Nada más abrir los ojos veo la estúpida pantalla del IPad. Últimamente lo primero que hace Sebastián al despertar es buscarlo y jugar con la mascota virtual que esta instalada. No soy una hipócrita, yo paso todo el día con una pantalla frente al rostro, no puedo decirlo es malo para ti, ve a jugar, cuando la ultima vez que moví el culo e hice caminata con Sam no me pude mover normal por una semana.
Soy una mujer sedentaria, que cría a un niño sedentario, ¿Quiero cambiarlo? Claro que si, ¿Sé como hacerlo? Claro que no.
Nunca he sido deportista, soy torpe, me dan miedo las pelotas y me da vergüenza mi forma de correr. Simplemente fui bendecida con un buen metabolismo, y después del embarazo le di tanto pecho a Sebas que casi termino anémica, alimentar a un bebé quema tantas calorías como correr una maratón.
Y después en verdad estuve en un maratón hasta que el cumplió los tres, porque tuvo su etapa de niño inquieto, como todos supongo, duro poco, y lo agradezco. Luego vino la etapa del niño curioso donde todo lo tocaba, agitaba y preguntaba. Después de los primeros meses de la pandemia comenzó a decaer en esta etapa que yo llamo del niño estatua. Simplemente lo dejas ahí con el IPad o dibujando y no se mueve si no tiene que ir al baño.
No se si será normal casi tiene cinco y apenas habla. Cuando lo hace dice todo claramente, a veces modula mejor que yo, pero prefiere los monosílabos, sobre todo con las demás personas. Conmigo habla un poco más, aunque siento que se guarda mucho para un niño tan pequeño... Lo ocurrido con mi padre no ayuda mucho.
Extrañaba a mi niño curioso, a veces un poco aterrador, pero siempre divertido. En más de una ocasión me quede pensando ¿Qué mierda pasa por la mente de un niño? ¿Es normal que haga preguntas tan profundas?
— Buenos días bebé, ¿Cómo dormiste? — Lo saludo.
— Bien mami. ¿Tu dormiste bien?
— Si. También dormí bien ¿Tienes hambre?
Él asintió con entusiasmo, así que nos levantamos de inmediato. Lo lleve en silencio al baño, parecía que Gabriel aun no se despertaba y no quería molestarlo. Eran las 7.30, si mal no recuerdo él no tiene clases hasta casi medio día, y últimamente siempre estar con sueño, espero no despertarlo, él necesita descansar bien.
Gabriel tiene comida muy rara en su casa, tendré que ir pronto a la tienda, porque Sebas se ha vuelto un poco quisquilloso con la comida desde que comenzó la pandemia. Y Gabriel come como soltero de película, cerveza, comida congelada y proteínas. Siempre me he preguntado porque vienen en paquetes tan grandes, es casi como un galón de gas.
Por suerte tiene leche, cereal y café, lo único que necesitamos nosotros para comenzar el día.
— ¿Qué es eso? —pregunta Sebas al ver que el cereal no es de colores.
— Es cereal de gente aburrida, sabe igual que el de la gente divertida... Pruébalo — Lo animo.
Yo ni lo pruebo, tiene pinta de comida de conejo, tanto que leí bien la caja antes de servirle un tazón a mi hijo. Él toma un par de hojuelas y las mastica con precaución.
— No tiene sabor mami.
— Con la leche queda rico, lo prometo — Él me mira poco convencido y yo se la agrego rápidamente antes de que lo piense mucho.
— Solo sabe a leche —dice después de un par de cucharadas.
— Y a ti te encanta la leche... ñami que rico.
Soy una mala madre, lo sé. Tengo que enviar la parte de mi proyecto pronto y no tengo tiempo de ir de compras ahora. Me prometo comprarle la barra de chocolate más grande que vendan. Sé que estoy sobre compensando, pero así aplaco la culpa que me da engañarlo descaradamente.
Por suerte trabajo rápido y casi sin errores las primeras horas de la mañana, porque en cuando Gabriel aparece en la cocina ya no me concentro. Mucho menos cuando se pone a dar su clase, no tengo idea de que se trata, aun así yo tengo ganas de inscribirme de inmediato. Debería ser ilegal que se vea tan bien recién levantado, o en ropa deportiva, o con el cabello húmedo por la ducha... o con el cabello seco... Puta mierda, ahora estaba caliente pensando en como se sentiría aferrarme a ese cabello húmedo después de una estimulante sesión de...
— Mami, quiero agua — Le sirvo un vaso de agua y yo me tomo dos seguidos.
Mi calenturienta mente fue salvada por las necesidades biológicas de mi hijo. De lo contrario el vaso de agua no había hecho efecto y hubiera necesitado una ducha fría.
Prefiero hacer un descanso del trabajo, mi concentración es un asco y no estoy avanzando en nada. Decido preparar el almuerzo, y por suerte entre toda esa comida congelada hay pollo y entre unas roñosas verduras hay patatas. No me complico la vida, y hago lo preferido de Sebas, puré de patatas y pollo frito.
No se muy bien de que hablar con Gabriel, era tan simple enviarle mensajes, no estaba esa presión de tener que ver su expresión por si algo le parecía estúpido o aburrido. Lo peor era que él parecía empeñado en hablar de cosas... desagradables.
Era obvio que en algún momento preguntaría por lo de ayer, pero yo solo quería dejarlo atrás. Quizá algún día tenga que hablarlo, cuando tenga que llevar a mi hijo a terapia o cuando él me tenga que llevar a mi... pero no ahora.
Él aprovecha un momento en el que Sebas iba al baño, para hacerme lo que yo llamaba "La pregunta seria".
— ¿Algún día me dirá quien es el padre? —susurro.
— No.
— ¿Se lo dirás a él? —pregunto la puerta por donde desapareció mi hijo.
— No lo creo.
No era primera vez que me lo preguntaba, ni siquiera Samy sabía quien era en realidad, y espero que sea un secreto que me lleve a la tumba. A no ser claro que Sebas insista, por ahora es muy pequeño y no lo entendería, pero si a una edad madura quiere saberlo, puede que se lo diga... siempre que prometa no buscarlo.
Aunque si es mayor... y maduro como para que yo se lo diga, y conozca toda la historia, estoy segura que será lo suficientemente maduro e inteligente para saber que no merece la pena buscarlo.
No era culpa de Sebastián, él es perfecto. La culpa era mía, porque siempre ilusiones rápidamente, me encapricho de la gente equivocada y todo termina en desastre, me paso muchas veces antes de embarazarme. El padre de Sebas solo fue el peor.
Después de tenerlo también hubo un par de desastres, pero eran más que nada ilusiones tontas que no pasaban a nada serio. Los hombres corren espantados cuando sabes que tienes un hijo, muchos creen que los quieres como padres, cuando en realidad no tienen madera ni para tío lejano de segundo grado.
En ocasiones se espantaban incluso cuando estaban más que enterrados en la FriendZone, era ridículo. Al final opte por no decirlo sobre todo cuando yo solo quería divertirme y tener sexo sin compromiso.
Amo a Sebas, pero encontrar alguien que lo cuide, que no fuera Samy, y tener esa noche perfecta en la que yo estoy libre, no tenía que estudiar y tenía energía, era casi un milagro. No las iba a desperdiciar diciendo que tenía un hijo y los hombre se autoproclamaran padrastros del año.
Aun así era inevitable ilusionarse en cierto punto. Con quien no tengo que ilusionarme es con Gabriel, no ahora al menos. Él nos ha acogido es su casa por que es buena persona, y no habría dejado a un niño en la calle, aunque si Samy no hubiera devuelto su apartamento porque no se puede despegar de su prometido esto no hubiera pasado. Y yo podría ilusionarme como una adolescente hormonal.
Todos estos pensamientos no me dejan trabajar decentemente, de seguro mañana tendré que rehacer gran parte, y me fastidio de solo pensarlo.
Me llega un mensaje, de seguro es Samy nuevamente. Desde que le conté lo que paso con mis padres no deja de mandarme escribirme, para por un par de horas, que de seguro es su descanso para follar con Bruno. A veces me pregunto si su polla estará gastada con tanto roce.
Abro w******p y veo que es uno de Gabriel, ¿Por que me escribe si esta en frente mío? Me sorprendo al leerlo. Solíamos hacer ese coqueteo inocente, cuando había un montón de distancia entre nosotros, ahora que estamos en la misma habitación no sé que hacer... ¿Sigue siendo coqueteo inocente o es una insinuación indirecta?
"Tengo un problema.
Estoy viviendo con una chica guapísima, no es justo que ella este así de buena y yo no pueda hacer nada.
¿Qué puedo hacer?
Y si le mando esta foto... ¿Crees que tenga oportunidad?"
Y si, adjuntada hay una imagen que le daría una oportunidad con quien fuera. Es una foto casual, pero super sexy, que de seguro que tomo en algún momento para mandársela a alguna chica. Esta en el baño, con el cabello aun húmedo, con su perfecto torso desnudo, y estoy casi segura que para abajo también lo esta, pero la foto esta cortada de una forma estratégica, dejando que la definición de sus oblicuos hagan todo para que la imaginación de una chica vuele.
Noto que él espera una respuesta a su broma, pero yo estoy bloqueada. Me entra una risa nerviosa y decido que es momento de cenar o terminare exigiendo una recreación en vivió de la fotografía.
Si antes había estado distraída, ahora era algo patológico, por poco pongo azúcar en la comida de Sebas y le serví aceite de oliva en vez de jugo... La botella ni se parecía.
Mi hijo me mira como si tuviera otra cabeza y Gabriel se ríe en silencio. Este se apiada de mi estado mental y ordena la cocina mientras yo preparo a Sebas para dormir.
Como siempre no me cuesta mucho que se duerma, aunque me equivocara varias veces mientras le leía el libro.
Lo vi dormir varios minutos, hasta que comprobé que estaba casi en coma. Desde bebé se acostumbro a dormir con mucho ruido al rededor, así que casi siempre tiene un sueño pesado y tranquilo.
Y yo lo agradezco porque en los últimos minutos he decidido que no quiero esperar 14 días para comprobar como es estar con Gabriel.
Prendo la cámara del monitor que esta incluido en el IPad y me abro la aplicación en mi teléfono antes de salir del cuarto.
Al acercarme a su puerta escucho la televisión encendida, todo la puerta tímidamente, por un momento creo que no me ha escuchado y estoy a punto de devolverme avergonzada, pero entonces se abre la puerta y un Gabriel solo en ropa interior ajustada me mira confundido.
— ¿Necesitas algo? — pregunta ante mi silencio.
Y es que la verdad yo no sé que decir en estos casos, por lo general yo solo me lanzo y espero lo mejor. Me ha funcionado por 10 años, esperemos que funcione por muchos más.
Entro al cuarto cerrando la puerta a mi espada, lo miro de arriba abajo, muriendo de ganas de tocar cada parte de su esculpido cuerpo.
Me muevo y estoy a solo un par de centímetros, nos hemos mantenido en silencio y cuando estoy por dar el último paso para tocarlo, él me sorprende tomándome de la cintura y pegando nuestros cuerpos descaradamente. No note en que momento se formo, pero podía sentir su erección presionando en mi abdomen.
— ¿Segura?
— Si.
Esas dos simples letras son todo lo que necesitamos para colisionar como llevábamos tiempo deseando, o al menos como yo lo hacía.
Sus manos me recorren la espalda con suavidad, mientras que yo soy descarada y le agarro ese preciosos culo que tiene, que me joda el diablo, es la cosa más deliciosa que he tocado en mi vida.
Jugueteo con la pretina de su Bóxer y cuando estoy decidida en eliminar la maldita prenda que me esta privando del paraíso, él se separa.
Me sorprende su cambio hasta que toma el dobladillo de mi pijama y lo comienza a subir, levanto los brazos obedientemente. Hasta ese momento no note lo poco sexy que era mi pijama, un conjunto de pantalón y camiseta larga de algodón con estampado de gatitos.
A Gabriel o pareció importarle, así que a mi tampoco. Se agacho para ayudarme a quitar el pantalón y cuando volvía arriba se relamió los labios frente a mis pechos.
Estaba muy orgullosa de ellos, otra cosa buena de tener hijos es que te crecen las tetas y si tienes suerte como yo, te quedas con una tallita extra de copa.
Pensé que los chuparía por el hambre que había en sus ojos al mirarlos, pero en cambio beso la piel entre ellos y siguió hasta volver a mis labios.
Yo me encontraba completamente desnuda, mientras que el maldito Bóxer continuaba en su lugar, intenté quitarlo pero él tomó mi mano deteniéndome.
— Si lo quietas no podre contenerme —advirtió.
— ¿Qué te hace pensar que quiero que te contengas?
Inevitablemente me reí de él. Era como una caricatura, moviéndose por todos lados de la habitación, me causo gracias su cara de alivio al encontrar lo que tanto buscaba. Gracias a Dios era un chico todo terreno y tenia preservativos en su cómoda.
Miró el paquete metálico con vergüenza, antes de volver a mirarme a mi, sin saber como actuar. Yo también tenía mis dudas sobre que hacer. Hace más de un año que no hacía esto, la adrenalina comenzaba a disminuir y las dudas aumentaban, así que me hice cargo de la prenda que traía puesta antes de que duda ganara.
Verme de rodillas frente a él, con su ropa interior arremolinada en sus tobillos fue suficiente para ambos.
Estuve a punto de darle una probada a su polla, pero Gabriel vio mis intenciones, o más bien mi mano sujetando su duro m*****o, y me ayudo a ponerme de pie.
Sus labios arrasaron con los míos, y no pierde tiempo. La expectativa es alta cuando el chico abre el paquete con un simple chasquido de dedos y no necesita ni mirarse para ponerlo en su lugar.
Hace demasiado que no tengo sexo y no estoy de ánimos para una larga previa. Lo empujo hasta la cama y me subo sobre él.
A Gabriel no parece importarle que sea yo quien tome el ritmo, parece disfrutarlo, sobre todo cuando lo tomo y lo guio hasta mi entrada.
Jodida mierda bendita, es increíble cuando siento como entra por completo. ¿Cómo he pasado tantos meses sin esta sensación? Soy como un vagabundo al que le dan un plato del mejor filete del mundo. Lo monto desesperada
— Ah, Sofia, con calma... no durare nada si te sigues moviendo así.
— No dures, yo estoy a punto —gemí.
— Me destrozaría el ego durar 10 minutos.
— ¿Y que? Serán 10 minutos deliciosos — me rio moviéndome con más rapidez, y disfrutando del gesto que hace.
Él tiene razón, esto no durara nada, pero yo también tengo razón, ¿Qué importa si son los mejores 10 minutos de todo el jodido año?
— Mierda, mujer voy a correrme...
— Hazlo — Lo animo. Quiero venirme con él, meto mi mano entre nuestros cuerpos y encuentro ese botón de nervios que me llevara al séptimo cielo.
Mis caderas se vuelven frenéticas, casi agresivas, pero Gabriel no se queja. Todo lo contrario, paree gustarle que sea así de intenso.
Estoy acostumbrada a que el orgasmos de forme lento en mi centro, antes de extenderse por todo mi cuerpo, pero esta vez viene de golpe un corrientazo en todas partes que me deja queriendo más. El orgasmo se alarga cuando siento los chorros calientes de Gabriel derramándose dentro de mi....
Espera... ¿Que? Se como se siente follar sin condón, tengo un hijo que lo demuestras, y se como se siente follar con condón, porque no he tenido otro tipo de experiencia después de tener a Sebas... Y también se como se siente cuando no es ni lo uno, ni lo otro.
Me separo rápidamente de Gabriel, que me mira confundido, y veo el objeto del crimen... el condón se ha roto.
Mierda... Esto es lo que mi padres llamaría castigo divino... Dios me castiga por ser una caliente desvergonzada.
Entro en pánico cuando veo la cara de horror de Gabriel. Que se rompa un condón nunca es buena noticia, pero la reacción que tiene él no ayuda a que yo no me preocupe.
¿Y si me hecha la culpa a mi por haber sido tan intensa? No era la primera vez que me pasaba, si era la de él, entonces había sido mi culpa, ¿no?
Busco mi pijama y me lo pongo sintiéndome una estúpida. Por otro lado, él no sabe muy bien que hacer, me imita y se pone ropa, pero en su mirada veo lo perdido que esta.
— Dios me esta castigando por ramera — susurro para mi misma.
— Sofi... no digas eso — y noto que lo dije más fuerte de lo que quería —. Ha sido un accedente, estas cosas pasan... supongo —dice, y confirmo que solo me pasa a mi, y mi estúpida v****a destroza condones.
— Es un accidente de mierda, que jode las cosas buenas...
No es hasta que Gabriel recoge el liquido de mi piel, que noto que estoy llorando, y tengo las mejillas como dos cascadas.
— No tiene por que ser tan... malo —intenta animarme.
— Necesito ir a una farmacia — digo, más para él que para mi.
Yo se lo que tengo que hacer, un pastillas del días después y listo. Entiendo que para él era difícil decirlo, aunque era lo que quería que yo dijera no se atrevería a comentarlo si yo no digo primero.
— No hay farmacias cerca —dice al ver que me dirijo a la puerta —. La restricción de horario comienza en unos minutos, no da tiempo... Lo siento, pero tendremos que esperar hasta mañana.
— ¿Mañana?
— Oye, tranquila. Mañana iré yo a primera hora y la traeré para ti — Me da un beso tierno y yo quiero que me envuelva en sus brazos, que me diga que todo estará bien.
Veo que tiene la intención de hacer exactamente eso, pero soy yo la que abre la puerta de su cuarto y entra al de visitas sin decir una palabra.
No estoy enfadad con él, lo estoy conmigo. Esto no estaría pasando si yo no fuera tan impulsiva, siempre pasa lo mismo conmigo, cada vez que me arriesgo por algo bueno ocurren cosas malas.