Me despierto al oler ese delicioso aroma a pastelitos que desprende Sofi. Deja un camino de besos que me dejan en la encrucijada de abrir o no los ojos. Quiero seguir recibiendo esos cálidos besos, sin embargo, aunque intento permanecer quieto, ella nota que no estoy dormido. — No pares — Le ruego — Ya tengo que irme... — ¿Qué? Mierda, quería desayunar contigo —digo al ver la hora. — No te preocupes... deje a Sebas dormido. — Ok —digo imitando la forma que tiene de decirlo Sebas. — Idiota, ¿En verdad no te importa quedarte con él? — Claro que no, la pasamos increíble. Ve tranquila. Nos volvemos a quedar solos en casa. Esta mañana Sofi se ve mucho más segura antes de irse, pero Sebas está un poco más exigente. — ¿Dónde está el cereal? — Hoy no comeremos cereal, prepare panqueques

