POV RIO La puerta se azota con tanta fuerza que vibra el marco entero, y ese sonido—esa explosión seca, hiriente, definitiva—se queda suspendido en el aire como si la habitación entera la hubiera inhalado y se negara a soltarla. Yo también. Me quedo ahí, de pie, paralizado, con los puños cerrados y la respiración rota, mirando ese pedazo inútil de madera como si pudiera darle marcha atrás a todo lo que acabo de decir, a todo lo que acabo de destruir. Pero no hay retroceso. No hay salvación. Solo el eco de mis propias palabras golpeándome por dentro como martillazos en el pecho. Siento la sangre subir con violencia, caliente, desordenada, como si mi cuerpo no supiera qué emoción elegir primero: rabia, frustración, vergüenza, culpa, deseo, dolor. Se mezclan todas en un torbellino que me ar

