Capítulo 6. Querer no es amar.

1994 Words
Los días siguientes no tuve tiempo ni para mirar por la ventana, Jack, había aceptado un montón de proyectos cuando estuvo a cargo y ahora yo tenía todo ese trabajo encima, me pase cada día estudiando los productos que teníamos pendientes para lanzar al mercado. Luego me dedique a buscar la mejor manera de promocionarlos, las ideas me habían abandonado estos días y eso me tenia un poco atrasada, así que cuando Gus me marcó para salir esa noche acepte de inmediato, necesitaba desestresarme de alguna manera pues papá decía que una mente estresada piensa menos. Además, lo extrañaba demasiado. Después de tres tragos yo ya me sentía achispada pues no era buena bebedora en absoluto. —La nueva chica que contrató Francis es mucho más agradable que tú— se burló Gus. —Lo imagino, es por eso que has manejado casi una hora para ver a tu antigua compañera amargada— me burle. Gus pidió un par de cervezas más y dos tragos de tequila. —No pero enserio, ¿cómo es ser la jefa? ¿te gusta la vida aquí? Yo puedo llevarte conmigo de vuelta si no eres feliz— me miro sincero. Rei. —La verdad es que me va muy bien. La gente me respeta y me he encontrado con un muy viejo amigo, ahora somos muy unidos y... —¿Ese chico te gusta no es así?— me interrumpió. —¿Qué dices? Por supuesto que no— evite mirarlo al contestar. —Claro que si, has sonreído inconscientemente al recordarlo— me acuso —Te gusta— afirmó. —Basta Gus— suspire pesadamente. —Él no me ha dado ninguna razón y estoy bastante confundida, desde que llegué intenta pasar tiempo conmigo y esto de alguna manera ha captado mi atención, nunca ningún hombre se había mostrado tan atentó. —Solo deja que las cosas fluyan, eventualmente él se dará cuenta de que también le gustas no todos los hombres la captamos a la primera. —¿Y porqué estás tan seguro que también le gusto? —Por qué los hombres no perdemos nuestro tiempo con cualquier chica. Tienes que gustarle. Dude un poco que eso fuera real, sin embargo mi traicionero cerebro ya estaba guardando esa información para luego tomar cada acción de Tyler como una señal de que en realidad le gusto. Los tragos continuaron haciendo su efecto en mí, la plática y las risas con mi amigo hicieron que él tiempo se me pasara volando. Cuando llegué a mi apartamento ya eran las cuatro de la madrugada, me arrepentí instantáneamente de haber salido. Me iría fatal en la oficina, Gus en cambio tenía el día libre y después de la quinta ronda no paraba de recordarme que yo era la jefa y podía excusarme y trabajar desde casa cuando quisiera, por esa razón había insistido tanto en que continuáramos bebiendo hasta tan tarde. Entre a darme una ducha y prepare un montón de comida grasosa para ponerme sobria, si me acostaba seguro me quedaría dormida. No estaba en posición de llegar tarde a mi trabajo, aunque fuera la jefa. Por milésima vez pensé en Tyler, ¿Dios qué está ocurriendo conmigo? Mire mi teléfono y desee tener el valor para llamarlo, las chicas ebrias normalmente toman decisiones impulsivas que les dan un buen resultado, yo ni siquiera ebria podía sincerarme con él. A las seis en punto mi teléfono vibró en la isla de la cocina, fui rápido hasta el para encontrar el nombre Tyler Benz en la pantalla. Un gritito de alegría escapó de mis labios y luego hice un rápido baile de felicidad. Tome el teléfono y conteste antes de que la llamada entrara al buzón. —Hola— dije con voz tranquila. —He esperado toda la noche para poder escuchar tu voz. Sonreí como una boba. —¿Por qué no has marcado antes? —No quería despertarte. Intenté eliminar la sonrisa de mi cara pero fue imposible. —¿Cómo va tu viaje? —Muy productivo, ayer mismo he conseguido que firmen el contrato, ellos ya estaban esperando por mi. —Eso es... —Raro, lo sé, alguien debió hacerme el favor anónimamente. Esperaba poder agradecer a la persona pero no quisieron revelar su identidad, ni siquiera aceptaron que alguien hablo con ellos por mi. —Vaya... pues quizá después puedas enterarte de quién fue. —Eso espero. Tu voz se escucha rara, ¿estás enfermando? —Supongo que es la línea— mentí. —Seguro. Ambos nos quedamos en silencio por un buen rato. —Extrañamente te echo de menos, Emmy. —Yo también, Tyler— respondí sincera. —Me gusta saber que estás para mi, todos los años pasados he pensado en ti de manera melancólica y he agradecido cada día por todo lo que tu familia fue para mi, un gran pilar. —Y así seguirá siendo por mucho más tiempo Tyler, aunque seas el hombre que desaparece sin despedirse. —Bueno, has hecho un poco de lo mismo. Ambos reímos. La conversación se prolongó por un buen rato más, hasta que fue hora de irme a la empresa. Con mejor humor pero la cabeza a punto de reventarme llegue y me encerré en mi oficina pidiendo a Jessica que cancele cualquier reunión que tenga y no permita la entrada a nadie. Comencé a dibujar bocetos al azar, tenía la necesidad inexplicable de mantenerme ocupada porque cada pensamiento que tenía era incoherente e irracional. De alguna forma Tyler se estaba adhiriendo a mí como uno solo y eso comenzaba a asustarme, había conocido chicos antes pero nunca ninguno logró captar mi atención de la forma en que él lo comenzaba a hacer por qué para mi desgracia esto solo era él comienzo. La forma en que me miraba y grababa cada detalle de mi para luego hacerme sentir especial. El problema es que yo me estaba enamorando ciegamente, porque en realidad ya no lo conocía y él me dejaba entrar en su vida con muchas limitaciones. Además, ¿cómo sabía realmente que esto era enamorarse? Tal vez solo me estaba gustando la atención que él ponía en mí ya que hacía mucho que alguien no me prestaba atención y se preocupaba por hacerme sentir bien... entre todas mis posibilidades la pesadez se adueñó de mí, mi cerebro no dio para más por tanto sobre pensar y la cabeza me comenzó a doler así que me puse de pie, puse el pestillo a la puerta, conecte los auriculares a mi celular, elegí una canción al azar en mi playlist, me recoste en mi sofá y cerré mis ojos. Cuando los volví a abrir por el incesante vibrar de mi teléfono sobre mi pecho, el sol ya estaba en su punto más alto, me había dormido por al menos 4 horas. Confundida mire la pantalla de mi celular y conteste de inmediato. —¿Todo bien? Llevo un buen rato tocando a tu puerta y nadie abre— la voz de mi hermano sonaba entre molesta y confusa. —Si yo...— me apresure a abrir la puerta, al verme arqueo una ceja bajo su teléfono y luego entró rápidamente cerrando la puerta tras de sí. —¿Qué carajo te ha pasado? —¿Qué tan mal me veo? Camine con prisa hasta él baño, sin cerrar la puerta para que Ethan me escuchara. Inspeccione mi rostro, el rimel lo tenía corrido y no había rastro del peinado que me hice más temprano, ahora tenía el moño flojo y un montón de cabellos salidos. —Me quede dormida sobre el sofá— confesé —Me doy cuenta. —Anoche no he dormido nada— me excuse. Salí del baño peinada y con él maquillaje arreglado. —Solo vine para avisarte que mañana iremos a Seattle. —¿A Seattle? —¿A la editorial en la que le insististe a tu madre que invirtiera? —¿Aún la conservan? —Era tu gran sueño, claro que aún la conservamos. Un 48% de sus acciones. —Vaya... —¿Y a que iremos? —Habrá un evento para promocionar a los escritores más nuevos y la innovadora idea que diste de los audiolibros, la pondrán en práctica así que irás como oradora. —Pero yo no... —No quiero escuchar un no salir de tu boca nunca más Emily, estás preparada para todo esto— señaló a su alrededor —Tienes un gran potencial, tu madre siempre alardeo de eso no la hagas quedar mal. Deja de desperdiciar tu vida pensando tanto y comienza a hacerlo. Ahora como director principal no quiero saber de nuevo que te quedas dormida en tu oficina, para la próxima si te desvelas no vengas o simplemente deja de desvelarte— me regaño. Y entonces lo note. —¿Qué está pasando? Me miró sin entender. —Estás triste, es por eso que vienes y te molestas conmigo. —No digas que no había razón. —La hay, se que la hay pero... vamos Ethan, desde cuando contarme algo se ha vuelto tan complicado para ti. Resignado tomó asiento en mi sofá pero de todas formas tardo un poco en comenzar a hablar. —Es Penny, ella está embarazada y quiere abortar. —Y tú no quieres —afirmé. —La quiero, ella es importante para mí y estoy seguro que también lo soy para ella. —Pues si estás tan seguro deja de lloriquear aquí conmigo y ve en su búsqueda, demuestrale que tu eres a quien ella necesita. —No puedo hacer eso. —¿Por qué? —Sus padres son quienes han elegido su destino. —Eso es... —Antes de que siquiera la juzgues... ella es una modelo importante, los lujos de los que ahora goza son gracias al trabajo que tiene y... —Eres millonario Ethan —lo interrumpí— aquí hay algo que no me estás contando. —Supongo que ellos están buscando al mejor postor. —Pues entonces ve y hazles la mejor oferta de sus vidas. No te des por vencido tan fácilmente. —Es que... yo no la amo, Emily, no de forma romántica al menos y me duele darme cuenta de todo lo que hemos ocasionado con nuestra irresponsabilidad. Si nos casamos y todo se vuelve monótono, ella me odiaría, hasta yo mismo lo haré. —Carajo. —Está muy jodido, ¿no? —¿Qué cosa? —Amar a alguien pero no querer que sea parte de tu vida. Suspire pesadamente. —Si, lo está Ethan. Creo que es mejor que ella elija y tu solo está ahí para ella, apoyándola. Es lo mejor que puedes hacer. —Como nuestros padres, cierto? —Como nuestros padres —le dedique una sonrisa melancólica. Lo entendía perfectamente, a pesar de que nuestros padres lograron llevar todo de manera armoniosa, esta era una posibilidad entre un millón y Ethan podía cometer un error al elegir, así que era mejor que fuera ella quien tomara la decisión pues al final de todo un hijo termina cambiando más la vida de una mujer que la de un hombre además él ya había cometido un error con su descuido. Él se recostó sobre mi hombro y yo me limité a sobar su brazo de forma reconfortante. —¿Crees que nuestro padre en algún punto se haya arrepentido? —Todos los días, sin embargo no había tiempo para lamentos, él hizo lo mejor que pudo para nuestras madres, intentó remediar sus errores con acciones. Es por eso que tu vas a actuar tal como ella necesita que lo haga, ya debe estar pasando por una situación muy difícil. —Ella merece el puto universo y el amor más bonito, e intentado dárselo todo pero realmente no soy el hombre de su vida. No ha podido amarme de forma ingenua y la verdad es que yo tampoco. —Se que sabrás que hacer. Confío en ti.
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