Capítulo 8

1585 Words
Seraphina salió de la sala del trono después de dicha conversación. Lord Emrys la guio hasta la habitación que le habían asignado en el palacio, tenía muchas ganas de preguntar por el resto de las concubinas, pero decidió esperarse. En Celestria las concubinas estaban separadas del castillo de la familia real, eso evitaba problemas, ella jamás había visitado dicho lugar porque lo tenía prohibido. Su padre las mantenía en un palacio aparte con todas las comodidades, incluso Lucien fue criado en ese espacio debido a quién era su madre; en cambio Seraphina vivía en el palacio principal. No conocía ninguna concubina, exceptuando a Aveline que al tener un hijo con el rey y eso le concedió otros beneficios. Ya estaba acostada en un intento de relajarse, cuando tocaron la puerta de repente. Les concedió la entrada y una sirvienta le hizo una reverencia. —Saludos alteza. —expresó de manera amable. —He sido enviada por la reina Alicia, su majestad desea que la acompañe para la hora del té. —informó. Quedó sorprendida, ¿por qué la reina quería verla justo ahora? El miedo se instaló justo en su estómago. Aún no estaba decidido si iba a quedarse y lo menos que quería era buscarse problemas con la mismísima esposa de Thorian Drakmoria. —Por supuesto, estaría encantada de ir. —respondió con una sonrisa amable. —Es un honor ser invitada a merendar con ella. —expresó asintiendo. La muchacha asintió y se marchó al instante. Seraphina dejó salir un suspiro, deseaba evitar los problemas, pero tampoco quería llegar y meterse en contratiempos justo acabando de llegar y estando completamente sola aquí. No iba a ir, pero esa última reacción fue en automático, lo primero era mantener las relaciones diplomáticas entre ambos reinos y no adelantar la guerra. Debía mantener su dignidad como princesa y no rechazar dicha invitación. Decidió descansar un rato antes de ir a cumplir con esa reunión. Les encargó a sus damas de compañía que la despertaran cuando se acercara la hora para poder tomar un baño y prepararse tanto física como mentalmente para todo eso. —Alteza, alteza, alteza. —Seraphina abrió los ojos despacio, no recordaba dónde estaba y por un momento sintió pánico. —Se le va a hacer tarde, alteza. ¿Tarde para qué? Se sentó con cuidado en la cama y trató de ubicarse. Apartó el cabello de su cara y respiró varias veces. El sol ya estaba bajando y la luz del atardecer entraba por la ventana. “Maldita sea” pensó recordando todo de repente. —Preparen el baño, por favor. —ordenó recogiéndose la melena plateada en una coleta. —Quiero ponerme el vestido color amarillo, el más veraniego que tengo. Todas se pusieron en movimiento y Seraphina lucho con el sueño que la atacaba nuevamente, tuvo que esforzarse por mantenerse despierta. Lo siguiente pasó en automático, la ayudaron a desvestirse y entró en la tina del baño, ni siquiera tenía cabeza para zacear la curiosidad con su entornó. ¿Cómo había terminado así? —Aquí, alteza. —indicó una de las damas abriendo una toalla para secarla. Otra le puso una tela en el cabello y le acercó unas sandalias para salir del baño. Deseaba que la tierra se abriera y la tragara de una sola vez. —¿Está segura de esto, alteza? —preguntó una de sus damas. —Quizás debió decir que estaba cansada por el viaje y encontrarse después. —admitió. Iban por el jardín central del palacio, unos pasos por delante de ellas estaba la misma sirvienta que le informó de la petición de su majestad, guiándolas. La tarde era realmente hermosa y cálida, podía ver a las mariposas revoloteando el lugar. —Hubiese sido una buena idea. —dijo en voz baja para que solamente ellas escucharan. —Pero esta reunión tarde o temprano iba a ocurrir y este momento es tan bueno como cualquier otro. —coincidió caminando con absoluta determinación. —Tiene razón, alteza. —afirmó su acompañante. —¿Cómo cree que sea la reina? —preguntó cambiando de tema. Seraphina se encogió de hombros. —Nunca la he visto, lo único que he escuchado, es que es mayor que el rey. —susurró. —También dicen que es hermosa, pero considero subjetiva esa idea. La conversación terminó en cuanto llegaron a un lugar alejado del patio. Seraphina debía darles algo de crédito a los Drakmorianos por su buen gusto. Allí sentada en medio de almohadones y con una pequeña pero encantadora mesa de color blanco, la esperaba un grupo de mujeres, dentro del cual estaba la reina. —Majestad. —dijo la sirvienta en cuanto estuvieron frente a las desconocidas. —Su alteza real la princesa Seraphina de Celestria está aquí para tomar el té con usted. —anunció haciendo una reverencia. Seraphina y sus damas la imitaron. —Déjala acercarse. —La mujer asintió y se apartó, dándole una visión por primera vez de la reina de Drakmoria. —Bienvenida a mi reino, alteza. —saludó con una sonrisa de oreja a oreja; Seraphina se apresuró a acercarse a la reina. —Muchas gracias por esta muestra de hospitalidad, majestad. —inquirió haciendo una reverencia y besando el dorso de la mano que la reina le ofrecía. —Es un jardín realmente hermoso, le agradezco tal consideración. —dijo sonriendo. La palabra “hermosa” no bastaba para describir a la mujer frente a ella, “impactante” sería una definición mucho más acertada. Físicamente tenía la misma apariencia de todas las personas del reino: piel bronceada, ojos y cabello oscuros. Sin embargo, había algo imponente que emanaba de ella, entendía porque Thorian la hizo su esposa, si ella hubiese nacido hombre tampoco dudaría de la decisión. Los ojos marrones refulgían como el fuego y su postura denotaba elegancia. Usaba un atuendo dorado de dos piezas, mostrando el abdomen. En su cabeza colgaba una especie de tiara invertida de oro, con un rubí en el medio. Se preguntaba si aquella mujer también podría convertirse en dragón, seguramente sería algo impresionante de admirar. Deseo tener la oportunidad. Evidentemente era mayor que ella, aunque no sabría decir si también de Thorian, pero probablemente ya habían transcurrido veinte tantas lunas llenas desde su nacimiento. La reina estiro una mano, indicándole que tomara asiento. —No hay nada que agradecer. —exclamó una vez Seraphina estuvo sentada a su lado. —Por ahora es invitada del palacio y debo tratarla como tal. —Algo en aquellas palabras le puso los pelos de punta. —Por favor, disfrute de lo que prepare. La mesa estaba repleta de dulces que supuso serían típicos de la región, pues no los conocía, también de variadas bebidas. Su majestad le ofreció una pequeña taza de porcelana, de la cual salía un humo y olor absolutamente delicioso. —Es un té que solo se produce aquí, lo llamamos “çay”. —explicó la reina al ver la extrañeza en la mirada Seraphina. —No encontrara algo más tradicional en todo Drakmoria. —afirmó dándole un sorbo a su propia taza. —Adelante, pruébelo. Seraphina le hizo caso y bebió un trago de la bebida. De inmediato sintió como las especies exóticas bajaban por su garganta, explotando en cientos de sabores. —Delicioso, ¿no lo cree? —Seraphina asintió. —Se prepara con canela, naranja y vainilla, por eso tiene un sabor tan potente. —señaló con cierta emoción. —Nunca había probado nada igual, en mi tierra el té suele ser más suave. —inquirió Seraphina mezclando el contenido con una pequeña cuchara de plata. —Está bebida te ayudara a dormir, debes estar cansada después de tan largo viaje. —comentó tomando un dulce de la mesa y llevándoselo a la boca de una vez. —De nuevo, agradezco su amabilidad para conmigo. —expresó Seraphina. La conversación estaba yendo bastante bien, aunque tenía la sensación de que caminaba sobre hielo resbaladizo y que en cualquier momento caería el agua helada. Cada palabra que se habían dicho hasta ahora era simplemente protocolar. Dudaba mucho de que la reina la mandase a llamar solamente por eso. —Ha llegado a mis oídos la noticia sobre la negociación que tuvo con su majestad, el rey. —inquirió de pronto. Seraphina casi se ahoga con el té que bebía. Al fin la reina había mostrado lo que realmente le interesaba descubrir. —Así es, fue la primera persona a la que le presente mis respetos en cuanto llegue. —admitió pausadamente, quería averiguar qué tanto sabía de la reunión. —Me parece interesante la condición que puso para quedarse como concubina. —exclamó como si la idea le divirtiera. —Eres la primera concubina que propone que su hijo sea el heredero antes que el de la reina. —siseó suavemente. Sus palabras eran envolventes como las de una serpiente y a pesar de continuar calmada, Seraphina no tenía duda que la asechaba como el reptil. —Mi título es princesa de Celestria, aún no se ha concretado que pase a ser una concubina del harem de su majestad. Y eso dependerá de la decisión que tome el rey. —señaló tomando un nuevo sorbo de su té. No dejaría que la insultara. —Tiene razón en eso, me disculpo si la he ofendido. —pidió disculpas la reina. —¿Pero de verdad está dispuesta a ir a la guerra si no se cumple con su solicitud?
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