El súbdito ruido de la represa resonaba con constancia sobre el denso aire de la mansión. Marlon parpadeó una vez y luego otra vez. Sus pestañas se volvieron a pegar una contra otra evitando que abriera los ojos. Descanso por un segundo más hasta que un chasquido fuera de la habitación lo alertó. Segundos después la puerta sonó con dos toques. —¿Señor? —lo llamó Mayer detrás de la puerta sin saber si Marlon seguía en la habitación —Tiene visita, ¿Le digo que espere? El tono de la voz de Mayer reflejó preocupación. Marlon estiró sus brazos en un quejido largo. Golpeó algo con sus palmas y al instante toco la superficie de lo que parecía piel: el rostro de alguien. Aun con los ojos cerrados Marlon comenzó a tantear el terreno. Estaba sobre una superficie lisa y suave. Tocó las monturas d

