Igual que la vez pasada Tyler llegó muy temprano por mi, me abrió la puerta del coche como todo un caballero y al llegar a la oficina me acompañó hasta mi despacho.
—Tengo una reunión con tu hermano pero ¿te parece bien si desayunamos juntos antes de irme? Tengo que hacer un viaje de una semana y me gustaría pasar un poco más de tiempo contigo.
Sonreí como una boba.
—De hecho, no podrá— la voz de Jack llamó la atención de ambos, nos giramos para mirarle.
—Hoy desayuna conmigo— continuó este como si nada.
Tyler lo miró inexpresivo.
—Entonces te veré luego— me dijo amable, beso mi mejilla y se marchó sin darme tiempo a procesar lo que estaba pasando.
Quise ir tras él para decirle que si acepto su invitación pues me es grata su compañía pero Jack ya se encontraba adentro de mi oficina, sentado frente a mi escritorio.
Entre resignada.
—Si alguien me invita, soy yo quien responde. Toma nota para la próxima vez.
— Solo le he dicho que ya tenías planes, ¿hay algo malo con eso?
—Malo es que te creas con derechos sobre mi. Si a mí me apetece canceló los planes que ya tenía por lo que me plazca.
Su mirada y sonrisa burlona decayeron al instante, una mueca de disgusto apareció en su cara.
—¿A qué has venido?— cuestione con tono más amable.
—Solo para confirmar que desayunaras conmigo, si te apetece ir con él por mi esta bien.
Se puso de pie, tal vez mi mente me estaba engañando pero en este preciso instante no mire nada del Jack seguro y galán que he visto los anteriores días.
—No, está bien, ya habíamos quedado. No soy de las que planta a las personas, solo no vuelvas a entrometerte en mis pláticas— suspire y tome asiento.
—Te veo en un rato— dijo con esa sonrisita coqueta.
Encendí mi computadora y entre a mi EMail, después de revisar mis pendientes comencé a dibujar bocetos, ahora mismo no tenía inspiración en absoluto pues mi cerebro no paro de reproducir la imagen de Tyler, así que ya cansada seguí su juego y comencé a dibujarlo. Unos toques en mi puerta me distrajeron de mi tarea, al levantar mi vista dos hermosos ojos azules me miraban.
—Me voy. Solo quería despedirme.
Me puse de pie y rodee rápidamente mi escritorio.
—Lamento tanto no poder ir contigo a desayunar —me excuse.
—Está bien, ya he tomado bastante de tu tiempo. Supongo que te veré en dos semanas.
Se acercó a mí con sus brazos abiertos, me acurruque en ellos.
—Dios, todo se parece tanto a hace 16 años... Me haces sentir extrañamente feliz y cómodo. Es como si nunca nos hubiéramos alejado.
Me apreté más contra él pues entendía a qué se refería.
—Ese es...
Me aleje de él inmediatamente.
—¡Oh! Dios. Esto es embarazoso— oculte mi rostro entre mis manos.
—¿Puedo verlo?
Solo me encogí de hombros, Tyler se acercó a mi escritorio y tomó la hoja con su rostro.
—Eres realmente brillante Emmy, no tenía idea de que dibujas.
—Me encanta.
Mis traicioneras mejillas se sonrojaron.
—No se supone que deberías verlo.
—No tienes de qué avergonzarte, me encanta que estés tan encantada conmigo como yo con tu regreso. No me había dado cuenta de lo mucho que te extrañaba hasta que te volví a ver.
Suspire.
—Bueno, gracias por sacarme de este incómodo momento. Te veré en una semana.
—Espero ese dibujo terminado y enmarcado.
Beso mi frente, con una sonrisa genuina se apartó de mí.
—Te veré en unos días Emmy.
Más tarde, cuando el sol se encontraba en su momento más insoportable, me encontraba caminando hacia la salida de la empresa con Jack a mi lado. El valet parking llegó con un auto deportivo no sorprendiéndome nuevamente pero Jack abriendo la puerta para mi si que me sorprendió.
Condujo a una velocidad prudente hasta llegar a un restaurante sofisticado en el centro. Caminé con él a mi lado hasta una mesa del centro, una vez más me sorprendió cuando apartó la silla para que yo me sentara.
—Gracias.
Me dedico una sonrisa.
Un mesero se acercó con las cartas.
—Puedes pedir por ambos— pedí a Jack.
—No se que te gusta, no quiero arruinar tu almuerzo.
Lo miré un poco sorprendida pues él tenía razón, solo un paladar tan delicado como él de Tyler podía tomarse el atrevimiento de pedir por dos sin temor a que la otra persona tenga gustos diferentes.
Mire la carta sin entender un carajo los nombres de las comidas, entre la lista encontré un platillo que si mal no recordaba le encantaba a papá así que le agradecí por salvarme de esta situación y ordene eso.
—Me agrada que podamos hacer esto, yo en realidad me comporte como un imbécil contigo los primeros días— habló Jack apenas se retiró el mesero.
—Imbécil es muy acertado— concorde.
—Supongo que estaba acostumbrado a hacer funcionar el área a mi manera, cuando has llegado a cambiarlo todo, sinceramente me sentí celoso y enojado.
—Agradezco tu sinceridad— le sonreí —Y creo entenderte perfectamente pero también debias saber que esto pasaría, en algún momento el lugar de Antonia tenía que ser ocupado.
—Tienes razón, me extraña que Ethan lo haya ocupado contigo, creí que la empresa era familiar.
Le sonreí en respuesta.
—¿Cuanto tienes trabajando en la empresa, Jack?
—Un par de años, la mayoría de los trabajadores somos nuevos. La señora Gia hizo recorte de personal cuando su esposo enfermó y luego cuando Ethan tomó la gerencia despidió a todo el que se atrevía a cuestionarlo, desobedecer o hablar mal de él, así que si, la mayoría tenemos un máximo de dos años en nuestro puesto.
Ya sabía esa información sin embargo trate de notarme sorprendida.
—Me has recordado a él cuando despediste a mi secretaria.
—De hecho RH lo hizo— mentí —Yo solo di la queja.
—Te molestó bastante escucharla hablar mal de Antonia— creo que Jack estaba tratando de sacar información, quizá él sabía más de lo que pensé.
—Era una muy buena amiga de mi padre— mentí, aunque... si lo pensaba, en realidad no era una mentira pues ellos sí eran muy buenos amigos.
Jack se vio obligado a parar con sus preguntas cuando él mesero llegó con nuestra comida.
Comimos en silencio, a excepción de algunos comentarios que ambos hicimos de nuestros platillos.
De vuelta a la empresa me dedique a subir el volumen del estereo y elegir canciones al azar, de esta forma evitaba que Jack intentara entablar conversación conmigo. Cuando llegamos a la empresa me excuse diciendo que tenía demasiado trabajo y me apresure a entrar en mi oficina y encerrarme en ella.
Estaba consciente de que tarde o temprano mi realidad saldría a flote pero por ahora me sentía cómoda así, además, ocultar información no es lo mismo que mentir.