamentarios, para así ellos poder mantenerse en el poder sin riesgo a perder todo lo que tienen y por lo cual no lucharon — ¿Cuál es tu problema? Frunzo el entrecejo. — ¿Mi problema? — suelta una risita — Yo no tengo ningún problema, tú eres la que me quiere obligar a llamarle “su Alteza” basándote en el hecho de que tienes un título, un título que obtuviste por obra y gracia de la buena suerte y el Espíritu Santo, porque en lo que a mí concierne y, pese a creer que todos los que estudian en este maldito lugar son iguales, estás rodeada de personas cuyas familias sí tuvieron que quemarse las pestañas en algún momento para obtener lo que tienen, mientras que tu familia por siglos solo ha tomado el té y heredado títulos — la punzada en el pecho regresa — Y mejor dejemos de hablar, la profesora acaba de llegar y esto se presenta hoy día — parpadeo varias veces, él solo me mira — Ahora, si me haces el favor, trae el pegamento… — Está bien… Acepto. — Entonces trae el pegamento — No… — el chico me mira con confusión — Me refiero a que… — le miro fijamente, sus ojos café se ven más oscuros de los habitual — No soy una opresora y lo crea usted o no, sí me estoy esforzando y quemándome las pestañas para poder ser merecedora del título que heredaré de mi padre y quizá no tenga nunca que ayudarle a cargar cien kilos de ladrillos o trabajar sirviendo mesas en una cafetería, pero eso no me hace mala persona ni quiere decir que solo me dedique a beber té a la espera de que sea mi turno de portar la corona — el chico me mira con atención — Puede llamarme como usted desee, no le volveré a corregir, pero sí espero que algún día usted pueda dejar de pensar que soy una mala persona solo porque nací como princesa y usted nació como el hijo de un conserje… — No pienso que seas una mala persona… — nos miramos fijamente — No soporto a las personas que se creen merecedoras de todo sin hacer el mínimo esfuerzo — No soy así — No lo creo… — ¿Por qué? — Porque aún no haces el esfuerzo de traerme el pegamento, niñata idiota Sonríe, soltando una leve risita. Me le quedo viendo por un par de segundo, balbuceando, parpadeando y mirando fijamente sus cabellos sueltos fuera del moño mal hecho sobre su cabeza. Sacudo la cabeza, él vuelve a reír, me levanto de la mesa a toda velocidad y camino al estante de materiales en busca del pegamento. Mi corazón ha comenzado a latir a toda velocidad y siento una extraña sensación de emoción, tanta que quisiera sonreír, pero me contengo. Realmente me ha sonreído, Derek Ravenswood me ha sonreído y hecho una broma, no puedo creer que el chico del arete me haya sonreído y me haya hecho una broma, esto es increíble y me emociona, quizá por fin estemos yendo en la dirección correcta para llevarnos bien, de veras lo creo. — Toma… Le entrego el pegamento, él solo me hace una seña con la cabeza para que lo deje sobre la mesa mientras sigue pintando quién sabe qué. — Gracias Es lo único que dice, con un pincel en la boca. — ¿Puedo saber qué es lo que está usted haciendo? — Dirigiendo la misión para poblar júpiter Contesta, abriendo su mochila y sacando de ella una caja de cartón. — Muy chistoso… — Gracias, la comedia es lo mío No puedo evitar reír, frunzo al instante los labios. — Lo siento… — ¿Por qué te disculpas? — me mira con una ceja alzada — ¿Reír es algo malo para la realeza? — No, pero… — veo la caja de cartón, dentro están cientos de piezas hechas con los hilos de colores con los que estuvo jugando — Wow… — tomo una muy diminuta mariposa — ¿Usted hizo esto? — No, lo hizo el Papa Le fulmino con la mirada. — Definitivamente la comedia es lo tuyo Secundo, él suelta una risita. — Los hice durante la clase, son para decorar el portarretrato, encima le pondré barniz y otras cosas para que el hilo no se estropee con el tiempo — Esto es bellísimo… Tomo pequeñas hojas tejidas a mano, pequeñas hojas con escalas de verde. — Gracias… — le miro — Supongo que las manualidades también son lo mío — Definitivamente lo es… Vuelvo a reír, me muerdo el labio inferior. — ¿Por qué haces eso? — me mira con confusión, tomando el pegamento — Uno de estos días explotarás por no poder hacer algo tan cotidiano como sonreír o reír — Sí sonrío — ¿A sí? — Sí y mucho Nos miramos fijamente, él tiene una ligera sonrisa burlona en los labios. — Algo me dice que eso no es cierto — Pues créalo o no, no me interesa — A mí tampoco Contesta, pegando sus tejidos sobre el portarretrato. — Es bueno estar de acuerdo en algo — Opino lo mismo — el chico del arete me sonríe — Y deja de evitar sonreír o reír, no es normal — Es normal para mí… El chico me mira con extrañeza, como si yo fuese un espécimen extraño. — Pues eso suena a tortura Sonríe de lado. — Ser de la realeza ya no suena tan glamuroso… ¿Cierto? — Creo que en estos momentos te estoy respetando un poco más Miro de nuevo sus ojos, tienen un brillo extraño. — Le está quedando muy bonito el portarretrato… — ¿Eso crees? — lo alza, lo que antes era solo un fondo amarillo chillón, ahora es un paisaje boscoso con hojas y flores tejidas a mano — Creo que lo saturé un poco — Está bellísimo… — lo tomo con mis manos — Me gustan los detalles… — paso mi mano con delicadeza por los pétalos de las flores — Me recuerda a algo que ya he visto, pero no recuerdo dónde — Pues esta es la vista que tengo desde mi ventana… — nos miramos — Me gusta cuando crecen esas flores, hacen que el paisaje sea menos tenebroso en las noches — ¿Es cierto que duermes en el bosque? — ¿Crees que duermo en el bosque? — Sé que usted no su habitación en la residencia Lovecraft y que no vive con el señor Oscar en la cabaña del jardín oeste — ¿Me estás espiando? — No Miento. — Supongo que te creeré, solo mantente lejos del bosque — Es la segunda vez que usted me lo dice… ¿Por qué? — Porque está prohibido, niñata — Oh… cierto… Es lo único que se me ocurre decir. — Realmente estoy empezando a cuestionar tu intelecto — Calla… Pongo los ojos en blanco, él solo suelta una risita, realmente estamos progresando en esto de caerle mejor al chico del arete…
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