Tan pronto como el anciano Taylor salió de la casa para trabajar, Audrey fue al jardín. Se quitó las pantuflas y comenzó a caminar descalza sobre la hierba. Tan pronto como puso el pie sobre la hierba, el frío recorrió su cuerpo. El aire fresco, el aroma de las flores, la suavidad de la hierba calmaba sus nervios. Había pasado meses desde que había estado en el jardín. Aquel día su abuelo la atrapó y tuvo que pasar una semana entera en aquel sótano frío, oscuro y maloliente. Estar en aquel lugar es como si su vida se reducirá a nada.
Era una noche de invierno por lo que la brisa fresca sonaba suavemente sobre su cabello suelto. Se rodeo con los brazos y respiró hondo. Levantó la cara y miró hacia la luna que brillaba intensamente con miles de estrellas. Estaba tan perdida en la visión de la luna que no se dio cuenta alguien se le acercó por detrás.
—Hola cariño... ..
El miedo al afecto a su garganta tan pronto como reconoció esa voz, su corazón comenzó a latir con fuerza en su pecho. Tragando saliva, se dio la vuelta lentamente y encontró al hombre parado frente a ella que también es la causa de sus pesadillas.
–¿No estas feliz de verme? —una sonrisa diabólica jugaba en sus labios.
Ella siguió mirándolo y el miedo seguía aferrándose en su corazón.
—Te pedí algo, cariño.
Audrey agarro su vestido y miró hacia abajo, su cuerpo temblaba mucho. Con esta acción, la sonrisa del hombre se amplió y comenzó a moverse hacia ella con pasos lentos y depredadores.
Ella se asustó y rápidamente comenzó a retroceder. El hombre se detuvo de repente al igual que ella.
—Acércate a mi —Ordeno, pero ella se quedó quieta. –¿O quieres que termine lo que empecé aquella noche aquí y ahora? —sus ojos se abrieron y miró a los de él, que estaba sonriendo descaradamente.
—Te dije que vengas aquí —murmuró con ojos y rostro severo.
Ella trago saliva, sabiendo muy bien a fondo iba todos esto.
—Así que te gusta la manera difícil, ¿eh? —dio largos pasos hacia ella y el agarro del antebrazo bruscamente.
Ella siseo de dolor.
—¡DAMIÁN! —al escuchar un ruido fuerte atrás. Damián inmediatamente soltó el antebrazo de Audrey.
Poniendo una sonrisa inocente en su rostro, se dio la vuelta y se encontró con Jacob parado a cierta distancia, mirándolo.
–Hola amigo –se acercó a él y lo abrazo, pero los ojos de Jacob estaban fijos en la asustada Audrey que temblaba como una hoja.
—Han pasado tantos días, desde la última vez que nos vimos –Damián dijo y Jacob finalmente volvió su mirada hacia él.
—¿Por qué estás aquí? — preguntó de inmediato.
–No puedo venir aquí a ver a mi amigo.
–Si es asi, será mejor que vengas a esta casa cuando tu amigo este en casa —Jacob dijo con calma, pero había una advertencia en sus palabras que no pasó desapercibida por Damián.
“Emj” él se aclaró la garganta.Damián puso su mano sobre el hombro de Jacob. —Vine aquí para felicitarte. Felicidades amigo mío.
Jacob se quitó la mano de su hombro. —Gracias.
Damián sabe que a Jacob no le gusta, pero no le importa, porque solo necesita una excusa para ver a Audrey.
—Creo que debería irme ahora —dijo Damián y se giró para mirar a Audrey, quien se estremeció al ver a sus ojos negros mirándola en una advertencia que tuviera la boca cerrada.
—Adiós, Audrey –dijo y se giró para mirar a Jacob que estaba mirando a su hermana de nuevo.
—Adiós, amigo —dijo y Jacob solo asistió con la cabeza en reconocimiento, con los ojos aún fijos en Audrey.
Damián apretó los dientes y comenzó a caminar hacia su auto en la cochera. Se monto y se fue. Cuando se fue, Jacob se acercó a su hermana y se paró a su lado.
–¿Intento hacer algo? —preguntó y como de costumbre ella se quedó callada, lo que encendió a Jacob de rabia, él odiaba ver a su hermana convertida en esto y comenzó a gritar de rabia.
—POR DIOS AUDREY ¿POR QUE NO ME HABLAS?
Ella se estremeció ante la ira de su voz y retrocedió con luego. Jacob se pasó la mano por la cara y volvió a mirar a su hermana. Las lágrimas brotaron de sus ojos, ante la impotencia que sentía de no poder hacer nada por ella durante todos estos años.
—Audrey no tienes que tenerme miedo —dijo en voz baja y ella lo miro a la cara, sus hermoso ojos ámbar estaban llenándose de lágrimas.
–Soy tu hermano, si Damián abusa de ti, dímelo —dijo en el mismo tono de voz, colocando su mano en su brazo.
—No es como si pudieras hacer algo si te digo —Jacob se sorprendió ante sus palabras.
Es cierto que no puede hacer nada. Incluso tolera a Damián porque su abuelo lo quiere, y si estuviera en sus manos nunca lo dejaría entrar a esta casa.
Luego escucharon la bocina de un auto, y sabía que su abuelo había llegado. La boca de Audrey se abrió de golpe de puro horror, al igual que Jacob.
—Entra date de prisa —dijo Jacob antes de caminar hacia el auto de su abuelo. Audrey no perdió ni un solo momento y rápidamente
se puso las pantuflas y corrió a su lugar de nuevo.
—Hola, abuelo —saludo Jacob y una sonrisa apareció en los labios de anciano.
—Mi hijo —el anciano tiro de el para abrazarlo.
Aunque mucho que Taylor ama a Jacob odia a Audrey
—Estoy tan orgulloso de ti, hijo mío. –dijo el anciano felizmente
Jacob sonrió
–Es solo el resultado de sus oraciones y esfuerzos —las palabras de Jacob hicieron que su abuelo se sintiera más orgulloso de él y pasó si brazo alrededor del hombre de Jacob y entró a la casa con él.
En el hospital central…
–Mamá, he estado esperando diecisiete años para que abras los ojos y me llames tu hijo —fijo con una expresión de dolor en su rostro.
–¿Por qué no pensantes en mi antes de dar este paso? —Las lágrimas brotaron de sus ojos.
—¿Por qué ni siquiera pensante en cómo viviría sólo en este mundo cruel sin ti?
–¿Sabías que no tenía a nadie en este mundo más que a ti, así ¿Por qué?
Eventualmente, no pudo controlarse y comenzó a llorar como si se tratase de un bebé, acercó la mano de su madre inconsciente a sus labios y le dio un beso en la mano.
El golpe de la puerta lo interrumpió su emotivo momento con su madre, rápidamente se secó las lágrimas de su rostro.
—Adelante —se abrió una puerta y Can abrió un poco la puerta y se asomó al interior.
—Brett ¿Podemos hablar? –pregunto Can y Brett asistió y lo dejo entrar a la habitación.
Can se acercó a Brett y le dio un sobre. Brett miró el sobre confundido antes de abrir el sobre y tomar la foto
Al ver la chica en la foto, su respiración se detuvo por un momento.
La chica llevaba un vestido blanco que abrazaba su figura delgada y hacía que su piel blanca se viera muy pálida, su cabello largo ondeado de color n***o, caía como una cascada sobre sus hombros, su rostro era pálido pero hermoso, el color de sus labios eran rojos como cerezas maduras y sus ojos expresivos de color ámbar te daban la sensación de perderte en ellos ……
Tan inocente y hermosa a la vez, pensó Brett.
—Está es la nieta del anciano Taylor Saunders —dijo Can y esa fue la razón suficiente para que Brett la odiara. Miró a Can para que le diera la información necesaria.
—Anoche nuestro hombre, que trabaja como guardia en su mansión le tomó una foto mientras caminaba en el jardín.
—¿Él sabe porque ese bastardo la ha estado escondido toda su vida? —Brett preguntó.
—No, también trato de seducir a la joven sirvienta para poder obtener información, pero hombre ….. la seguridad y las reglas de esa casa son tan escritas que parece una fortaleza de la antigüedad. Y si …. —Él se detuvo y sacó una tarjeta y se la entregó a Brett. –Mañana en la noche los Saunders tiene una fiesta de éxito en su casa y este año también te han invitado ¿Iras ahí?
Brett tomó la foto y la miro a la cara de nuevo y una sonrisa pecaminosa comenzó a extenderse en sus labios.
—Por supuesto. Veamos cuanto tiempo protegerá a su preciosa nieta de un demonio como yo. Prepárate para arder en el juego de mi venganza princesa.