No sé cómo reaccionar ante esto, jamás había sido tratada de esta forma y nunca en mi vida me había afectado tanto las palabras de una persona. Por primera vez en mi vida siento lo que es el desprecio, por primera vez en mi vida siento lo que es ser lastimada por palabras y no es para nada agradable. Me aferro a las correas de mi bolso, respiro hondo, levanto un poco la barbilla, me doy media vuelta y regreso hacia el aula de manualidades para esperar a Lorcan, no pienso dejar que toda Cordelia se de cuenta de que un chico con arete me ha afectado.
Llego al aula, veo mi reloj, ya pasan de las cinco, pero Lorcan no está por ningún lado. En serio quiero tenerlo aquí, quiero que me abrace como solo él sabe hacerlo y poder contarle todo lo que me acaba de pasar. Quiero decirle que tenía razón, que Derek Ravenswood es una mala persona, que me odia sin motivo alguno y que le tengo miedo. Quizá Lorcan pueda hacer algo, defenderme, protegerme, lo que sea. Miro a ambos lados del pasillo, él no aparece por ningún lado y no sé si deba de mandarle un mensaje o llamarle, no quiero ser como esas novias que atosigan a sus novios, apresurándolos para encontrarse, sobre todo porque sé que está en su entrenamiento de lacrosse, así que debe de estar ocupado con asuntos importantes para él. No obstante, espero que se apresure porque en serio le necesito, Lorcan es una de las pocas personas con las que me doy la oportunidad de desmoronarme. No sé cuántas veces él me ha visto llorar por el estrés que siento; esta vez no estoy estresada, pero en serio necesito de sus abrazos, ese aroma que tanto le caracteriza, esos ojos que tanto me gustan y sus palabras de aliento con el que me ha acompañado durante toda mi vida. Realmente soy afortunada por tener a alguien como Lorcan Darlington a mi lado.
Vuelvo a ver mi teléfono, ya van a ser las cinco y cuarenta, debería de ir al campo de lacrosse en vez de seguir aquí parada perdiendo valioso tiempo. Tengo muchos deberes y Lyn ya me está llenando el teléfono de notificaciones sobre el grupo de estudio que tenemos con Anja Sharma y Mitsuki Yokohama. Emprendo mi camino hacia el campo de lacrosse, la residencia Virginia Woolf está al otro extremo de los terrenos de la escuela, en los edificios nuevos, así que será mejor que me de prisa y encuentre a mi novio lo más pronto posible para si quiera poder conversar un poco, ya que no creo que haya muchas oportunidades para charlar durante el resto del día, solos al menos, porque en la cena estará el resto de sus amigos y no podré contarle lo que me ha sucedido con el chico del arete. Bajo unas escaleras, cruzo un pasillo, doblo una esquina, bajo unas cuantas escalinatas y entonces…
— ¿Lorcan…?
El chico de ojos verdes se gira a verme con sorpresa.
— Su Alteza…
Es lo único que dice.
— Le estuve esperando…
Digo, mirando a su acompañante, la chica de las gafas gruesas y enormes, Christiana Wildingham.
— Lo lamento, su Alteza — Lorcan hace una reverencia — Me entretuve con Crissy, estábamos hablando de la clase de química
— Lo lamento su Alteza…
Se disculpa la chica, mirando a otro lado, luce enojada.
— Oh… bueno…
No sé qué decir, tampoco sé cómo sentirme. Acabo de ver a Lorcan, mi novio, mi prometido, sonriéndole a una chica de una forma que jamás le había visto sonreír. La conversación que deben de haber estado manteniendo debió de ser muy amena como para que él estuviese sonriendo de oreja a oreja. Ella también lucía alegre, con las mejillas ligeramente sonrojadas, recostada contra la pared y Lorcan muy cerca de ella. No sé qué decir o cómo sentirme… no sé si debería de decir o hacer algo…
— Permítame escoltarla a su habitación, su Alteza — pide Lorcan, dando un paso hacia mí — En compensación por haberle dejado plantada — agacha la cabeza — Y por favor, disculpe mi actuar, su Alteza
— Eh… sí… — contesto — Me gustaría que me escolte a mi habitación
— Si me disculpa… — Lorcan se gira a ver a su amiga, esta solo le dedica una extraña sonrisa — Dejemos nuestra conversación sobre la regla del octeto para otro momento
— Sí, no te preocupes — la chica me mira y hace una reverencia — Su Alteza…
Asiento con la cabeza, la chica se va y Lorcan y yo comenzamos a caminar en dirección a la residencia Virginia Woolf.
— Lamento haberla dejado sola
— No te preocupes…
Es lo único que se me ocurre decir.
— ¿Tuvo un buen primer día de clases?
— Más o menos
Contesto, deseando poder teletransportarme a mi habitación para lanzarme contra mi cama.
— ¿Eso es malo?
Pregunta; me sorprende que él, pese a que nos conocemos desde bebés, no pueda notar que algo me sucede o perturba.
— Sí… — contesto — No… — me corrijo — No sé…
— ¿Cómo puede no saber?
De la misma forma en la que tú no puedes notar que algo me molesta.
— Es que… — miro mis pies, debo de elegir bien mis palabras — Derek Ravenswood…
— ¿Qué sucede con ese cuervo?
Miro a Lorcan, ha fruncido el entrecejo.
— Nada… — contesto al instante — Es solo que… — me encojo de hombros — No le agrado…
— A ese cuervo de Derek Ravenswood no le agrada nadie y a nadie le agrada ese cuervo de Derek Ravenswood…
— ¿Por qué?
— Se lo dije la otra vez, él es un buscapleitos
— ¿Qué ha hecho para ser catalogado como tal?
— ¿Golpear a Andreas hasta desmayarlo te parece poco? — abro los ojos al máximo — O lanzarle disolvente de pintura al rostro a otro sujeto, o amenazar a uno de mis hermanos con una navaja… ¿Te parece poco?
— ¿Él ha hecho eso?
— Ten cuidado con él, Evangelina — Lorcan me mira con preocupación — Él no es normal — me estremezco al oírle — Está loco…
— Debe de haber un motivo para que él haga esas cosas…
— Sí, que es un psicópata, además, se sabe que es partidario del Círculo Rojo
— ¿El qué?
— El Círculo Rojo, una secta secreta, nadie sabe quiénes son sus miembros
— ¿Y qué hay de malo con ellos?
— Que están en contra de todos nosotros — le miro sin entender — Son personas que odian los privilegios con los que hemos nacido, o el dinero de nuestras familias o cualquier cosa que nos haga “Superiores” — parpadeo varias veces — En mi opinión, son solo una bola de resentidos e inadaptados… — me mira fijamente — Y sobre todo, odian a la realeza… — aparto la mirada, no tenía ni idea de que algo como esto existiera — Quizá por eso usted siente que no es del agrado de Derek Ravenswood, porque él simpatiza con el Círculo Rojo — vuelvo a mirarle — Así que, yo me mantendría lejos de ese cuervo y espero que haga lo mismo, por su bien… — toma mis manos — No quisiera que algo malo te sucediera…