POV LENA No dormí. No de verdad. Mi cuerpo estuvo en la cama, pero mi mente pasó la noche dando vueltas, chocando una y otra vez contra las mismas imágenes, los mismos nombres, las mismas decisiones que no se toman sin dejar algo atrás. Jean duerme en el sofá de la sala. Lo sé porque escuché su respiración varias veces durante la madrugada. Ese ritmo que conozco demasiado bien. El mismo que escuché durante años, cuando todo era más simple, cuando creer en un “para siempre” no parecía una fantasía ingenua sino un plan posible. Yo no pude cerrar los ojos más de veinte minutos seguidos. Cada vez que lo hacía, aparecía Ámsterdam. El café. El humo. La risa. Rio. La sensación de estar viva sin pensar en consecuencias. Sin contratos. Sin expectativas ajenas. Y luego, como una bofetada, la

