En el comedor, Taylor estaba sentado en la silla principal, mientras que Jacob estaba sentado en la silla a su izquierda, con las manos entrelazadas y con los codos sobre la mesa. El desayuno se sirvió frente a ellos con un aroma apetitoso. Como de costumbre el desayuno de Audrey había sido servido en su habitación, por que no se le permitía estar frente a su abuelo.
El anciano de media edad empezó a desayunar, pero Jacob aún no había tocado nada y estaba pensando en algo, mientras sus cejas se arqueaban. Miro a su abuelo que estaba disfrutando del desayuno sin importarle su entorno en lo absoluto.
—Abuelo…
—¿Si hijo? —dijo el anciano dejando el tenedor y el cuchillo y puso toda su atención en Jacob.
—Quería preguntar…… —Hizo una pausa y la expresión en su rostro era como si estuviera dudando, ya que no sabia como reaccionaria su abuelo con lo que diría a continuación, pero aun así trato de preguntar.
—¿Audrey puede asistir a la fiesta de esta noche? —Tan pronto como las palabras salieron de la boca de Jacob. El anciano Saunders tiro de su plato de la mesa y se puso de pie abrutadamente.
Las sirvientas que estaban cerca dieron un paso atrás con miedo.
—¿CÓMO LLEGO ESO A TU MENTE? —el viejo Saunders rujió enojado y Jacob se levanto tranquilamente de su silla y se paró frente a él.
—Abuelo ¿Cuánto tiempo más........
—Hasta que me muera —dijo el anciano Saunders, cortando las palabras de Jacob.
—La odiare hasta mi último aliento y mi corazón deje de latir. Ambos sabemos lo que hizo y nunca jamás la perdonare por eso. Así que será mejor que no vuelvas a usar su nombre sucio frente a mí —diciendo esto enojado y luego comenzó a caminar hacia su habitación.
Jacob se paso la mano por el cabello con total frustración, ahora le resultaba difícil convivir en esta casa. El odio en el corazón del anciano Saunders crece cada día más en su corazón, el lo sabia era tan consiente que no sabia que hacer para liberar a su hermana.
Soltando un suspiro decidido saltarse el desayuno y salió de casa para irse a un lugar donde pudiera encontrar paz, la cual nuca podría encontrar en su propia casa.
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—Brett….
Un hombre guapo de y de buen perfil estaba mirando unos papeles cuando la puerta de su oficina se abrió y una chica hermosa vino corriendo hacia este, como si se tratara de una hada feliz, su larga cabellera marrón tambaleaba al ritmo de sus pasos y sus ojos achinados brillaban de pura emoción.
Una sonrisa encantadora se dibujó en sus labios del hombre quién se levantó de la silla para saludarla, pero ella se acercó rápidamente y se lanzó en sus brazos.
—Te extrañe mucho —dijo la chica, abrazándolo con fuerza.
Brett se rio entre dientes y vio al Sr. Peterson de pie en la puerta de su oficina que los observaba con una sonrisa en su rostro.
—Buenos días tío —Brett saludó al señor Peterson y se separó del abrazo —. Por favor, siéntate Tío —dijo el mirando al Sr. Peterson.
Peterson asistió y se sentó en unas de las sillas en frente de Brett.
Camila también se acerco a su padre, acerco una silla a su lado y también se sentó. Brett pidió a su secretaria que trajera café para los invitados.
—Espero que no te haya molestado. Su avión aterrizó hace unas horas y ha estado comiéndome mí cerebro desde entonces, diciendo que quería verte —dijo el Sr. Peterson y Brett soltó una risita.
—No tenia idea de que te gustaba tanto que a los pocos meses comenzaste a extrañarme —hablo en tono de burla Brett mirando a Camila quien lo fulmino con la mirada.
—Aunque ambos tienen la misma edad, pero a veces parece que ella aun no crecido —agregó Peterson.
—¿Pueden ustedes dos detenerse ahora….. Por favor? —Camila golpeo ligeramente su puño sobre la mesa.
Esta no era la primera vez que se burlan de ella. Cada vez que Brett y su padre se encuentran, ambos comienzan a burlarse de ella como si fuera su pasatiempo favorito.
Tanto Brett como el Sr. Peterson levantaron la mano en son de paz y miraron a Camila con inocencia. Ello no pudo evitar poner los ojos en blanco.
Hubo un golpe en la puerta.
—Adelante… —dijo Brett.
La secretaria entro con una bandeja en la mano. Después de poner las tazas frente a ellos, salió de la oficina.
—Brett hace unos días que quería hablar contigo. Es bueno para ambos que Camila también este aquí —dijo Peterson, con voz tranquila.
—¿De que quieres hablar? —pregunto Brett y tomo un sorbo de su taza de café con elegancia y tranquilidad.
—Sobre tu matrimonio.
Brett se atraganto con su café y comenzó a toser.
Saco un pañuelo de la caja que estaba sobre su escritorio y se limpio la boca mirando con incredibilidad al Sr. Peterson.
—¿Matrimonio? —repitió el queriendo confirmar si fue el que escucho mal.
—Si, tu matrimonio con Camila —dijo Peterson con tranquilidad y esta vez fue Camila quien se ahogó gravemente, que incluso sus ojos amenazaron por salirse de sus órbitas.
—¡Papá! ¿De que diablos estas hablado? —pregunto ella subiendo su tono de voz más de lo normal.
—Camila, no te sulfures —dijo Brett, en un intento de calmar a la chica que parecía estar a punto de enloquecer.
Brett era consiente de lo impulsiva que podría ser Camila, por lo que decidido ser el quien se encargara del asusto. El volvió su mirada al señor Peterson.
—Tío me has hecho muchos favores y estoy muy agradecido por ello. Después que mi madre entro en coma, me diste un lugar para quedarme en tu casa y con tu ayuda he llegado a este lugar hoy. Me habría casado con Camila a petición tuya, pero…. —hizo una pausa y miro a Camila, para luego volver su mirada a Peterson. —Pero somos muy diferentes entre nosotros, nuestros pensamientos, nuestros gustos y disgustos, nuestras formas de vivir son muy diferentes. No podríamos adaptarnos a un matrimonio ya que incluso llegaríamos a terminar con nuestros años de amistad.
Camila tuvo de acuerdo con lo que acaba de decir Brett, por muy guapo que este fuera, ella no sentía ningún apego sentimental que no fuera mas que una simple amistad, ella lo veía como un hermano no como hombre, después de todo se habían criado juntos.
—Papa, Brett tiene mucha razón. Además, tengo sueños y metas por cumplir y lo sabes, eres consiente como he deseado ser actriz. Estoy trabajando duro actualmente para conseguir un papel y aquí estas planeando hacer añicos mis sueños, no te parece que es injusto, por otro lado, a Brett le gustan las chicas inocentes y sencillas y yo no soy para nada así, tu hija no es nada sencilla y mucho menos inocente en lo absoluto.
El señor Peterson escucho sus quejas en silencio, en otras circunstancias se hubiera horrorizado por las palabras de su hija, sin embargo, ya estaba adaptado a las palabras que sabia botar su hija cuando no estaba de acuerdo con algo y estaba demasiada desesperada por no acatar una orden de él. Tanto qué siempre aria lo imposible por no ceder incluso si eso incluyera hablar mal de sí misma, lo aria sin pensarlo ni por un segundo. Así qué él comenzó a beber su café nuevamente. No es el tipo de persona que impone su decisión a sus hijos. Si su hija no quiere casarse con Brett él nunca la presionara. Sabe que ella es lo suficiente madura para tomar sus decisiones.
—¿Estas invitado a la fiesta de los Saunders, esta noche? —pregunto Peterson, cambiando de tema.
Y Camila, pudo sentir el aire volver a sus pulmones, al igual que Brett.
—Si, me pasaron invitación, al igual que siempre.
—¿Vas a ir allí? —Inquirió Peterson arqueando sus cejas.
—Si —respondió con simpleza Brett, volviendo a tomar un sorbo de su café.
—Cuando conozcas al anciano Taylor Saunders, es mejor que te controle. No dejes que los eventos del pasado te abrumen. Si haces algo te meterás en graves problemas —El Sr. Peterson aconsejo a Brett quien asistió con obediencia.
—Tratare de controlarme, aunque será difícil —dijo Brett en voz baja para sí mismo, aun así, Peterson lo escucho.