Ana Ya solo faltan horas para marcharme de este país, el mismo que me vio crecer, pero se que cuando vuelva, no voy a ser la misma. —¡Mi niña!, ¡Mi niña! —Me giro sobre mi eje la escuchar la voz desesperada de mi padrino. —¡Dime Padrino!, ¿Qué te sucedió? —pregunto angustiada. —Mi niña, es mejor que tomes asiento, lo que te voy a decir va hacer que te vayas de espaldas. —Alzó una ceja y frunció el ceño. —Está bien, pero ven ayúdame, porque creme que casi no puedo correr —habló en tono burlón. —Bueno padrino ahora sí, dime, por qué tienes esa cara de angustia, me imagino que debe ser algo muy importante —vocifero, mientras el solo da vueltas, vaya ya me estoy preocupando. —Mi niña, no va ser necesario que tú te vengues, de Morgan Santoro, el acaba de tener un trágico accidente y muri

