Capítulo 1. La vida que elegí.
La cafetería está a tope, la gente no para de entrar y salir.
Gus me miró angustiado cuando por tercera vez me regresaron un café por no ser lo que ellos pidieron.
Maldigo en mi interior. Segura como el infierno que apenas tengan oportunidad me reemplazaran y echarán a la calle.
Me disculpé con cada cliente al que serví mal y les ofrecí su orden gratis. No era algo que hiciera de corazón, simplemente tenía que obedecer las políticas del establecimiento.
Esta semana saldría fatal con las cuentas puesto que ya había regalado la mitad de mi sueldo y en propinas me está yendo fatal.
Una vez que todo se calma un poco hago señas a Gus y me retiro al baño, moje mi cara varias veces.
Miro mi reflejo en el espejo, "¿qué ocurre contigo? Tienes que espabilar".
Normalmente suelo olvidar cosas insignificantes como toda la gente, pero nunca antes me había pasado algo similar a lo de esta semana.
Resignada vuelvo a mi puesto para dar fin a mi turno.
—¿Qué pasa por tu mente?— pregunta Gus angustiado.
Siempre, al salir del café venimos a mi apartamento y pasamos la tarde en la azotea.
—Nada nuevo— respondo preocupada, normalmente las personas pueden olvidarse de algo o distraerse fácilmente cuando algo nuevo ocurre en sus vidas. No es mi caso.
—Estoy tan angustiada como tú— digo dando una calada a mi cigarrillo.
—¿Tu madre ...?
—Si, exacto— le interrumpo sabiendo lo que está pasando por su mente. Desde años atrás me preocupa que el alzheimer de mamá sea hereditario, sus últimos años han sido como la mierda y no quiero terminar igual.
—Al menos tienes todo ese dinero.
—¿Acaso eres estúpido?— cuestiono de mal humor, me siento bastante inquieta y el ligero temblor de mi pierna da crédito a ello.
—Ni todo el dinero del mundo podría salvarme de tener un final de mierda— aseguró con tono molesto.
—Lo siento— se disculpa — ¿por qué no te haces estudios? Así sabrás si debes preocuparte o no.
—Tal vez luego. No quiero saberlo aún— suspiro.
—Ya— dice mirando al cielo —La señora Francis estaba bastante molesta— continua.
—¿Crees que no lo sé?— interrogó ya irritada —No sé qué carajo me pasa, ¿de acuerdo? No he estado fingiendo toda la semana Gus. ¿Crees que regalaría mi dinero solo por gusto?
—Bien. Creo que mejor me marcho— responde el moreno —Te odio bastante cuando te pones así de irritante— se queja.
Dedico mi atención a un ave que se posa en el poste frente a nosotros. No tiene caso dedicar mi energía a Gus.
Tal vez estoy mal por desquitar mi frustración con él, sin embargo sé que a él no le importa. Solo me ignora y ya está.
Da un brinco para bajar y luego escala con facilidad.
Cuando sus pies tocan el suelo y comienza a retirarse le silbo.
—¡Oye! Lo siento, amigo— le gritó cuando se giró para mirarme, hace un ademán con la mano restándole importancia a mi disculpa.
Gus realmente nunca se molesta conmigo.
Ha sido mi único amigo después de la muerte de mamá y por ello le estoy realmente agradecida. Él simplemente se quedó a mi lado en todo el proceso y apesar de ser bastante tonto, e sido su prioridad todos estos años algo que nunca terminare de agradecerle.
Cuando terminé la preparatoria hace unos años decidí tomarme un año sabático, había dedicado tanto tiempo y energía a mamá y su enfermedad, que no tenía claro en mi mente lo que quería. Después de un tiempo comencé a aburrirme, estar en casa no era lo mío y salir cada fin de semana no era opción así que decidí buscar un empleo.
La señora Francis me contrató de inmediato por recomendación de mi hermano Ethan, fue ahí donde conocí a Gustavo Hall. Después de algunas semanas comenzamos a cogernos confianza y poco a poco se convirtió en mi mejor amigo. Cuando le presenté a mamá ellos congeniaron al instante, en menos de lo que imaginó ya era parte de la familia. Para entonces mamá estaba en etapa dos del alzheimer. Cuando lo conocí nunca imaginé lo importante que él sería para todo el proceso que tuve con mamá.
Mi teléfono vibra interrumpiendo mis recuerdos, la pantalla alumbra con el nombre de "señora Williams". Los Williams son mi única familia.
Si me preguntan, la historia es bastante extraña.
Papá y mamá se divorciaron cuando yo tenía 4 años.
No es un secreto el hecho de que pasaron esos años intentando hacer que funcionara solo por mí, para poder darme una familia y la vida que merecía. Al final se dieron cuenta que me hacía más daño estando juntos puesto que sus discusiones eran interminables.
Tampoco era secreto el hecho de que papá había engañado a mamá, trayendo así al mundo a mi hermano Ethan. Al principio se llevó a Ethan a casa para criarnos juntos, pero entonces él y mamá se dieron cuenta que ya no eran compatibles. Así que tomaron la decisión de terminar tratando de quedar en buenos términos.
Papá dejó a mamá la casa en que vivíamos y su auto. Así como un 50% de las acciones de la empresa, la cual en aquel tiempo apenas comenzaba a dar frutos.
Luego de un año decidió casarse con Gia, la madre de Ethan.
Extrañamente entre los tres llevaron la empresa a la cima y a pesar de que mamá no se volvió a casar, nunca la vi lamentarse sobre su separación con papá, ella realmente parecía disfrutar su soltería.
Acepte la invitación a cenar de Gia y confirme a las 7 en punto.
Bajé a mi apartamento para ducharme.
Opte por un vestido amarillo con la falda a vuelo y una chaqueta de mezclilla. Unas sandalias a juego y rice las puntas de mi cabello.
Algo que aprendí de mamá es siempre lucir bien, no me obsesiono con la ropa y la moda como ella, pero me esfuerzo por siempre estar realmente presentable.
Tomo las llaves de mi pequeño auto y voy directo a la mansión Williams.
El ama de llaves me abre la puerta, entró directo a la sala donde Gia se encuentra sentada en el sofá con una revista entre sus piernas y una copa de vino en su mano. Al verme sonríe mostrando su perfecta dentadura.
—¡Emily! Que gusto tenerte en casa— puedo notar unas enormes ojeras bajo sus ojos y su sonrisa algo triste. Seguro ha pasado malas noches recordando a papá.
—El gusto es mío— beso sus mejillas.
—¿Cómo estás?
—Sobrellevandolo cariño— sonríe.
—Se volverá tolerable— la reconfortó.
—Ahora más que nunca estoy tan orgullosa de ti— pude notar la descomposición de su rostro, en cualquier momento se echara a llorar —Llevaste tan bien la muerte de tu madre y ahora la de tu padre, querida— lágrimas resbalan por sus mejillas.
Trago fuerte. Un nudo obstruye mi garganta.
—Mamá me enseñó lo valiosa que es la vida— explicó.
Haber pasado tanto tiempo a su lado mientras su enfermedad empeoraba día con día, el ver cómo al final no me reconocía y escucharla declarar su amor a mi padre después de tantos años de separación; me volvió más humana, una humana que no oculta sus sentimientos, una humana que no guarda rencores y una humana que trata de disfrutar cada pequeño placer que le da la vida.
Gia sonrió en respuesta.
—Tienes razón. No debería seguir llorando, a Damián no le gustaría verme así.
—Pues te equivocas, a papá le encantaba ver cómo tu rostro se tornaba de un color rojizo después de llorar tanto. Venga Gia, tienes que llorarle a tu marido. Solo así te sentirás mejor— la abracé y le permití que sacara un poco de su dolor.
Permanecimos así por un largo rato hasta que unas voces provenientes de la estancia hicieron que Gia se apartara de mí al instante. Fue hasta un espejo y limpio su rostro.
—Debe ser Ethan. Él realmente la ha pasado mal y no quiero que me vea así— susurro. Yo asentí en respuesta.
El chico alegre entró en la sala con esa sonrisa tan característica de él y Gia.
Realmente es perfecta.
Va tan guapo con un traje azul a rayas y unos mocasines cafés; su cabello peinado hacia un lado y sus ojos verdes brillantes.
Me mira y su sonrisa se ensancha más, se dirige a mí para envolverme en un abrazo fuerte.
—Hola, hermanita.
—Hola, grandote. ¿Cómo estás?— preguntó sonriente.
—De maravilla— responde enérgico.
Entonces carraspea y se hace a un lado dejando a la vista a un hombre que parece al menos cinco años mayor que él.
Su compañero lleva un traje café, un ostentoso reloj y unos zapatos a juego.
Su barba perfectamente arreglada, el cabello arreglado hacia atrás y sus ojos azules tan brillantes como el mar le dan un atractivo visual inaceptable para cualquier mujer.
—Mucho gusto— dice con voz gruesa —Tyler Benz— se presenta extendiendo su mano hacia mi.
Su rostro serio es reemplazado por una sonrisa enorme.
—¡Dios!— ignoró su mano y me lanzó a abrazarlo.
—¿Hace cuánto que no te veo 15...?
—16 años— me interrumpe, mira mi cuerpo de arriba abajo —¿En qué momento has crecido tanto?— pregunta.
Sentí mis mejillas enrojecerse.
—Tú no estás nada mal, te ves muy maduro. Dios ni siquiera te reconocí al instante.
—Creeme, lo he notado— Me dedico una sonrisa encantadora.
—Señora Gia, ¿qué tal se encuentra?— desvía su atención de mi y lo miro saludar a la madre de Ethan.
—Bien, gracias Tyler, ¿y tus padres?
—Ya sabe, de viaje como siempre— responde amable. Gia solo asiente en respuesta.
Echó una mirada hacia Ethan quien escanea a su mamá con la mirada.
—Venga. La comida está lista— nos invita Gia. Los tres le seguimos.
Ethan se acerca a mi tratando de hacerme cosquillas mientras caminamos al comedor y yo me echo a correr antes que sus manos me alcancen. Desde pequeños solemos hacer esto y aún que eso no ha cambiado me sorprende que se muestre así teniendo visita en casa. Normalmente mi hermano actúa mucho más maduro cuando alguien más está presente, desde la muerte de papá lleva un montón de responsabilidades encima, pese a su joven edad.
—Basta niños— nos amonesta Gia.
Ethan se burla de su madre.
Yo realmente amo a mi hermano. Ambos somos muy parecidos a papá, cabello caramelo, ojos color verde, tez blanca. Sin embargo lo que nos ha hecho llevarnos bien es nuestro carácter, cada uno lo heredamos de nuestras mamás.
Tomamos asiento en el comedor, mi hermano en la cabecera siendo ahora el hombre de la casa, Gia y yo a sus costados y Tyler a mi lado.
Comemos manteniendo una plática animada, Tyler me pone un poco al tanto sobre su vida y me pregunta un montón sobre la mía, es bueno verlo después de tantos años.
Una vez que acabamos con nuestra deliciosa cena pasamos a la sala con una copa de vino en mano.
—¿Y dime Tyler piensas quedarte aquí o sólo estás de paso?— cuestionó una vez que estamos sentados.
—Si, tengo planes en la ciudad así que... Supongo que es hora de establecerse.
—De hecho, Emily, es una suerte haberte encontrado aquí ya que Tyler está aquí por negocios— dice mi hermano. Yo solo asiento. Él sabe perfectamente que no me gusta involucrarme en asuntos de la empresa. No aún.
—Le he propuesto un negocio a Ethan, pero me ha dicho que debemos consultarlo contigo ya que son dueños a partes iguales— explica el hombre. Yo suspiro
—Creo que eres perfectamente capaz de tomar decisiones por los dos— me dirijo a mi hermano con mi cabeza ladeada.
—Ya, es que... Tyler quiere que invirtamos en su idea asegurándonos un 10% de las ganancias— explica este.
—¿Y cuánto porcentaje invertiremos?— cuestionó.
—40%— responde él hombre, mis cejas se disparan hacia arriba.
—Sabes que papá pedía un 50% por cada 10— comento a mi hermano.
—Si, pero ellos son amigos de la familia— se excusa Ethan, noto que ya está decidido a ayudarlo, entonces comprendo por qué pidió mi opinión. Le sonrió forzosamente.
—Creo que esto lo deberían conversar a solas chicos— nos interrumpe Gia —Iré a descansar un poco— nos sonríe cansada, se pone de pie y se marcha. No hace falta conocerla para saber que no se encuentra bien. Ya hablaré con Ethan sobre ella.
—Salúdame a tus padres Tyler.
—De su parte Gia, descanse. —se pone de pie con soltura y la despide con un beso en la mejilla. Ella le sonríe con cariño pues Tyler creció con nosotros y eso lo hace formar parte de la familia.
—Me gustaría exponer mi caso— pide Tyler una vez que Gia desaparece.
—Bien— pongo mi atención en él.
—Papá cerrará su empresa ya que yo me rehúso a manejarla ahora que se ausentara y bueno como él ya no tiene interés en sacarla adelante quiero tomarla yo en mi poder.
Te explico, nosotros nos dedicamos a comprar empresas en quiebra, descuartizar las y venderlas por partes, es un negocio en el que no estoy interesado nunca estuve de acuerdo con papá. Siempre he creído que es mejor construir que destruir— continua.
Recuerdo que mamá siempre hablaba mal de ese tipo de empresas ya que solo se enfocan en hacer dinero para ellos y no en ayudar.
Tyler me mira con ojos entrecerrados y continua.
—Estoy interesado en crear barcos— concluye con una sonrisa de satisfacción.
—Bueno, nos dedicamos en gran parte a las inversiones así que...
—¿Eso es un sí?— pregunta mi hermano sorprendido.
—Si tu confías en él...— me encojo de hombros despreocupada. En realidad yo también confío en él, pues hemos crecido juntos sin embargo los asuntos laborales son distintos.
—Será la mejor inversión de su vida— nos asegura Tyler.
Nos explica que quiere descuartizar su empresa y venderla por partes para así obtener el dinero que necesita y comenzar con su idea desde cero, así que mi hermano le ofrece una fusión de empresas para que pueda trabajar. Todo es temporal.
Al final la cifra de inversión aumenta considerablemente dejando al mismo porcentaje las ganancias. Aceptó de mala gana confiando en que mi hermano sabe lo que hace. A fin de cuentas él se ha involucrado más en la empresa que yo. Yo solo sé lo que mamá me enseñó en casa.
Hace casi un año que murió papá y desde entonces Ethan pasó a ser el jefe. Yo confío ciegamente en él.
—¿Cuándo vas a tomar tu lugar en la empresa Emy?— pregunta mi hermano una vez que nos quedamos solos.
—No lo sé, de hecho no creo que sirva de mucho ahora.
—No paras de poner excusas —me reprocha.
—En realidad creo que no tardaré en ser despedida del café— digo sentándome en una silla plegable del jardín.
—¿Pasa algo con la señora Francis?— cuestiona mi hermano un poco alarmado tomando asiento frente a mi.
—En realidad no, Ethan. El problema soy yo— suspiro para agarrar todo ese valor que me falta. —No sé si son nervios o lo de papá... Yo últimamente me olvido de lo que estoy haciendo, entregó mal las órdenes del café, me olvido de limpiar áreas que me corresponden... Ayer he metido unos panecillos en mi nevera— ambos reímos.
Luego él se pone completamente serio.
—¿Has llamado al doctor Smith?— pregunta.
—No.
—¿Por qué no lo has hecho?
—Temo su respuesta— respondo sinceramente.
—Tu vas a estar completamente bien, ¿de acuerdo?— observó cómo las lágrimas se apresuran por sus ojos. —No puedo perder a nadie más Emy— suelta con voz llorosa.
Tomo sus manos por encima de la mesa y doy un ligero apretón. A veces olvidó lo pequeño y vulnerable que sigue siendo mi hermano.
—Ethan. Aún tienes a tu madre.
—Es como si ya no la tuviera. Se pasa el día con una copa de vino en mano y la ebriedad reflejada en su rostro. Yo... Ya no tengo con quien charlar como hacía antes y tengo toda esa responsabilidad en la empresa. Sabes lo difícil que me ha sido ganarme el respeto de las personas, nadie me creía capaz por ser un crío y... Creo que mis empleados me detestan— ambos reímos con esto último.
—Es que no puedo permitirme confianzas o ellos se querrán aprovechar— se excusa mirándome.
De los dos yo siempre fui la de temperamento fuerte, y él el "débil". Sinceramente yo creo que es al revés.
—Sabes que no puedo trabajar ahí. No podría tomar el lugar de mamá— digo cabizbaja.
—¿Por qué no? Eres la única que sabe cómo se manejaba y además fuiste entrenada por ella personalmente. Te iría tan bien como a ella.
—Aunque no lo parezca la extraño— confesé mirando al cielo.
—¿Y crees que yo no extraño a papá? Esa empresa es su legado Emy y ellos querían que fuéramos nosotros quienes continuaremos sacándola adelante. Tu madre se enorgullece de ti.
—Tienes razón— le corté, nuestros padres se habían esforzado por darnos todo eso y yo los estaba defraudando completamente al dejar todo de lado —Mañana hablaré con la señora Francis para que busque mi remplazo— acepte.
—Si es que no lo tiene ya— se burló mi hermano. Me reí y le di un golpe en el brazo.
—Solo te pido una cosa. ¿Podría ser presentada como una trabajadora más?— dije después de un rato, me miró sin entender
—Quiero pasar desapercibida.
—Ya, vale...— se encogió de hombros.
Ambos nos quedamos en silencio, disfrutando de la noche.