El patio trasero brillaba como estrellas en los cielos. Mucha decoración, luces risas. Había sillas con mesas redondas y un gran escenario a poca distancia.
Brett y Can entraron juntos vistiendo un traje n***o con zapatos de vestir lustrados.
Can era guapo de nacimiento, del típico chico que ha sido mimado por sus padres ricos, pero el rostro de Brett, era otro asunto. Un asusto impresionante, limpio, varonil y con un aire salvaje y algo enojado. Su cabello era azabache, lacio y brillante, expuesto en un corte moderno, es decir reducido a los lados, pero abundante arriba.
Todo en ese individuo decía; dominar, follar y dejar huella. O bueno eso era lo que pensaba cada mujer que lo viera, adolescente o por muy anciana que fuera.
Los ojos de Brett se dirigieron al Sr. Peterson que estaba de pie alrededor de una mesa con otros hombres de negocios, sosteniendo un vaso de licor en las manos.
Como halcón sus ojos se desviaron hacia el centro donde estaba el anciano Saunders que estaba parado y hablando con los invitados animadamente. Brett apretó los puños cuando vio al anciano Taylor Saunders riendo y hablando como si no le debiera nada al mundo, como si la maldad y la oscuridad no existiera en su alma.
¿Cómo puede ser feliz ese bastardo después de arruinarle la vida a alguien?
—Tienes que controlarte, Brett —susurro Can en una advertencia, al ver como estaban cambiando las facciones de su amigo.
Brett ignoro sus palabras y comenzó a caminar hacia el anciano Taylor Saunders, con aura asesina.
—¡Brett! —Can trato de detenerlo, pero Brett no le prestó atención y siguió caminado hacia el anciano Saunders.
Sin verse con opciones de detener a su amigo Can, fue con el Sr. Peterson para informarle sobre Brett. El Sr. Peterson también se sorprendió al instante y desvió su mirado a donde se encontrar el anciano Taylor para ver a Brett parado tranquilamente frete a este. Aunque a simple vista parecía tranquilo, pero el sabia que no era así, lo conocía lo suficiente para saber que se estaba esforzando para actuar.
—Hola, Sr. Saunders —saludo Brett con voz neutral y el anciano Taylor lo miro.
—Hola joven —le devolvió el saludo el anciano Taylor.
—Soy Brett Derry, el propietario de la corporación Breicfix—extendió su mano para un apretón de manos.
—Oh, si, si, eh oído hablar mucho de ti. Tu empresa ha estado entre las diez mejores en solo unos años. Todos mis amigos de negocios me han hablado bien de ti, me dicen lo muy inteligente que eres y por supuesto lo capaz. Mi nieto Jacob tiene tu misma capacidad y intiligencia - recalco esto ultimo el ancianocon orgullo.
—Bueno, me alegra escuchar eso —dijo Brett con una sonrisa fingida en sus labios.
—¿Te gustaría tomar una copa con nosotros? —pregunto el viejo Taylor.
—¿Por qué no? —dijo Brett..
El viejo Saunders detuvo a un mesero cercano y tomo dos vasos, uno de los cuales le dio a Brett.
Chocaron sus copas.
Can y el señor Peterson jadearon de sorpresa al ver tal acto, por otro lado, todos los demás jóvenes empresarios, estaban celoso de ver a Brett con un exitoso hombre de negocio como lo era Taylor Saunders.
Después de un tiempo los amigos del viejo Taylor se marcharon a encontrase con otros hombres de negocios y ahora solo Brett con el viejo Saunders se quedaron solos.
—Asi que usted es un hombre negocios hecho a si mismo, creando su propio imperio desde abajo. Me pregunto por que nunca antes había oído hablar de la corporación Breicfix, hasta no hace poco —dijo el viejo Taylor, mientras jugaba con la copa de vino tinto en su mano.
—Si, soy un hombre de negocios hecho a si mismo. Mi padre era gerente de una empresa de entrenamiento y murió cuando yo tenía cuatro años.
—¿Y tu madre?
Brett apretó los puños.
—Ha estado en coma durante dieciochos años —respondió sin emoción alguna en su voz.
—Oh, lo siento. ¿Pero que le paso a ella? —preguntó con curiosidad el viejo Saunders.
Brett aparto la mirada de el viejo, la oscuridad lo rodeaba, era consiente de que en cualquier momento perdería el control de si mismo y estrangularía a este bastardo sin resentimiento alguno.
En ese momento el pie de un mesero se resbaló y la bebida de la bandeja cayo sobre el traje de Brett.
—Lo siento señor, lo siento mucho —dijo el mesero en pánico ya que normalmente una falta como este hacia un rico, era muy cara pagarla siendo un simple mesero.
Brett miro su traje hacia abajo, y vio el desastre que estaba ocasionado.
—¿NO PUEDES CAMINAR CON LOS OJOS ABIERTOS? —Grito el viejo Saunders y el mesero miro hacia abajo en señal de disculpa.
—No hay problema Sr. Saunders. Estoy seguro que no lo hizo a propósito —dijo Brett, mientras el viejo llamaba a una sirvienta.
La empleada se apresuró y se puso de pie frente al viejo. —Señor …. —dijo ella respetuosamente.
—Ayuda a nuestro invitado ir al baño —le dijo el viejo Taylor a la sirvienta, quien inclino la cabeza apresuradamente.
—Sígame señor —dijo volteándose a dirección contraria. —Por aquí señor.
Brett la siguió en silencio al interior de la casa. Ella lo llevo al baño en la habitación aleatoria de arriba.
—Puedes irte volveré yo mismo —dijo Brett.
—Esta bien Señor —asistió la sirvienta y se marchó en silencio.
Brett mojo la toalla y trato de quitarse la macha de la camisa. Siguió intentándolo por varios minutos, pero la macha aun no desaparecía, tiro la toalla y golpeo furiosamente la losa con sus manos.
—¡Vete a la mierda! Maldito viejo Saunders —murmuro, mientras que su cuerpo temblaba de ira. -Es hora de buscar a tu pricesita.