Despierto como a las 10 de la mañana, por un momento olvido que hay más personas en la casa, es simple, porque todo está en silencio como cada día.
Ayer tuvieron un día de mierda, de seguro siguen dormidos, pero me preocupa Sofia, porque ayer me pregunto si podía usar la mesa del comedor para poder trabajar. Por lo que entendí tenía que entregar un proyecto antes de las 12, no le daría tiempo de hacerlo si seguía durmiendo, así que fui a despertarla.
Para mi sorpresa, cuando avance por el pasillo y entre al cuarto que había sido de mi madre, no estaban. Me alarme por un momento, porque todo estaba ordenado, la cama hecha y nada fuera de su lugar, aunque no era mucho lo que había. Después de la muerte de mi madre me costó un poco deshacerme de sus cosas, muchas aun las conservo en la parte de atrás, pero su cuarto lo desarme por completo.
Mi madre solía sobrecargar todo de pequeñas decoraciones, había sacado cajas y cajas de cachivaches de este cuarto, se había sentido extraño ver este lugar vacío, pero fue necesario.
Las paredes ahora eran blancas, al igual que las cortinas, ya no hay nada de ese color lila que tanto le había gustado a ella. Y por lo demás solo había una cama de dos plazas, dos veladores y una cómoda, el juego de cama era gris y no había ni una sola decoración.
Ahora era un cuarto de visitas, ya no era la habitación de alguien... Bueno ahora era la de Sofi y Sebastián, pero eso, lamentablemente era temporal.
Pienso en que pueden estar desayunando, pero quedó impresionado cuando los encuentro a los dos sentados en el comedor.
Sofi tiene la computadora enfrente, parece muy concentrada a lo que está haciendo, pero desvía la mirada constantemente a donde está su hijo. Sebas jugaba a algo en el iPad, con los audífonos puestos.
Me siento como un acosador mirándolos sin que ellos se den cuenta, pero se siente bien. Es divertido ver los gestos que hacen, son tan parecidos, aunque físicamente no se parezcan mucho.
— ¿Ya han desayunado? — Les pregunté saliendo de mi escondite.
Sebastián ni siquiera levanto la cabeza de su juego, pero Sofia me miro y sonrió, haciendo que mi corazón diera un salto.
— Hola, Si. Espero que no te moleste, pero hemos asaltado tu cocina. Sebas quería cereal y yo necesitaba un café.
— Claro que no, son mis invitados, tomen lo que quieran —dije sirviéndome una taza de café
Mi corazón, por ejemplo. Dios, que cursi me ponía cuando estaba frente a una chica linda.
— Gracias — Noto de inmediato que no habla solo del desayuno —, pero no quiero aprovecharme.
— No lo haces...
— Ya... igual... deja que al menos prepare la comida, de todas formas, este hombrecito no come cualquier cosa.
Cedí de mala gana a su propuesta, no porque sintiera que me aprovechara de su situación, más bien porque sabía la forma de comer de esos dos. La mitad de sus comidas estaban bañadas en azúcar y la otra en aceite.
Eran unos adictos a las golosinas y comida chatarra, por lo que ya me iba imaginando el tipo de comida que prepararía. Espero poder aguantar su cocina un par de días, no quiero que se sienta mal, pero su comida es tan desastrosa que por primera vez agradezco que solo se van a quedar dos semanas o terminaría en el hospital.
Sofi volvió a concentrarse en su trabajo, y no quise molestarla. Aún quedaba casi media hora para que tuviera que dar la clase de TRX online, así que decidí distraerme con Sebas.
— Sebastián — Lo llamé para que me prestara atención a regañadientes — ¿Qué cosas no te gusta comer?
— Rojo —dijo antes de volver a jugar.
— ¿Rojo?
— No come nada que se vea rojo —dijo Sofia sin dejar de teclear.
— Sangre —dijo el niño.
— Cree que toda la comida que es roja tiene sangre.
— Yo no como sangre, es asqueroso —dijo Sebas haciéndome reír —. Yo no soy un vampiro — Me susurro antes de volver a su juego.
Por suerte mi móvil sonó, porque yo no sabía cómo responder a eso. Había olvidado que Sebas a veces hacía comentarios raros, a veces dejaba impresionada, y un poco perturbada, hasta a su madre.
Los niños a veces daban miedo.
Me preparo el batido para el desayuno, ya es muy tarde, no me da el tiempo de comer algo más elaborado y estar bien para mi clase.
Hace semanas que estoy con este ritmo, antes solía estar en pie a las 7 am, tenía mucha más energía y ganas de hacer las cosas. Ahora cada vez me despierto más tarde, no importa cuantas alarmas ponga. Me duermo en la madrigada, pensando en cosas que nunca van a suceder, me despierta el silencio y por más horas que duerma no logro descansar.
Sé porque me ocurre eso, porque la rutina de mi vida es un desastre, pero aún no estoy listo para afrontarlo... no aún.
— Tengo que dar una clase a las 11.30. ¿Te incomoda que haga ruido en la sala?
— No tengo ninguna reunión importante, no te preocupes. Además, ellos están acostumbrados a que Sebas interrumpa... así que otro ruido no será diferente.
El niño la miro ofendido, como si acabara de llamarlo de lo peor, era tan gracioso como hacían el mismo gesto de disgusto.
Este lugar era bastante amplio, por lo general no se escucha lo que ocurre en las otras habitaciones, pero tengo que elevar mucho la voz y poner música para las clases, así que lo más probable es que se escuche algo.
Mi madre había conseguido este hogar cuando este era un barrio de mierda. Con los años fue mejorando y ahora vale mucho más de lo que mi madre pago en su momento, sus veinte años de sacrificio pagando la hipoteca valieron la pena, lástima que no esté acá para disfrutar de lo que se ha convertido este lugar.
Cuando la herencia se hizo efectiva pensé en irme, todo acá me recordaba a ella, incluso después de quitar muchas de sus cosas, y dolía recordarla. Muchos me dicen que es bueno tenerla presente, no olvidarla... y es verdad, pero su recuerdo tampoco me deja seguir adelante, solo me hunde lentamente.
Estaba cayendo en un bucle de pensamientos deprimentes, y sé por experiencia lo difícil que es salir de eso. Me animo a la fuerza y me distraigo con mis invitados.
— ¿Por qué son tan silenciosos? — Les pregunte riendo.
— Pues no sé... —respondió Sofi sonriendo, pero en sus ojos pude ver un poco de tristeza.
— ¿Qué quieren escuchar?
— ¿Música? — Sebas pregunto interesado.
— Claro, siempre pongo música para pasar el día... Es divertido.
En realidad, era porque ya no aguantaba el silencio.
— Pon lo que sea, menos canciones infantiles. Al pequeño gruñón no le gustan.
— Son aburridas, mandonas y repiten lo mismo siempre — Se quejo él.
— Pero si son muy lindas —intento convencerlo Sofi, pero por la cara del niño era una batalla perdida.
— Solo cantan "has como animal" o "tócate el cuerpo"... Locooo —argumento el niño.
Ahora que lo pensaba el pequeño tenía razón. Esas canciones eran un poco psicóticas.
Es difícil dar la clase, me distraigo constantemente pensando en lo que hacen los chicos en la otra habitación. Sofi trabaja mucho, no puede perder el tiempo, le pagan por proyecto entregado, y está empeñada en juntar todo el dinero posible para darle una vida tranquila a su hijo. Admiro eso de ella, por otro lado, creo que el niño sigue en estado de shock por lo ocurrido el otro día.
Ella me juro que era la primera vez que pasaba, por lo que Sebas de seguro aun no procesa el trauma y no entiende muy bien todos los cambios que ha tenido su vida en pocas horas.
Las veces que lo había visto en persona fue en el apartamento de Bruno, y era mucho más... activo. Sofi se quejaba de que Sam hiperventilaba a su hijo, yo creo que solo se notaba la falta de tensión en el lugar, se sentía libre de expresarse junto a ella. Espero que pueda sentirse así de cómodo en este lugar.
Ahora mismo da un poco de miedo lo tranquilo que esta, me recuerda a esos niños de las películas de terror. El típico que es poseído por un demonio o que invoca a una bruja de casualidad.
— Preparé pollo y puré de patatas —dijo Sofi cuando entré en la cocina después de la ducha.
— Gracias.
Sofia cocinaba delicioso. Tengo que admitir que hace mucho que no se preparaba algo decente en esta cocina, yo no era muy bueno haciendo cosas que necesiten que este pendiente, suelo quemar las cosas. Vivo a base de batidos proteicos, huevos revueltos y comida congelada.
Intento que me dé detalles de lo que paso en su familia. Yo sabía que ella no tenía una buena relación, pero nunca me imaginé que pudiera llegar a tal punto. Ella desvía el tema un par de veces y desisto.
— Esto esta delicioso — alabo la comida, y me siento como un idiota que no tiene tema de conversación —. ¿Te gusta como cocina tu mami? — Le pregunto a Sebas.
— Si —responde sin mirar.
— ¿Cuál es tu comida preferida? —vuelvo a intentar.
— Esta.
— ¿Quieres postre?
— No.
— ¿Y qué quieres hacer después de comer?
— Nada.
No es nada lo que él hace el resto de la tarde, pero está bastante cerca. Mueve la cabeza y los pies al ritmo de la música que suena toda la tarde, mientras hace al menos diez dibujos que después colorea con paciencia, el chico tiene talento.
Todo el tiempo permanece sentado al lado de Sofi, por un momento me preocupa que este atrofiado.
— ¿Quieres ir a jugar conmigo a la sala? — Le pregunto, pero solo Sofi me mira —. Haré ejercicio y podemos hacerlo juntos.
— No, gracias —responde —. Hacer ejercicio no es un juego.
— No exactamente, pero es divertido...
— Dibujar es divertido y no me da calor.
Sofi frunce los labios conteniendo la risa, pero no interviene. Me gusta eso de ella, no fuerza a su hijo a hacer las cosas.
— Bueno, si cambias de idea puedes quitarte el sweater e ir conmigo.
Al ver que no se unirá a mi decido hacer una rutina corta pero intensa. En los siguientes 45 minutos veo como Sebas se asoma por la puerta un par de veces, incluso en una de ellas no lleva su sweater, pero en cuanto cruzamos miradas es se devuelve y escucho sus cortos pasitos correr a donde su madre.
Decido seguir el ejemplo de Sofi y no forzarlo a hacer las cosas. Le recordare siempre que es bienvenido a "jugar" conmigo, sin embargo, no lo acosare para que pase un rato conmigo.
Quiero agradarle, sé que las cosas serían más simples si nos llevamos bien, y también quiero que él esté bien. Sebastián se merece recibir amor, saber que es querido y que está en un lugar seguro.
Al igual que su madre. Noto lo callada que esta, se ve en sus ojos que esta triste, casi no reconozco a la chispeante chica que me enviaba mensajes todo el día, que me alegraba con sus ocurrencias y me hacía sentir acompañado, aunque estuviéramos a kilómetros de distancia.
Aun no podía creer que la tenía frente a mí, sin las constantes interrupciones de Samantha o las miradas burlescas de Bruno. Él sabía lo mucho que me gustaba esta chica, ¿Y a quien no? Era inteligente, trabajadora, buena amiga y una excelente madre, sin olvidar que era tremendamente sexy, y en este momento su belleza me tenía un poco mareado.
Sebastián era un niño lindo, no me sorprendería verlo en un comercia o siendo perseguido por las niñas en el jardín de niños, si es que algún día termina esta pandemia y puede ir a la escuela. Lo que era sorprendente era lo poco que se parecía a Sofi, ella era rubia natural y Sebas castaño, ella de ojos verdes y él casi marrones, ella piel clara y el niño parecía que volvía del caribe, cuando la verdad es que ha estado casi un año encerrado.
Debe ser una mierda para las mujeres como Sofi, donde el padre es una mierda que no aparece, pero aun así lo tienes que ver todos los días en los rasgos de tu hijo. Nueve mesas y un parto para que el bebé se parezca al hijo de puta... gracias genética.
Adoro tener a Sofi aquí, y su niño de genética inadecuada, pero extraño todo lo que nos comunicábamos antes, ahora que la tengo en carne y hueso apenas hemos hablado.
Tomo mi teléfono con una idea infantil en la cabeza. Escribo un mensaje y adjunto una foto temporal antes de enviarla. Espero paciente a que ella lo vea y... De pronto abre sus ojos sorprendida, mira e intenta contener la risa, pero falla... Misión cumplida.
¿Quién diría que enviar una foto sexy rompería esa muralla que se había formado entre nosotros?